Este contenido es exclusivo para suscriptores

¿Quieres una experiencia sin límites y con servicios exclusivos?

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoApp para smartphone y tabletContenido extraNewsletters exclusivasClub del suscriptor

Y TODO ES VANIDAD

Y TODO ES VANIDAD
ANTONIO MESAMADERO
ANTONIO MESAMADERO

Hermanos, abran por el Libro de Eclesiastés y allí encontrarán la respuesta a todo este folletín de los másteres, las tesis y todo lo que tiene que ver con lo académico fingido dentro de la política. Escrito por Salomón, Eclesiastés contiene uno de los párrafos más fatalistas pero lúcidos que se han escrito: «Vanidad de vanidades... todo es vanidad». Sin vanidad, el caso 'mástertesis' no sería un escándalo, sino simplemente un revuelo que responde a la naturaleza humana más española: presumir de lo que uno es sin serlo. Un poquito de humildad y todo se habría zanjado como un sainete más de este país.

Todos en el fondo -y demasiados también en la superficie- creemos ser más inteligentes que los demás por ciencia infusa -pecadillos de soberbia-, pero engañarse colgando títulos ficticios es de ser analfabeto en grado sumo. La vanidad ataca a necios y muy necios por igual. Fíjese en 'Urdanga', que pudiendo vivir como un príncipe se obsesionó con ser el rey de los millones por el simple hecho de ser él. Vanidad de vanidades...

Que un político se llame a sí mismo doctor sin serlo no deja de ser autoimportancia de todo a cien. Además, un doctorado ya no tiene el prestigio de antaño entre la gente joven, ahora se lleva más el 'licenciao' en botellones. Tengo un amigo que es fontanero de cuerpo y alma. La única carrera que tiene es la del galgo, corriendo de un lugar a otro para arreglar grifos con pérdidas a los que no les va bien el Indasec. Bien, pues imagínese por un momento que este plomero fetén le diera por presumir de máster en fontanería, o dijera que tiene una tesis escrita sobre el bote sifónico en la era de la informática, o sobre la problemática del grifo monomando entre los aborígenes bosquimanos. Lo que importa es que un fontanero vacíe una fosa séptica con la misma elegancia que Carolina Herrera borda un traje

Al político se le pide algo parecido: desatascar la fosa séptica en que se ha convertido la política y colgar sus títulos imaginarios -o no- de un pino; porque estos, a la hora de la verdad no sirven para arreglar un país, a lo sumo para echarle unos remiendos como lo haría el peor de los modistos. Lo que soluciona problemas es la voluntad y el tesón del fontanero, no un título 'de los chinos' donde mirarse más que la madrastra de Blancanieves en el espejo.

Y una reflexión final: El mundo de los saneamientos requiere de un estudio constante y concienzudo del que debería aprender el mundillo de la política. Por eso soy de los que piensan que un alcalde, diputado, senador o concejal, está mal pagado cuando trabaja tan duramente como un fontanero, y muy bien pagado cuando curra como un hedonista con tesis o sin ella.

Contenido Patrocinado

Fotos