Una vecina de Granada se libra de una deuda de tres millones por la ley de segunda oportunidad

M . G. ha logrado dar la espalda a su problema y ahora mira esperanzada al futuro. /Alfredo Aguilar
M . G. ha logrado dar la espalda a su problema y ahora mira esperanzada al futuro. / Alfredo Aguilar

Firmó como aval de los préstamos que pidió su marido, socio de una empresa que se fue a pique y entró en concurso de acreedores

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGranada

M. G. lleva unos tres años sin comprarse ropa, sin usar tarjetas de crédito y sin sacar dinero del banco. Firmó como aval en diversas operaciones de una mercantil de la que su marido era socio. El negocio no salió bien y era imposible hacer frente a las deudas contraídas, que ascendían a 2.919.000 euros. La empresa entró en concurso de acreedores y ella, también.

La mujer se declaró en concurso voluntario en 2016. Como avalista, le sobrevino la condición de deudora y le fueron suspendidas sus facultades de administración y disposición sobre su patrimonio. Su caso aterrizó en el Juzgado de Primera Instancia número 8 de Granada, que el pasado 12 de marzo declaró concluido el proceso tras acordar concederle «el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho», o lo que es lo mismo: le perdonó la deuda millonaria tras quitarle sus escasos bienes: una vivienda y un coche.

Durante este tiempo, M. G., que tiene dos hijos menores, ha podido subsistir gracias a la ayuda de su familia, que además le ha procurado un nuevo techo. También le han echado un cable sus amigos. Todo este tiempo se ha sentido, como ella misma reconoce, una muerta civil. «Sientes que no tienes el control. Lo tenía todo embargado y te sientes sin derechos y sin poder hacer nada... Mal, te sientes muy mal; lo ves todo negro», confiesa triste. Ahora comienza a ver la luz. Ha resucitado gracias a la ley de segunda oportunidad.

M. G., de 49 años, accede a hablar con IDEAL en el despacho Conde-Consultores Abogados, que dirige el letrado Fernando Conde. La mujer es de otra provincia –su acento le delata– pero lleva 20 años en Granada, adonde llegó de forma «accidental». «Mi marido es empresario y hubo un momento en el que la entidad bancaria exigió mi aval y, ya está, avalé con todas las consecuencias, claro», admite.

El negocio de su marido, que asimismo está inmerso como persona deudora en un concurso de acreedores aún en trámite, «no llegó al éxito esperado» y aquella aventura empresarial naufragó, llevándose consigo la estabilidad económica de la familia. «Lo hemos perdido todo», se lamenta la mujer, que prefiere no desvelar de qué negocio se trataba. Se limita a decir que no era ni de hostelería ni de construcción.

Una norma que ofrece una salida a quien lo ha perdido todo

Fernando Conde, abogado de M. G., vio en la popularmente conocida como ley de segunda oportunidad la solución a su caso. Los bancos ya habían empezado a instar ejecuciones vía judicial para cobrar los casi tres millones adeudados y había que buscar una salida ante la imposibilidad de hacer frente a una deuda tan elevada.

La ley de segunda oportunidad es en realidad la 'Ley 25/2015, de 28 de julio, de mecanismo de segunda oportunidad, reducción de la carga financiera y otras medidas de orden social'. La norma fue publicada en el BOE el 29 de julio de 2015 y en su exposición de motivos explicaba que «se trata de permitir que aquel que lo ha perdido todo por haber liquidado la totalidad de su patrimonio en beneficio de sus acreedores pueda verse liberado de la mayor parte de las deudas pendientes tras la referida liquidación». Eso es lo que ha conseguido el letrado de M. G., quien lleva otros casos similares en su despacho, aunque la mayoría no son procesos concursales con deudas tan elevadas. «De esta forma se le posibilita al ciudadano deudor poder empezar una nueva vida laboral, profesional o empresarial, sin deudas acumuladas, y, por tanto, permitiéndose así su nueva inserción en el círculo económico», señala el letrado, que se felicita de que M. G. pueda empezar de cero.

M. G. reconoce que está tranquila pero no del todo, pues todo lo ocurrido le ha generado «mucha desconfianza». Ahora que ha puesto el contador a cero, se está preparando unas oposiciones; es su 'plan b'. Empezó a estudiar a principios de este año y tampoco quiere desvelar de qué concurso se trata. Su vida, antes de que su esposo, con el que tiene separación de bienes, se embarcase en el negocio que ha hundido su economía, era normal. No tenían grandes lujos y salían de vez en cuando con sus amistades. «Ya no nos tomamos cervezas con los amigos y no hay vacaciones», dice.

Se dio cuenta de que la situación era extrema cuando la empresa ya no podía seguir adelante y había que hacer frente a unas deudas no precisamente menores con dos entidades financieras. «En ese momento pides ayuda, te informas y, bueno, ellos –en referencia a sus letrados– te plantean la realidad y te dicen lo que hay», añade. «Ellos fueron quienes pusieron la solución encima de la mesa y quienes fueron dando todos los pasos. Yo deposité toda mi confianza en ellos, la poquita que me quedaba». El timón en este asunto lo ha llevado personalmente Fernando Conde, a quien está especialmente agradecida. De hecho, M. G., supo de la ley de segunda oportunidad a través de él y ha podido beneficiarse de esta salida legal porque cumplía todos los requisitos.

Para poder optar a esta suerte de 'vía de escape' para no estar condenado de por vida a la insolvencia, entre otras condiciones, el concurso debe ser declarado fortuito –eso sucede cuando no es culpable el deudor de la situación de quiebra generada–. Además, hay que intentar celebrar un acuerdo extrajudicial de pagos, no haber sido condenado por delitos contra el patrimonio ni contra el orden socioeconómico ni contra Hacienda y hay que colaborar con la administración concursal en todo momento, como hizo M. G., que mira aún de reojo al futuro. Pese a todo lo que ha pasado, no se arrepiente de haber avalado a su esposo. «Si hubiera sido un éxito, nadie me lo echa en cara; hubiera hecho lo mejor del mundo. Ahora, cuando es un fracaso, todo el mundo te dice que estás equivocada. Entonces, no me arrepiento», indica. Borrón y cuenta nueva.