«El mito de Federico había desdibujado a la persona»

Hoy se presenta en Granada 'Los amores oscuros', la novela sobre la última pasión de Lorca y, quizá, la razón por la que no huyó de la muerte: Juan Ramírez

INÉS GALLASTEGUI IGALLASTEGUI@IDEAL.ESGRANADA.
El escritor jerezano Manuel Francisco Reina. :: TEMAS DE HOY/
El escritor jerezano Manuel Francisco Reina. :: TEMAS DE HOY

El pasado martes salió a la venta 'Los amores oscuros' (Temas de Hoy), la nueva novela de Manuel Francisco Reina (Jerez de la Frontera, 1974). El libro describe los últimos meses de Federico García Lorca con el joven albaceteño Juan Ramírez de Lucas, posiblemente su último gran amor y, quizás, la razón por la que no escapó a tiempo de su trágico destino. A la expectación en torno al libro ha contribuido la publicación de una carta, un poema y unos dibujos dirigidos por Federico a Juan, que demostrarían que este crítico de arte fallecido en 2010 a los 93 años fue el auténtico destinatario de los 'Sonetos del amor oscuro' del autor de Fuente Vaqueros.

-¿Qué relación tiene la novela con la publicación de los documentos?

-Toda la relación: la investigación del periódico 'El País' comenzó para corroborar que los datos que yo doy en la novela no son una ficción sino la llamada 'novela-testimonio' o 'relato real', que es una investigación histórica y periodística en género narrativo. Lo que más me alegró fue que Laura García Lorca ratificase que conocía la existencia de esa relación y de esa carta escrita en la Huerta de San Vicente el 18 de julio de 1936, posiblemente la última que escribe Federico, y que sería fundamental para los estudios lorquianos.

-La familia de Ramírez de Lucas ha dado a conocer algunos documentos pero no otros. ¿Hay un conflicto en el seno de la familia?

-Hasta donde yo sé, la familia tiene bastante más material del que ha salido. El problema es que hay conflictos por el tema de la herencia y otros de carácter ideológico y religioso que se están imponiendo al enorme interés que tiene en todo el mundo ese material para el esclarecimiento de los últimos momentos de Lorca y las razones que le llevaron a no marcharse a México, como le aconsejaban todos los amigos. La familia ha sido bastante reacia, aun cuando Juan Ramírez de Lucas, en su lecho de muerte, pidió expresamente a varios familiares que esos documentos saliesen a la luz pública. Hay que respetar las últimas voluntades de una persona a la que, además, no se le puede pedir más discreción y más respeto, después de 75 años.

-Usted defiende que el Estado pueda expropiar documentos de valor histórico...

-Las leyes vigentes en España han quedado obsoletas. En el mundo anglosajón hay una enorme jurisprudencia por la cual los documentos, cuando son de interés general, como en este caso, pueden ser expropiados por el Estado, lo mismo que cuando un castillo, un convento o un yacimiento arqueológico no son debidamente conservados por sus dueños. Uno de mis trabajos más arduos de investigación, aparte de entrevistarme con los pocos testigos vivos que quedaban de aquella historia, ha sido sumergirme en la prensa de la época. Cuando parecía que todo lo de Federico estaba estudiado, me he llevado la sorpresa de que no: desde 1934 hasta 1936 habla de obras de teatro que da por terminadas, como 'La destrucción de Sodoma', que no han aparecido aún.

Setenta años de silencio

-¿Por qué Juan Ramírez de Lucas guardó durante más de 70 años un secreto que a él le hacía daño y que además dejaba en la oscuridad parte de la vida de Lorca?

-Creo que por dos razones. Para Federico, Juan fue su último compañero; para Juan, que tenía 19 años cuando murió Federico, fue su primer gran amor y siempre se sintió culpable de que hubiese postergado ese viaje que posiblemente le hubiera salvado la vida. Por otro lado, Juan conocía muy bien las reticencias de su familia a su forma de sentir y a esta historia, a la que se había opuesto cuando tuvo que a dar su autorización en 1936. Además, en los años ochenta él rehace su vida sentimental y su última pareja, con la que estuvo 30 años, no supo de esta historia hasta que Juan se estaba muriendo. Era una persona extremadamente inteligente, pero también extremadamente sensible, y el hecho de no querer hacer daño a la gente que quería pesó mucho en su decisión.

-La novela es parte real y parte ficción. ¿Cómo encontró la voz de Federico?

-He tenido que recrear las situaciones, pero las bromas, los giros, el acento, los tics y el sentido del humor de Federico están bien documentados. La complicidad entre ellos, como cuando Juan le llama 'gordito', está en las cartas. Muchas anécdotas las cuenta Martínez Nadal en unas conferencias que se conservan en la Fundación Juan March. Agustín Penón relata lo que dijo Federico cuando Pura Ucelay los presentó: 'Pero Pura, ¿tú de dónde sacas unos hombres tan guapos?'. En las hemerotecas hay un riquísimo material que no está sistematizado del todo, sobre todo de la época del 'bienio negro', en el que se recogen muchas de las expresiones de Federico con sus amigos. Hay un libro bellísimo de Rafael Alberti, 'Federico García Lorca, poeta y amigo', en el que cuenta cómo era el Federico cercano, que creo que es uno de los aportes de esta novela: acercarnos más la figura humana. O el de su propio hermano, Francisco García Lorca, 'Federico y su mundo'. Ya sabíamos todos que Federico era un genio, pero detrás de la mitificación, por supuesto merecida, la persona se había desdibujado un poco. Era una criatura arcangélica, seductora, que magnetizaba todos los sitios a los que llegaba y ejercía un poder de atracción sobre todo el mundo.

-¿Y la de Juan, a quien no conoció?

-Llegué a cruzármelo en varias ocasiones en ABC, donde los dos hemos sido críticos, y en el Ateneo, donde él trabajaba. Un amigo del periódico me dijo que Juan le había preguntado por mí porque le había gustado cómo había tratado las cartas de Juan Ramón Jiménez y Pilar Paz Pasamar. Lo que yo no podía imaginar era la historia que ocultaba celosamente esa figura tan respetada en el mundo de la crítica cultural de Madrid.

-¿Ha hablado con la familia Lorca?

-No he tenido ocasión. Sé que Laura García Lorca está muy interesada en recuperar para la Fundación esa última carta de Federico. De todas formas he tratado de ser muy respetuoso. Creo que esta novela abre nuevos caminos para esclarecer las circunstancias de la vida de Federico y aportar nuevas piezas, como este romance inédito.

-¿Es posible que la relación con Juan Ramírez se solapara con la de Rafael Rodríguez Rapún?

-Hasta donde yo sé, no. Marta Osorio, triple heredera de Agustín Penón, William Layton y Emilia Llanos, cuenta que a esta, una gran intelectual granadina, Lorca le confió tras su segundo viaje a América, en el que se divirtió mucho, que estaba cansado de tantas juergas, tantas fiestas y tantas historias fallidas. Aquel viaje le había servido para poner tierra de por medio con La Barraca y con Rodríguez Rapún. 'Lo que yo necesito es un compañero', le dijo a Emilia. Y en ese momento conoció a Juan. Pero es cierto que Federico era una persona muy afectiva: después de haber estado tan enamorado de Dalí y de su desencuentro cuando este hace con Buñuel 'Un perro andaluz', un ataque directo contra él, Federico nunca se desasió de la amistad que sentía por Dalí. Tampoco rompió nunca los lazos con Rodríguez Rapún. Cuando conoció a Juan, en el otoño de 1934, además de caer rendidamente enamorado, se dio cuenta de que no solo era un chico guapo que habla cuatro idiomas, sino además un hombre valiente, culto, con cualidades literarias y artísticas. Dijo que quería convertirlo en una figura internacional de la escena. Es evidente que Federico posterga su viaje a México, que le hubiera salvado la vida, en espera de que Juan consiguiese el permiso paterno para poder viajar con él, porque entonces los 19 eran minoría de edad. Es una prueba incontestable de hasta qué punto estaba enamorado y comprometido con Juan.

-¿No pensaron en falsificar los papeles?

-Sí. Juan sabía que su familia se iba a oponer a su salida y plantea la posibilidad de falsificar la firma, y es Federico el que le pide que les convenza; no quería causar esa ruptura que que le iba a hacer sufrir.

-El libro es una reivindicación de los derechos de los homosexuales. ¿Era García Lorca un militante o más bien, como otros, disimulaba su condición en determinados ambientes?

-Federico no fue un militante de los derechos de los homosexuales, sino de la libertad a secas. Él se señala en casi todo. Él es amigo de los Bauer, una familia judía de la que todos se separaban en aquel contexto histórico europeo. Él se significa a favor de los musulmanes yendo con Fernando de los Ríos al norte de África. Durante cierto tiempo de su vida vivió de manera disimulada su condición sexual, pero en esta época de la novela ya ha decidido que, pese a quien pese, va a vivir su afectividad de manera abierta. Ya no se ocultaba. Y de hecho, muchos testimonios dicen que el tiro de gracia se lo dieron 'por rojo y por maricón'.

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