Una larga espera en La Dehesa

Una perrita abandonada aguarda desde hace años la llegada de su dueño

CARMEN MARTÍNANTEQUERA.
La perrita fue abandonada en los alrededores del restaurante La Dehesa, ubicado después del Puerto de las Pedrizas. :: CARMEN MARTÍN/
La perrita fue abandonada en los alrededores del restaurante La Dehesa, ubicado después del Puerto de las Pedrizas. :: CARMEN MARTÍN

Chorizos, leche calentita, los mejores dulces y mimos y caricias de turistas. Cualquiera diría que no le falta nada a esta podenco sin nombre que desde hace más de cuatro años forma parte del paisaje montañoso que rodea la A-45 tras pasar el Puerto de las Pedrizas dirección Antequera. Sin embargo, ella echa en falta lo más importante, su dueño, al que muchos creen que espera desde entonces en el mismo sitio que la abandonó.

Su historia sorprende tanto como la de Canelo, un perro de Cádiz que falleció atropellado tras pasar doce años en la puerta de un hospital esperando a su dueño sin saber que éste había muerto después de acompañarle muchos días al centro y esperarle en la puerta mientras se hacía la diálisis. Su fidelidad le valió el nombre de una calle y una placa en la tacita de plata. O la de Lobi, al que el Ayuntamiento de Archidona levantó una estatua hace dos años y medio después de conocer que este otro ejemplo de fidelidad canina había acudido a diario durante tres meses al cementerio para permanecer junto a la tumba de su amo después de haber seguido el séquito fúnebre hasta el camposanto, de donde el sepulturero lo expulsaba cada día. Como Canelo en 2002, Lobi murió atropellado en 1949 por un vehículo.

Temor por la perra

Los trabajadores del Restaurante La Dehesa esperan que la perrita no fallezca de la misma manera que Canelo y Lobi, aunque lleva bastante tiempo coja probablemente por un accidente. Desde que su dueño la abandonó en la zona, la podenco cruza de un lado a otro la A-45 por un puente pasando del Hotel La Sierra, a un lado de la autovía, al Restaurante La Dehesa y la estación de servicio de Repsol La Sierra, ubicados al otro lado. Va de un sitio a otro en busca de cariño y comida, aunque la mayor parte del tiempo lo pasa bajo una pequeña palmera que hay junto a los aparcamientos de La Dehesa, aguardando la llegada de turistas que la mimen y, en vano, la de su amo.

Juan Valencia y Juan Luque, dos de los trabajadores del restaurante, están convencidos de que la abandonaron: «Si aquí no hay un perro y de repente aparece uno es porque lo han abandonado. Eso es seguro», apuntó Valencia. Luque, más aficionado a los canes, subrayó que la perrita es una podenco y que probablemente su dueño fuese un cazador. Ninguno de los dos le ha puesto nombre, pero sí que ambos han observado a su «amiga» bastante bien durante estos años. «Es muy lista, han intentado llevársela tanto gente de a pie como la perrera y no han podido. Sin embargo llega un autobús de extranjeros y se pone al lado para que la acaricien. Le han comprado bocadillos, dulces; de todo», narró Valencia sin salir de su asombro. Hasta un par de chorizos frescos le pidió un día un cliente para la perra.

Además, hay quienes le llevan comida a diario, como un lotero, que cada vez que va a La Dehesa acude con pienso o una pareja joven que de vez en cuando le compra leche calentita en el restaurante. Y si aún la podenco tuviese hambre, en la parte de atrás de La Dehesa siempre tiene comida y agua. En la gasolinera La Sierra también le compran desde patés a embutidos y allí también es una vieja conocida de la casa, donde igualmente siempre tiene agua, señaló David Sánchez, un trabajador de la gasolinera que aseguró que la podenco tiene preferencia por seguir a algunos coches, quizá, apuntó, porque le recuerdan a su dueño.