Un ecosistema a 15 grados en Granada

Sus aguas y riberas crean un especial paraíso en el que las piscifactorías sirven para la protección de hábitats y especies

JUAN ENRIQUE GÓMEZGRANADA.
Un ecosistema a 15 grados en Granada

En Riofrío no hace calor, al menos bajo sus aguas. Es la cualidad natural que ha convertido el cauce de este pequeño y constante afluente del Arroyo Salado, en uno de los paraísos naturales del sur de la península Ibérica. Un ecosistema en el que los termómetros marcan 15 grados centígrados ya sea agosto o enero, verano o invierno, lo que para los científicos es una característica que permite la pervivencia de una rica biodiversidad con especies animales y vegetales que, en otros lugares, emigran según las épocas y que en la localidad de Riofrío, en el municipio de Loja, se mantienen de forma permanente, sobre todo aves acuáticas o asociadas a los ecosistemas de ribera.

El equilibrio en la temperatura del agua es la clave para la existencia de una de las piscifactorías más importantes de Europa y donde, además de la cría de truchas, se ha logrado la recuperación y comercialización del esturión autóctono del área mediterránea, Acipenser naccarii, (que solo se encontraba en el sur de la península en el cauce del Guadalquivir), del que se extraen caviar, carnes y ahumados, productos de altísimo nivel que aportan una dimensión especial a esta zona de la provincia de Granada y que han demostrado que es posible conseguir un equilibrio entre la protección y la explotación de recursos naturales.

La presencia de la piscifactoría ha sido el elemento fundamental que ha evitado que el cauce y las aguas del río sean alteradas y, por lo tanto, se mantenga un ecosistema casi imposible de encontrar en otros puntos de la geografía andaluza. Desde el nacimiento del río, poco más arriba del núcleo de población que forma Riofrío, que como dicen con ironía sus vecinos: «No es más que un montón de restaurantes y sus casas adosadas», el agua cae como tantos otros cauces de montaña, libre de vertidos y sin encontrarse elementos extraños que la contaminen.

Sin variaciones

«La gran cualidad de este caudal es que se puede decir que su temperatura no cambia, siempre está a 15 grados, con variaciones mínimas, lo que genera una estabilidad favorable para muchas especies», dice el biólogo y director de la piscifactoría y la empresa Caviar de Riofrío, Alberto Domezain Fau, quien afirma que no habría sido posible conseguir la pervivencia y recuperación del esturión si no fuese por la limpieza y temperatura en todo el cauce y durante los doce meses del año.

El agua del río surge del interior de las montañas de Loja, de la sierra del Hacho. Son aguas subterráneas que se mantienen a bajas temperaturas y que al brotar logran mantenerse al menos en un recorrido de varios kilómetros aguas abajo hasta desembocar en el Arroyo Salado. «Se han dado casos de tener temperaturas de once grados bajo cero en los alrededores del cauce y el agua estaba a 15 grados, incluso la ribera como tal se encontraba muy por encima de la temperatura que registrábamos a una decena de metros del cauce», dice Alberto Domezain.

Aves de humedal

En el cauce, junto a las pequeñas lagunas de salida del agua de la piscifactoría, e incluso en las piscinas de la explotación, viven poblaciones de ánades azulones, (Anas platyrhynchos), que aprovechan las algas, plantas, e invertebrados que viven en el río y entre la vegetación. Los ánades no se marchan, e incluso crían en el cauce del río. La presencia de esta especie de aves acuáticas es habitual en casi todas las zonas húmedas del sur de España, pero no es tan normal encontrarse con otros patos como cercetas, rabudos y cucharas, que necesitan de espacios más salvajes. La presencia de estas anátidas indica que la cuenca se mantiene con unas características naturales que no son fáciles de encontrar.

Llama la atención que crecen las poblaciones de anfibios, galápagos autóctonos, que han colonizado las riberas. Hace unos años no había vegetación lagunar en las riberas de Riofrío, simplemente se encontraban las clásicas mimbreras, zarzas, juncales y otras especies de plantas aromáticas propias de los entornos de los cauces de agua como mentas fuertes (mastranzos), Ruibarbo de los pobres, álamos, sauces y tarajes. Pero ahora, tras una serie de intervenciones llevadas a cabo por parte de los biólogos responsables de la piscifactoría, hay vegetación lagunar, aneas, carrizos y plantas acuáticas, macrofitos, que cumplen una importante función, la de depurar las aguas.

«Hemos creado pequeñas lagunas en puntos concretos del cauce a lo largo de la piscifactoría, aguas abajo, en las que se han naturalizado ecosistemas lagunares, fundamentalmente con aneas y carrizos, que tienen como misión hacer de depuradores naturales de los residuos orgánicos que genera la producción de truchas y esturiones», dice el director de Caviar de Riofrío. Han copiado lo que ocurre en el entorno de las lagunas naturales, donde la vegetación hace la función de filtro natural de materia orgánica y de hábitat para una gran cantidad de especies, que entre otras cosas, asumen y reciclan los residuos. Hay una plantación lagunar tras las primeras piscinas donde crecen los esturiones, y otras al final del recorrido de la piscifactoría, que recogen las aguas que ya han pasado por las instalaciones de la piscifactoría y vuelven a formar parte del cauce. «Es el mejor filtro posible para mantener la cualidad ecológica de todo el sistema. El agua vuelve al río en perfectas condiciones, y es gracias a las aneas, carrizos, y la fauna asociada a estos hábitats», dice el responsable de la explotación.

Es curioso comprobar como grupos de galápagos leprosos, Mauremys leprosa, toman el sol junto a los muros de las albercas, y saltan al agua para nadar hacia los carrizales en el momento en que alguien se acerca a ellos. «Se dan circunstancias curiosas, como observar que los ánades se convierten en buceadores para aprovechar los residuos y buscar invertebrados en las piscinas», dice Domezain, para quien la presencia continua de grupos de patos no es un problema para la piscifactoría, sino una garantía de calidad.

Los vecinos de Riofrío valoran de forma muy positiva la calidad ambiental del río junto al que viven, e incluso que haya patos salvajes en su entorno. «Hasta hace poco tiempo había que echar a los furtivos que acudían a la piscifactoría para cazarlos, pero ahora la gente entiende que son parte importante del atractivo de esta zona». En el interior de la población, los patos se han hecho parte inherente del paisaje y son un aliciente para las familias que se acercan a pasar el día en Riofrío. Una de las diversiones es echar de comer a los ánades, aunque se trata de una práctica que no debería permitirse ya que genera una intromisión en la vida salvaje y que los patos se acostumbren a una forma de conseguir comida que no es la adecuada para ellos, pero al fin y al cabo, dicen en el pueblo, «es un atractivo y ya son casi domésticos».

En las riberas de Riofrío hay poblaciones de rabilargos, que aprovechan la estabilidad de temperaturas de las aguas y la presencia humana, además de urracas y una gran cantidad de especies de pajarillos paseriformes, currucas, petirrojos, pinzones, herrerillos, carboneros y ruiseñor bastardo, que suena insistentemente entre los carrizales, además de los ominipresentes gorriones. «Toda esta variedad no sería posible si el río y su entorno perdiesen su esencia natural».

Un paraíso a 15 grados que se mantiene gracias a que el recorrido del cauce, desde el nacimiento a la desembocadura, es muy corto y todo el mundo cuida de no contaminarlo; les va el futuro en ello.