Abogada en Granada, canguro en el Reino Unido

Las agencias que tramitan trabajo y estudios en el extranjero tienen exceso de demanda en época de crisis

CRISTINA RIDAOGRANADA.
Una de las gestoras de la agencia 'Lenguage4you', Inma Paláez, hace un repaso de los destinos europeos más solicitados :: K. BURÉNIUS/
Una de las gestoras de la agencia 'Lenguage4you', Inma Paláez, hace un repaso de los destinos europeos más solicitados :: K. BURÉNIUS

Jóvenes universitarios que terminan la carrera y van directos al paro. Ese es el perfil de los cientos de titulados que en estos tiempos de crisis han apostado por trabajar y/o estudiar más allá de las fronteras nacionales. Encarna Peláez, una de las administradora de la agencia 'Lenguage4you', que gestiona estancias en el extranjero desde Granada, asegura que la demanda se ha incrementado en los dos últimos años en un 50% y que se ha modificado: «La crisis se ha notado muchísimo; en el último curso tuvimos ingenieros, abogados y gente muy preparada yéndose en programas de trabajo y 'au pair' para hacer tareas muy básicas. Antes era recién egresados, ahora se van también los que tienen experiencia y se han quedado sin su empleo. Necesitan irse y se van donde sea y como sea».

La gestión de programas de trabajo está teniendo mucho éxito, asegura Peláez. Por menos de mil euros, esta empresa se encarga de buscar un trabajo, administrar el visado y asegurar una estancia de al menos un año en Canadá, «un país que tiene muchas oportunidades». Por algo menos de la mitad organizan una serie de entrevistas de trabajo en Inglaterra en las que, según ella, tienes la garantía de ser contratado durante las primeras semanas. «De abogado en Granada a friegaplatos en Londres», bromea.

Por otra parte, la gestora de la empresa hace hincapié en la necesidad de la formación de una estructura de familias en Granada que deseen contar con los servicios de 'au pairs' francesas, inglesas y del resto de Europa. «Recibimos muchas peticiones de jóvenes europeas que quieren venir a aprender español en una familia granadina. Lamentablemente, aquí en la ciudad como en el resto de Andalucía no se conoce esta beneficiosa posibilidad» apostilla Peláez.

El programa 'au pair' es un intercambio cultural y lingüístico muy popular en toda europa y «la forma más económica para el aprendizaje de un idioma», aseguran desde la citada agencia. Básicamente es una joven que viaja a otro país para convivir con una familia y hacer diferentes tareas a cambio de alojamiento y manutención. El único problema de este sistema es que no todo el mundo puede acceder: si se superan los treinta años de edad la cosa se complica, así como también es menos accesible para los hombres.

No obstante, un lojeño de 27 años, logró 'meterse' en una familia británica el pasado verano.

Rubén Jaimez terminó Magisterio allá por el 2.007. Más de un año después y con un millón de pesetas menos en el bolsillo -gastados en academias y estancia en la capital-, se presentó a unas oposiciones de educación que superó con notable pero sin plaza. Durante ese tiempo trabajó como churrero para costear su carrera hasta que hace un par de años se quedó en el paro: «Me sentí atrapado sin ocupación y sin posibilidad de seguir formándose. Mi única salida era emigrar», recuerda el joven.

Tras varias entrevistas de empleo frustradas, comenzó a echar decenas de currículos en empresas de Francia, Suiza y otros países europeos a través de internet, pero no obtuvo respuesta. Entonces, y siguiendo el consejo de una amiga que había tenido la experiencia, decidió intentarlo a través del programa 'au pair'.

Hombres no

De medio centenar de correos electrónicos que mandó solo obtuvo respuesta de una familia británica, así que no lo pensó dos veces: «He visto muchos inconvenientes por ser hombre. Se fían menos de ti porque piensan que no vas a cuidar del hogar como una mujer y no es justo», denuncia el maestro.

En junio del pasado año Rubén llegó a Bruton, un diminuto pueblo cerca de Birmingham, en Reino Unido. Catherine, una joven madre y su bebé de 18 meses lo recogieron en el aeropuerto y lo alojaron en su casa, una vivienda tradicional de la campiña inglesa. Más allá de la ventana de su nueva habitación se extendía una inmensa granja con todo tipo de animales, con los que pasó gran parte de su tiempo junto a la niña.

«Pasé de los 40 grados de Loja a los siete de Bruton y aunque adaptarse a ese cambio de temperatura no es fácil, lo que más me costó fue hacerme entender porque no sabía nada de inglés. No empecé a soltarme hasta pasados tres meses y fue gracias a una pareja húngara que Catherine había contratado para ayudar en la granja un mes antes de que yo llegara. De hecho, poco después de mi regreso a España, ambos vinieron a Loja para visitarme», confiesa.

Rubén asegura que tuvo un empleo muy relajado. De lunes a jueves se levantaba temprano para preparar el desayuno de sus dos compañeros de hogar. Después, la madre iba a trabajar y él se quedaba al cuidado de la menor hasta el final de la jornada. Durante el resto de la semana podía hacer lo que quisiera: «En mi tiempo libre mataba el rato arreglando el jardín o limpiando la casa, aunque también hacía mucho turismo y fiestas con los húngaros. Por 520 libras al mes, no estaba nada mal», cuenta el lojeño entre risas.

Sin embargo el joven no llegó a completar el periodo que acordó con su casera. El exmarido de Catherine lo invitó a abandonar la vivienda: «Cuando el padre de la niña iba a verla a casa se ponía muy celoso porque yo pasaba mucho tiempo con ella y me había cogido mucho cariño, así que me dijo que el bebé podía confundir el rol paterno y me echó».

A pesar de este último inconveniente, Rubén califica la experiencia como un «maravilloso viaje» y sin duda afirma que volvería a repetir. Actualmente trabaja en una empresa de alimentación en Málaga.La situación de Natividad Reboam, otra joven granadina, es similar. Primero estudió una carrera tan bonita como cercada, Bellas Artes, para seguir con Comunicación Audiovisual. Pero ninguna de las dos le dio trabajo. Cuando terminó su última asignatura en julio del año pasado, regresó a su pueblo, Guadix, aunque no por mucho tiempo. Tenía muy claro que la posibilidad de encontrar empleo era muy reducida, así que se marchó a Haslere, Inglaterra.

Rentable

A través de una página web encontró a su familia de acogida, con la que continuará viviendo hasta el próximo junio. «Lo de vivir con ellos tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En mi casa inglesa son un poco delicados con el tema de los ruidos. A pesar de que soy muy silenciosa, si por la noche quiero hablar con mi gente de Granada tengo que ir a la cocina. Tampoco puedo encender la luz si me levanto para ir al baño y no les hace mucha gracia que tire de la cadena. Pero bueno, por el resto son bastante simpáticos», confiesa Nati. La joven cuenta que en un principio se agobió mucho con el idioma porque, según ella, era un pueblo «muy inglés» con un acento cerrado. Sin embargo Karen, su casera, la ayudó a progresar y ahora reconoce que hasta sabe diferenciar los 'dejes'. Natividad se muestra encantada con su estancia y además asegura que ha sido rentable: «Cobro 70 libras a la semana y además trabajo de niñera seis horas en otra familia, así que salgo a casi 600 libras al mes. Me da para pagar mis gastos, viajar y también ahorro».

No vacila en recomendar la experiencia: «Al principio la familia me presionó para que saliera más pero no tenía amigos. Sin embargo, pasadas las primeras semanas, conocí a otras niñeras e hicimos una buena piña. Además el tiempo se parece al de Guadix, algo nuboso, así que a veces me siento como en casa. Aun así, veo este lugar como un sitio de paso, no me quedaría definitivamente por nada del mundo».

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