«Mis hijos han vivido unos días en el paraíso»

Los pequeños de Katrina, una joven sin trabajo y con una dura historia, han cambiado las penurias de su casa de Almanjáyar por unas vacaciones en la Costa

MERCEDES NAVARRETEMOTRIL.
Katrina, en la piscina del camping Don Cactus con su hijo Daniel de 7 años, Emily, de tres y Ana de 18 meses. :: JAVIER MARTÍN/
Katrina, en la piscina del camping Don Cactus con su hijo Daniel de 7 años, Emily, de tres y Ana de 18 meses. :: JAVIER MARTÍN

«Los niños daban tales gritos de alegría al otro lado del teléfono que el trabajador que llamó a la primera familia para anunciarle que tenían unas vacaciones gratis acabó llorando de emoción». En el camping 'Don Cactus' de Carchuna tienen la sensibilidad a flor de piel, como cuenta su gerente Álvaro García, con los historiones de familias arrolladas por la crisis que se están encontrando desde que pusieron en marcha la iniciativa 'Bungalows felices', por la que este verano tres campings de la Costa están regalando una estancia de unos días en una de sus casitas a desempleados que acrediten no recibir prestaciones y que tengan niños menores de edad.

Los primeros afortunados - la familia de los niños que gritaban de alegría- eran precisamente unos clientes de años anteriores que perdieron su trabajo y tras ellos, en apenas una semana, los campings han recibido más de 70 peticiones de familias en paro. Para seleccionar a los beneficiarios, los tres campings están teniendo en cuenta qué familias lo necesitan más, en función del tiempo que llevan los padres en paro, su situación o la edad de los pequeños, como explica el promotor de la idea, Álvaro García, que nunca pensó que la experiencia pudiera resultar tan gratificante para los campings.

Y es que las familias que están disfrutando estas minivacaciones no saben cómo darles las gracias. Como la joven Katrina Sánchez Baralwell, que ha gozado esta semana de una estancia en la playa con sus tres niños: Daniel (siete años), Emily (tres años) y Ana (18 meses). La madre vio en un informativo de la tele la iniciativa de los campings de la Costa y enseguida envió su solicitud. «Yo creía que era una broma, jamás pensé que me iba a tocar», cuenta.

Mamá coraje

Katrina tiene apenas 30 años y ya ha sufrido más de lo que nadie debería penar en toda su vida. Una dura historia de maltrato la mantiene separada del padre de sus hijos, que tiene una orden de alejamiento, y la obliga a luchar sola por sacarlos adelante -sin trabajo, sin dinero y sin colchón familiar- a la vez que llena con mucho amor los vacíos que la falta de una figura paterna deja en una pequeña que, con apenas tres años, se aferra a la pierna de cualquier otro papá que está con sus hijos en la piscina del camping. Katrina, que trabajó de camarera en hoteles, lleva cinco años en paro y tiene difícil volver a encontrar un empleo en la situación actual y con tres niños a los que tiene que cuidar sola. Para colmo de males, hace dos semanas el incendio en el piso de su vecina en la zona más deprimida del barrio de Almanjáyar, afectó de lleno a su casa que ha quedado destrozada.

Pero Katrina no se viene abajo. Es una mamá coraje que siempre mira el lado positivo ante la adversidad y saca fuerzas para pintarle de rosa la crisis a sus pequeños. Su obsesión es que los niños no sufran las bofetadas que a ella le ha dado la vida. Y así se las ingenia para sacar un dinerillo cargando naranjas en Lecrín y vendiéndolas por las calles para que a los niños no les falten pañales, ni ropa, ni comida. Además sigue haciendo cursos del Servicio de Empleo para cuidar a personas mayores y sueña con un trabajo que pueda compatibilizar con el cuidado de sus hijos. Estas vacaciones que le ha regalado el camping son para Katrina y sus niños un soplo de aire fresco y un pequeño golpe de la suerte que tanto necesita esta familia.

«Nos hacía mucha falta para salir del barrio porque allí estamos encerrados con el calor, no me gusta el ambiente. Gracias a este regalo del camping mis hijos han vivido unos días en el paraíso. Estoy muy feliz, para mi es como si me hubieran tocado unas vacaciones en Hawai», explica. Y en el camping se sienten más que pagados con el regalo que ha dejado Daniel, de siete años, al despedirse, un trabajo manual, con un barquito de papiroflexia que lleva escrito un mensaje: «Gracias Álvaro por regalarnos estas vacaciones superchulas».