«Vivimos diez años con un asesino en el jardín»

Carmen vio cómo mataban a su marido con una barra de hierro delante de sus ojos. Mañana arranca el juicio

MERCEDES NAVARRETEALMUÑÉCAR.
Pide justicia para Henri. Carmen, en el jardín de casa donde se instaló el asesino. Unas flores recuerdan el lugar donde mató a su marido. :: SALVADOR RODRÍGUEZ/
Pide justicia para Henri. Carmen, en el jardín de casa donde se instaló el asesino. Unas flores recuerdan el lugar donde mató a su marido. :: SALVADOR RODRÍGUEZ

El relato de Carmen bien podría servir como guión de una película de terror psicológico. Esta cordobesa vio como un ex empleado al que habían permitido instalarse en una caravana en el jardín de su vivienda de Almuñécar asesinaba delante de sus propios ojos a su marido, Henri de Greef, de 85 años. El asesinato tuvo lugar el 1 de octubre de 2010 y a partir de mañana lunes, el asesino confeso se enfrenta al juicio, con jurado popular, en la Audiencia provincial de Granada. El fiscal pide 17 años de prisión para Gunter Voknar por un delito de asesinato con alevosía. «Hemos vivido diez años con un asesino en el jardín, ha sido un infierno», con esta espeluznante declaración y llena de impotencia inicia Carmen su relato.

Henri de Greef, un empresario belga, se instaló hace 50 años en Almuñécar y puso en marcha proyectos turísticos, como el antiguo camping El Pozuelo, en los terrenos donde ahora se levanta el Hotel Bahía Tropical. Años después, Henri cerró el camping, indemnizó a su plantilla y ahí comenzó su pesadilla. Uno de sus exempleados, Gunter, de nacionalidad alemana, había trabajado para él 16 años y, para que no se quedase en la calle, Henri le permitió instalarse con una caravana en los jardines de su propiedad, en la planta superior de la vivienda que ocupaba con Carmen. Los primeros años le dio trabajo cuidando a su colección de loros guacamayos, pero la relación se deterioró y unos cinco años antes del asesinato, Henri comenzó a exigirle que se marchara. Pero Gunter no estaba dispuesto a hacerlo.

Un infierno

El matrimonio vivió un infierno desde entonces, según cuenta la viuda de la víctima, Carmen, que había mantenido una relación los diez años anteriores con Henri aunque llevaban poco más de un año casados. Según cuenta Carmen, sufrieron acoso y amenazas del ex trabajador, que se paseaba como si la vivienda del matrimonio fuese suya y haciendo caso omiso a la petición de que se marchara. «Era un extraño instalado en nuestra intimidad. Una pesadilla. Henri trataba de tranquilizarme. 'No te preocupes, ya mismo se irá', me decía. Sabía que estábamos aquí solos». El matrimonio incluso le daba dinero por miedo a que les hiciera daño. «Yo siempre le tuve pánico, aún le veo y me dan ganas de vomitar». Carmen muestra las denuncias que su marido y ella interpusieron en la Guardia Civil para intentar echar a Gunter de su casa y «todas se archivaban, no nos hacían caso».

Quince días antes de la trágica muerte de Henri, una jueza decretó por fin una orden de alejamiento, que no se ejecutó ni llegó a proteger la vida del empresario belga, que finalmente fue asesinado por el acusado. «La justicia no le protegió, la muerte de mi marido podía haberse evitado. Sabíamos que esto iba a pasar», lamenta Carmen, que ha necesitado asistencia psicológica por el shock traumático que le produjo el asesinato. Aún vive con una impotencia y un sufrimiento que le asfixian.

«No hay día que no recuerde el crimen». Lo más sangrante, para ella, es que había avisado una y otra vez de lo que iba a pasar y había pedido ayuda. «No nos dejaba vivir, no podíamos echarlo, le mataba los pájaros a Henri, nos amenazaba con cuchillos, decía que iba a cortarnos el cuello y finalmente lo hizo», prosigue Carmen, que ha pedido no encontrarse con Gunter en el juicio porque todavía siente pánico cuando le ve y se estremece cuando ve el lugar donde él tenía su caravana. Ahora, en el jardín de la casa de Almuñécar que Carmen quiere vender porque no soporta los recuerdos unas flores recuerdan el lugar donde cayó asesinado a sangre fría y por la espalda su marido.

Fue el 1 de octubre de 2010. Ese día, Henri se dirigió a la caravana para exigirle a Gunter que se marchara y tras una breve discusión, como recoge el escrito de la Fiscalía y como recuerda Carmen con lágrimas en los ojos, Henri se giró para regresar a casa. El acusado cogió entonces una barra de hierro de las que se utilizan en el encofrado de las obras, que tenía guardada junto a su caravana, y le golpeó por la espalda hasta que le hizo caer al suelo. Ya con Henri indefenso, tirado en el jardín, le asestó nuevos golpes en la cabeza. Carmen contempló con pavor el ataque desde la ventana de casa y salió corriendo a pedir auxilio al carpintero que ese día estaba haciendo unos trabajos en la vivienda. Éste y Carmen vieron cómo Gunter siguió asestando golpes en la cabeza a Henri. Todo fue muy rápido.

«No puedo olvidar los gritos de Henri», recuerda Carmen destrozada y llena de odio hacia el asesino, que lleva desde entonces en prisión preventiva. El carpintero gritó que iba a llamar a la Guardia Civil y Gunter dejó entonces de golpear a su víctima, que quedó malherido. Después, el asesino entró en su caravana para cambiarse el pantalón manchado de sangre y esperó mientras llegaban la Guardia Civil y los equipos de emergencia sanitaria.

«No tiene defensa posible. La justicia ya ha fallado a mi marido porque no le protegieron. Ahora solo pido que le echen más de 20 años de cárcel y que los cumpla íntegros. Que se tenga en cuenta que hubo ensañamiento, no le dio un mal golpe, le dio 22 y no paraba», sentencia rota de dolor.