La granadina Estrella Morente recuerda a su padre

La artista se deja la voz y los pies en un concierto con discreta entrada

REGINA SOTORRÍOMÁLAGA.
Estrella Morente estuvo acompañada por Pablo Alborán en la segunda parte del concierto. :: P. MERCHÁN/
Estrella Morente estuvo acompañada por Pablo Alborán en la segunda parte del concierto. :: P. MERCHÁN

Era una noche importante para Estrella. Pisaba un «lugar sagrado» para su familia, la arena de La Malagueta. Alzaba allí la voz por primera vez en cuatro años. Y le acompañaban el «ángel» de Pablo Alborán y Antonio Carmona, «mi primo». Ella se dejó la voz, los pies y las palmas de las manos. Daba igual que la plaza de toros enseñara muchos huecos vacíos, poco más de mil personas entre el público. Pero aquella era su noche y estaba dispuesta a vivirla y disfrutarla. Con garra torera.

El recital arrancó con un guiño al maestro, a Enrique. Una rueda flamenca, al estilo de las que hacía el gran Morente en cada inicio de concierto, abría la noche. Silencio en el ruedo, suena el arte jondo. Le siguieron martinetes, cañas, cantes de levante y tangos, como ese 'Que se me va' que tan bonito hacía el genio de Granada. La voz cristalina y limpia de la heredera de la dinastía Morente se desgarraba por momentos. Le costaba mantenerse sentada. y se aferraba con fuerza a su mantón de manila. Era la hora del cante solemne, el más puro, al que ella añade ese quejío barroco tan propio de los Morente.

Cambio de estilo

Y entonces habló. Se esperaban sus palabras desde el inicio de la noche. Agradeció al público su asistencia a este concierto «familiar», «inolvidable» para ella, en ese «lugar sagrado donde mi casa sueña, deposita sus ilusiones y tiene muchas vivencias artísticas». Como la de ayer. Con esa introducción presentó a su primer invitado, a ese «talento que ha parido Málaga, un ángel de luz y de música»: Pablo Alborán. Él le respondió con otro piropo: «Hoy ha quedado demostrado que el nombre de Estrella no solo suena en el cielo, también en la tierra necesitamos la magia de tu voz». Juntos hicieron una versión libre de 'Volver'.

Con Antonio Carmona, su primo y «un ejemplo para todos los jóvenes flamencos», las tablas se llenaron de marcha. Baile, cante, ritmo, alegría. Y entre Alborán y Carmona, se coló un gran nombre: Lola Flores. Estrella Morente la recordó con unas sevillanas en su homenaje que dedicó a su abuela Rosario, «íntima amiga de La Faraona» y quien le enseñó mucho de lo que sabe. «Gracias abuela por ser tan grande», dijo.

Estrella Morente quería estar cerca de sus vecinos. Hasta se bajó a la arena para saludar en persona al público. No quería irse. y el público no quería que se fuera. Pero la medianoche ya había pasado. El concierto acabó como todas las veladas flamencas. Con fiesta. Al cante, nada menos que Estrella Morente, Pablo Alborán y Antonio Carmona. Un trío de ases para despedirse de su «tierra bonita». «Te quiero, hasta siempre», concluyó. «Hasta pronto», gritaron algunos.

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