«En los pisos de los chicos siempre hay polvo pendiente»

Siete jóvenes hablan de la importancia de la limpieza en las viviendas compartidas

DIEGO QUERO DQUERO@DIARIOIDEAL.ESGRANADA.
El piso de los chicos. :: FOTOS: D. Q./
El piso de los chicos. :: FOTOS: D. Q.

Una agencia de alquiler de viviendas confirmaba lo que todos los que han compartido vivienda ya pensaban: la limpieza es la principal fuente de conflictos entre los compañeros -o compañeras- de piso, seguida por la organización de fiestas, los invitados a dormir y las mascotas.

Además, los tópicos y los prejuicios acompañan a los chicos y a las chicas. Según la cultura popular, ellas son de largo más limpias y cuidan la vivienda mucho mejor. De hecho, en Granada y en otras ciudades españolas algunos carteles de alquileres de pisos tienen un filtro a favor de ellas.

Sin ánimo de estereotipar una situación, en IDEAL hemos visitado dos pisos, uno de chicos y otro de chicas, para comprobar la limpieza que se lleva a cabo en cada uno de ellos, si hay turnos de limpieza y si se respetan.

El primer caso a analizar es el piso de cuatro chicos, de entre 19 y 21 años. Cuatro muchachos en la flor de la juventud y con ganas de pasarlo bien, a tenor de una de las primeras imágenes con la que nos encontramos nada más llegar al salón: dos televisores, uno para ver los programas y el otro para jugar a 'la play'.

Entre partida y partida, estos cuatro jóvenes murcianos comen y acumulan en la mesa del salón botellas, bricks de zumo y leche, además de los correspondientes ceniceros llenos de colillas. Los platos no los dejan en esta estancia; los llevan a la cocina, donde están los 'tupperware', cada uno de la madre respectiva de los inquilinos, esperando para que 'le echen un agua'. En el resto de la cocina no queda un hueco libre: platos, sartenes, cacerolas y demás utensilios se apilan antes de pasar por el fregadero. Preparar un café o simplemente echarse un vaso de agua se convierte en un trabajo difícil, laborioso, por la falta de espacio y la complicación añadida de encontrar los elementos de la vajilla.

El resto de la vivienda se encuentra en el mismo estado, aunque llama la atención el hecho de que las habitaciones están bastante más limpias y mucho más organizadas que las zonas comunes. Raúl, Miguel y Mario reconocen que les cuesta mucho ponerse a limpiar. «Al principio teníamos turnos, pero todos nos los fuimos saltando y al final, cuando vemos que la cosa ya está muy fea, nos ponemos todos a la tarea y dejamos la casa limpia».

Los tres compañeros coinciden en que el sistema de los turnos no funciona y que, como se llevan bien, la limpieza no es un problema entre ellos: «Cuando hay que limpiar se limpia y nos ponemos todos a hacerlo sin problema». La única nota negativa es la cara con la que aseguran que les mira el portero del piso, «porque cuando sacamos la basura llenamos nosotros solos el cubo del bloque».

El piso de las chicas

A unos quinientos metros de distancia vive Lourdes con Irene, Fouzia y Judith, sus tres compañeras de piso. A pesar de habitar en un apartamento con más de treinta años, ellas lo mantienen en condiciones inmejorables. Aunque algunos interruptores estén clavados con púas y los enchufes se mantengan gracias a la cinta aislante, estas chicas intentan que su piso esté limpio; ellas sí que tienen, y aseguran que respetan en la mayoría de ocasiones, turnos de limpieza.

«Nunca he tenido problemas de limpieza con mis compañeras, aunque admito que he tenido bastante suerte con ellas», asegura Lourdes. Aunque también dice que no hay tanta diferencia entre chicos y chicas, y que te encuentras de todo, pero reconoce que «en los pisos de ellos siempre hay polvo pendiente, nunca llega a estar perfectamente limpio». En la puerta de la cocina tienen, con la letra bien clara y subrayado con colores, el orden y la manera de hacer las cosas, bien explicado y con aclaraciones, con todo lujo de detalles para que a nadie se le escape. Y las habitaciones están igual que el resto de la casa, pulcras y con cada cosa en su sitio.

En definitiva, dos pisos que hablan de formas distintas de estar y de vivir, aunque lo más importante, es no tener problemas por la higiene doméstica.