Recta final del Festival de Títeres

Las compañías Desguace, Tomás Pombero y Ato cerraron una muestra de calidad mediana y escasa asistencia de público

ANDRÉS MOLINARIGRANADA.
Imagen del espectáculo 'La elefanta gris', de Desguace. :: IDEAL/
Imagen del espectáculo 'La elefanta gris', de Desguace. :: IDEAL

Con el fin de semana concluyó el XIII Festival Internacional de Títeres que cada mes de mayo ofrece el teatro Alhambra y que este año ha estado muy mermado de figuras internacionales, centrado casi siempre en espectáculos de pequeño formato, tal vez por mor de la cacareada crisis, más recurso de inoperantes que muralla insalvable para el ingenio. En su recta final ha atendido especialmente a los niños con alguna extralimitación a la historia minimalista.

La compañía Desguace lució su habilidad casi unipersonal para hacer títere de mesa con objetos cotidianos y necesaria cercanía del espectador. En la función titulada 'La elefanta gris', creada por Gema Rancaño y Bárbara Moreno, brilló su peculiar forma de crear imágenes tópicas a partir de utensilios cotidianos ligeramente transformados. Por ejemplo el vástago de la regadera puede ser la trompa de una elefanta. A pesar de sus limitaciones y de algún borrón en el relato de la historia es más que positiva su invitación al juego de transitar con la imaginación entre dos objetos que puede parecer lo que no son. En otra función llamada 'Náufragos', el actor Tomás Pombero derrocha buen humor, sonidos guturales y dotes de hacelotodo para relatar una mínima historia que no por breve resulta escasa de diversión.

La calle, útero natural del títere de plazoleta y ámbito muy querido antaño por el Teatro Alhambra, asomó tímidamente este Festival de la mano de Axioma, la compañía más veterana de Andalucía, una proeza de insistencia y de longevidad. Su precioso camión Ebro sirvió de teatro negro para la historia de Violeta, escrita por la muy activa y siempre certera Rosa Díaz. La fábula es bonita, los muñecos imaginativos y la manipulación correcta.

Para cerrar el festival el grupo cubano Ato mostró una vez más su 'Papobo', con más cordialidad y ternura que perfección titiritera, dejando un sabor de boca algo insípido en un Festival de calidad solo mediana y muy escasa asistencia de público.