Víctimas de agresiones en su lugar de trabajo en Granada cuentan sus experiencias

La lista de docentes, sanitarios y funcionarios de prisiones vejados es larga

JOSÉ R. VILLALBA JRVILLALBA@IDEAL.ESGRANADA.
Pilar cambió de centro de trabajo, aunque lo había solicitado antes de ser agredida. :: ALFREDO AGUILAR/
Pilar cambió de centro de trabajo, aunque lo había solicitado antes de ser agredida. :: ALFREDO AGUILAR

El Servicio Andaluz de Salud registró el año pasado un total de 700 agresiones contra sus profesionales, de las que 183 fueron físicas. Un estudio de UGT remarca que más de la mitad de los docentes dicen sufrir, al menos una vez al mes, comportamientos disruptivos en el aula. Estos datos demuestran que, cada vez más, los profesionales sufren agresiones por trabajar y hacer bien su trabajo. Cuatro de ellos explican, en un reportaje que se puede leer íntegro en la edición impresa de IDEAL, el antes y el después de ser vejados mientras cumplen con su oficio.

En el reportaje se encuentra el caso de Pilar Úbeda, una enfermera que fue agredida por una usuaria y, tras volver después de su baja, se la tuvo que encontrar de nuevo para atender a una familiar suya, que había sufrido un accidente. O el de Jose, nombre ficticio de un funcionario de prisiones, que ha sufrido ya dos intervenciones quirúrgicas y acumula dos años de baja tras recibir un puñetazo de un preso.

Otro puñetazo se llevó Julián, árbitro, por parte de un chaval de 17 años por el simple hecho de pitar un penalti en su contra. Por su parte, YSF, médico de familia, se libró de los martillazos que el hijo de una paciente soltó en su consulta y que se cebaron con su ordenador. Y María J., profesora de Secundaria, ya nunca atiende sola a los padres de los alumnos después de que una madre la zarandease y una menor le lanzase un bofetón.