Los últimos cien metros del 'muro de la discordia' junto a las vías del AVE

Los operarios trabajan para levantar el último tramo de muro. / J. M.

Las obras para levantar la pared que movilizó a los vecinos de la zona avanzan hacia su tramo final mientras los operarios culminan la colocación de los raíles

J. MORALESGranada

El nuevo muro que separa Juventud y Rosaleda de La Chana ya roza el puente de Camino de Ronda. El 'estirón' en las obras para que la Alta Velocidad llegue a la capital ha tenido su reflejo junto a las vías en la construcción de la pasarela peatonal que conectará -sigue cerrada- Ronda y Pajaritos, el acceso subterráneo para vehículos bajo la autovía, el levantamiento del nuevo edificio de la estación o la construcción de esta pared. Aísla la calle Jesse Owens de las vías y ha sido objeto de la lucha vecinal para reclamar el soterramiento del AVE.

Máquinas y operarios trabajan estos días en el último tramo, los cien metros finales en los que la calle inicia su ascenso hacia el puente de Camino de Ronda. A finales de 2015 se unió a la lucha por el soterramiento un nuevo colectivo, que motivó su protesta en esta construcción paralela a las vías: la Plataforma por el AVE Soterrado Estadio de la Juventud. Criticaban entonces la instalación de unas pantallas acústicas de tres metros de altura que ahondarían en la cicatriz histórica que los raíles han supuesto para la capital.

Lo cierto es que tales pantallas, por el momento, no existen. La divisoria es un muro de hormigón sobre el cual se asienta una valla de color verde que no causa el previsto impacto visual. «No sabemos si es para conformarnos y luego pondrán la pantalla», duda Francisco Rodríguez, portavoz de la plataforma vecinal.

La valla no obstaculiza a la vista hasta el punto previsto. Pero sí es -al menos hasta que termine la obra- un impedimento serio para las personas con movilidad reducida. En mayo, medio centenar de vecinos alzó la voz contra las dificultades de acceso al barrio por el puente de Camino de Ronda. El problema estaba en el costado más próximo al barrio de la Juventud, donde las vallas provisionales de obra anulaban prácticamente el acerado de la calle. Al otro lado estaba el muro de piedra, ya retirado por completo, que marcaba la frontera entre la calle y las vías.

Ahora se ha invertido la situación. Una acera, la más cercana a las vías, ya no existe: sólo hay rejas metálicas y maquinaria. Y la otra sigue siendo una pista de obstáculos por la que no pueden pasar carros de bebé o sillas de ruedas: no les queda otra que bajar al asfalto y convivir con los coches. La base de las farolas queda en algunos tramos a medio camino entre el borde de la acera y el interior, lo cual dificulta el paso. «No nos vamos a conformar con una acera tan estrecha», advierte Rodríguez.

La falta de espacio se acentúa cuando la acera pasa de la tapia recién levantada de la nueva fase del Estadio de la Juventud a un viejo inmueble, también en territorio del perímetro deportivo, casi en Camino de Ronda, que será objeto de próximas actuaciones. Los vecinos arrancaron de la delegación de Cultura de la Junta de Andalucía el compromiso de que les consultaría sobre el asunto antes de estas obras.

Con respecto al 'muro de la discordia', los vecinos temen que una vez construido tampoco deje suficiente espacio en la acera. La valla hace un recodo hacia el exterior que invita a pensar que será así, salvo que los adoquines roben superficie al asfalto.

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