El último viaje del joven Mustafá

Inmigrantes llegados a Motril el mismo día que Mustafá./JAVIER MARTÍN
Inmigrantes llegados a Motril el mismo día que Mustafá. / JAVIER MARTÍN

El Consulado le negó un visado a su familia para que pudiera verlo antes de fallecer por su enfermedad | Llegó en patera de Nador a Motril huyendo de la pobreza, padecía un cáncer y le faltaron sólo unos minutos para ver a su mujer y sus dos hijos antes de perecer mientras volvía a su tierra

José Ramón Villalba
JOSÉ RAMÓN VILLALBAGRANADA

17 de septiembre de 2018. Veinte persona embarcadas en una patera llevan 18 horas en alta mar y al fondo otean ya la costa de Motril. Antes han pasado seis días de escaramuzas con la policía alauita para sortear la frágil frontera entre el mundo pobre y el rico. Mustafá, un joven marroquí de 32 años, viaja en esa travesía. Atrás ha dejado a su esposa, sus dos hijos, sus raíces y un presente incierto. En su mochila lleva la enfermedad del cáncer y mucha esperanza en superarla y reunir en España a su familia. Su fe en la religión musulmana le imprime fuerzas y nada ni nadie lo hace desistir de su empeño.

Su llegada a Motril coincide con una oleada masiva de inmigrantes el pasado mes de septiembre, más de trescientos en apenas cinco días. Mustafá es recibido junto a sus compañeros de patera por la policía y queda ingresado en una celda mientras se resuelve la situación de estos inmigrantes. Tres días después de pasar por estos calabozos en forma de 'suite', pero sin estrellas, logra llegar a Granada donde por primera vez se activa el plan municipal de emergencias ideado por la concejalía de Asuntos Sociales para que estas personas logren ser atendidas en las mejores condiciones: hay médicos voluntarios, mediadores culturales, traductores, casa de acogida, comida y apoyo psicológico. Atrás queda la esperpéntica imagen de decenas de inmigrantes bajando de un autobús para quedar abandonados a su suerte en la capital granadina. Ahora las cosas se hacen de otra manera.

Mustafá, tras seis durmiendo a la intemperie cerca de Alhucemas (Marruecos), dieciocho horas en alta mar y tres días en los calabozos de la policía, comienza a dar sus primeros síntomas de agotamiento. Uno de los médicos del plan municipal de emergencias detecta problemas serios en la salud de Mustafá. Lo llevan al hospital donde le dan la primera atención y hasta ese momento él no dice absolutamente nada de su cáncer, de las operaciones que le han practicado en Marruecos. Él sólo sueña en encontrar un trabajo y mejorar la vida de su familia que se ha quedado en Nador.

Este musulmán es acogido en una casa gestionada por una parroquia católica cuyos recursos están puestos al servicio de este plan municipal de emergencias. Mustafá finalmente confiesa que tiene cáncer pero pide que lo dejen marchar a esta casa de acogida. De sus compañeros de patera, en Granada sólo se quedan dos: él y otro joven.

La edil de Asuntos Sociales, Jemi Sánchez, el enfermero José Antonio Egea, el traductor Suhail Serghini, y tres personas más hicieron un grupo de whatsapp para estar pendiente de la evolución de Mustafá, a quien se le facilitó un teléfono móvil para poder hablar con su esposa y sus dos pequeños. «Era una persona musulmana, muy religiosa, y siempre te decía que estaba bien, pese al problema de su enfermedad, soñaba con recuperarse para poder trabajar sólo con el objetivo de mejorar el futuro de su familia, pero su salud ha ido empeorando día a día», explica Suhail Serghini, el traductor. «Lo tuvimos que ingresar en el Hospital de San Rafael porque su estado de salud empeoraba por horas y necesitaba estar atendido las 24 horas», apunta la edil Jemi Sánchez. Los médicos comenzaron a diagnosticarle el peor de los viajes, ese que ya no tiene billete de vuelta.

El lento adiós

Un día dejó de controlar sus esfínteres, otro la movilidad, pero nunca la esperanza de volver a ver a su mujer y sus dos hijos. «Movimos contactos en Madrid, en el Consulado, en todos lados para intentar conseguir un visado para que su familia lo viera en Granada antes de fallecer. Esa era su última voluntad», añade Sánchez.

El consulado de España en Marruecos dio su negativa, le dio exactamente igual el estado de salud de Mustafá, cuyo cáncer era terminal. La edil y el resto de voluntarios pusieron en marcha en plan 'B'. «Queríamos cumplir la última voluntad de Mustafá y montamos un dispositivo sanitario para que pudiera llegar a Nador antes de su fallecimiento». Ayudó el Ayuntamiento y colaboraron las oenegés implicadas. Lo montaron en una ambulancia y embarcó el pasado domingo con destino a su país. Su mujer y sus dos hijos pequeños, así como su madre, lo esperaban en el puerto de Nador. «Fue un valiente por jugarse la vida para mejorar la de su familia, por venir con el cáncer en busca de un futuro mejor, por la lección de humanidad que nos ha regalado», advierte Sánchez.

El barco donde viajaba Mustafá con billete de vuelta estaba ya dentro del puerto de Nador, a su esposa le quedaban unos pocos minutos para abrazarlo después de tanta desazón, a él le quedaba poco para ver a sus hijos después de casi tres meses lejos de ellos. El corazón dejó de latirle, perdió el pulso y ahí empezó el último viaje del joven Mustafá hacia otro mundo. Ahí acabó su vida. La familia sólo pudo llorar. Ese mismo domingo otras pateras partían de Alhucemas cargadas de sueños idílicos sin saber si llegarían a su destino, sin saber cuál es la realidad del mundo rico.