Los documentos de valor granadinos, a buen recaudo

El Códice Calixtino ha sentado cátedra a la hora de conservar estos objetos

CARMEN TÉBARGRANADA.
Bula fundacional. De la Universidad de Granada/
Bula fundacional. De la Universidad de Granada

Si el Códice Calixtino fue robado desde dentro por el ya famoso electricista, el Codex Granatensis, resguardado en la biblioteca universitaria del Hospital Real, también resultó en 1986 vulnerado por trabajadores internos: dos bibliotecarios y un alumno, que cortaron una página del mismo y la vendieron a un anticuario holandés. El robo fue muy sonado, aunque no tanto como el actual, y el final fue el mismo: recuperaron la hoja, aunque en este caso pagando por ella cinco millones de las antiguas pesetas.

Después de esto, el documento más valioso de la Universidad de Granada y escrito por Tomás de Cantimpré fue asegurado -el Códice Calixtino no lo estaba-. No obstante, María José Ariza, directora de la Biblioteca, afirma: «Por mucho que se asegure es insustituible». Por ello, las medidas de seguridad son extremas: «El Codex duerme en una caja fuerte acorazada, con cámaras de seguridad y alarmas diversas. Además, se abre con distintas llaves y combinaciones, a las que solo tienen acceso cuatro trabajadores del recinto. Yo misma invierto una media hora cada vez que quiero abrir la caja». Tales son las medidas de seguridad que la directora se atreve a afirmar que «es imposible que desde fuera se robe».

Para evitar las tentaciones, se aplican muchas restricciones a la hora de verlo: «Hay que pedir un permiso especial, que se valora y, si el personal considera que es correcto enseñarlo, se procede. No obstante, tenemos una edición facsímil del Codex Granatensis, también llamado Tacuinum Sanitaris, una copia exacta que es lo que se suele mostrar al público, y que es muy difícil de distinguir del original». Lo más común es que solo los especialistas tengan acceso a él para estudiar cuestiones concretas como el tipo de pergamino, y siempre utilizando unos guantes específicos.

Miguel Luís López Guadalupe, prodesor de Historia Moderna de la Universidad de Granada, destaca precisamente el Codex Granatensis como uno de los documentos más valiosos que hay en la ciudad, aunque, añade: «En la Biblioteca del Hospital Real hay otras obras de valor, como el pergamino que contiene la Bula Fundacional de la Universidad firmada por el Papa Clemente VII en 1531, algunas cartas náuticas, un libro de cirugía, un tratado musical o la colección de documentos arábigo-granadinos de carácter notarial». No obstante, el profesor añade que estos documentos, más que por su valor económico, son imprescindibles por su valor histórico. Es por ello que, en el caso de ser robados, su destino son las colecciones privadas de los particulares; se trata de escritos tan conocidos que en el mercado negro serían fácilmente reconocibles.

Tesoros religiosos

Subraya, además, que las instituciones religiosas granadinas guardan celosamente sus bienes más preciados: «Los más valiosos se guardan en el archivo diocesano y en el de cada parroquia, y solo son accesibles tras rellenar un documento de solicitud, y bajo la supervisión del archivero». Otro ejemplo que pone López Guadalupe son los libros corales de la Catedral: «Su acceso es prácticamente imposible desde fuera. A pesar de estar expuestos en algunas de las vitrinas de la Catedral, es muy difícil sustraerlos sin llamar la atención», asegura. Así se puede comprobar en la propia Catedral. Aunque existen numerosos objetos de valor expuestos al público, un cristal se interpone entre ellos y los visitantes, y muchos de ellos son fascímiles.

En estas situaciones la colaboración ciudadana cobra una especial relevancia; Javier y Sofía, dos visitantes valencianos que estaban visitando el mayor monumento cristiano de Granada, aseguran que en caso de ver algún movimiento sospechoso por parte de alguna persona «avisaríamos al encargado de seguridad del recinto. Los documentos de valor histórico son patrimonio de todos, y todos deberíamos de protegerlos». En una mezcla entre inglés, alemán y español, Bernard y Ava, que han venido a visitar Granada directos desde Alemania, afirman que en su país la seguridad de los lugares de interés es muy semejante a ésta. Sin duda, un dato positivo para la ciudad teniendo en cuenta que el país de centoreuropa es uno de los que más coleccionistas privados de arte alberga, lo que promueve los robos y la usurpación de objetos de valor.

Miguel Luís tuvo la oportunidad de visitar el Códice Calixtino pocos meses antes de su desaparición. Destaca que no apreció falta de seguridad alguna, y que a ellos se lo enseñaron «porque era una visita guiada y enfocada a especialistas». Un robo así solo es entendido desde el interior del recinto.

Desde la Policía Nacional aseguran que se les da a los funcionarios encargados de la seguridad de las instituciones religiosas consignas con el objetivo de que los documentos estén lo más protegidos posibles: «Que estén bajo llave es lo mínimo que se pueda pedir». Aunque desde el Codex Granatensis no se ha registrado ningún caso de robo relevante en la ciudad de Granada, aseguran que, en caso de ocurrir, se aplicaría el procedimiento habitual de cualquier saqueo, empezando por la inspección del lugar de los hechos y tomando declaración a los posibles testigos.

Por prevención, Antonio Muñoz Soria, Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural del Arzobispado de Granada, prefiere no dar detalles sobre las medidas de seguridad que se aplican en los recintos religiosos para proteger los documentos y obras de arte de valor, ni concretar cuáles son éstos. No obstante, asegura que los objetos están bien protegidos, y que se espera que nunca se producza un robo «desde dentro», a pesar de que el acceso directo a los documentos esté al alcance de unos pocos trabajadores, siempre de confianza.