El triste final del bueno de Juancho

Varias integrantes de Ladridos Vagabundos conversan a las puertas de la Caleta mientras exhiben una foto del can. /IDEAL
Varias integrantes de Ladridos Vagabundos conversan a las puertas de la Caleta mientras exhiben una foto del can. / IDEAL

Juicio civil a una joven por incumplir el contrato de adopción de un cachorro que acabó siendo sacrificado | La asociación Ladridos Vagabundos descubrió que había llevado al can a una perrera y le reclama 900 euros de indemnización por la muerte del animal

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGRANADA

A Juancho, un cachorro de american staffordshire abandonado tras nacer, le encantaba estar con las personas. Era bueno como él solo. Cuando llegaba la hora de jugar y el resto de los perros corrían alborotados a buscar la pelota, él prefería quedarse junto a los dueños de la casa donde había sido acogido mientras aguardaba ser adoptado. Disfrutaba con el contacto humano.

Un día, una joven de la provincia y su novio decidieron convertirse en sus amos. Fue ella quien firmó el contrato con la asociación Ladridos Vagabundos, que se había encargado de procurar cobijo y alimento a Juancho mientras encontraban un hogar para él. Antes de la adopción, que se produjo en septiembre de 2017, se realizaron todos los controles necesarios. Además, la asociación asesoró a la adoptante a la hora de hacer las gestiones de cara a obtener la licencia necesaria para tenerlo, al ser Juancho de una raza potencialmente peligrosa.

Pero las circunstancias personales de la chica cambiaron y tuvo que volver a vivir en casa de sus padres, que no querían por lo visto al can en su domicilio. El animal terminó en un centro canino, donde acabó siendo sacrificado una vez transcurrido el plazo legal de espera sin que nadie se interesara por él. Ese plazo es de diez días, según el abogado de Ladridos Vagabundos, David Sánchez Chaves, perteneciente a Agmada (Abogados Granadinos por el Medio Ambiente y los Derechos de los Animales).

Cuando Ladridos Vagabundos descubrió el triste final del bueno de Juancho decidió demandar a la adoptante por incumplir el contrato rubricado. La asociación quiere que la sentencia, en caso de que estime sus pretensiones, sirva de «lección» a la gente que se propone adoptar animales. «Que sepan que es una relación jurídica la que se está entablando», recalcó el letrado.

La demanda aterrizó en el Juzgado de Primera Instancia 14 de Granada, que ayer acogió el juicio civil contra la chica, a la que se le reclama una indemnización «por no haber devuelto el perro que adoptó», pues en el momento en que cambiaron sus circunstancias personales y ya no se podía quedar con el animal tenía la obligación de reintegrarlo a la asociación protectora de la que lo sacó. En total se le piden, según precisó el abogado, 900 euros.

Versión de su ama

Una vez dentro de la sala, A. L. R. indicó a la jueza que adoptó al can después de haber visitado un par de veces la casa de acogida, donde Juancho compartía habitación con una pitbull. La demandada añadió que en su domicilio familiar tenía que «acatar» lo que dijera su madre y que fue esta la que llamó al centro canino, donde según afirmó no se les advirtió de que si nadie quería a Juancho, que ya tenía 17 meses, lo sacrificarían. «Yo sé que he incumplido el contrato, pero que a mí no me pongan de asesina, porque eso no es así», manifestó enojada. «Yo no voy a pagar para que maten a mi perro, ¿en qué cabeza cabe?», agregó, tras indicar que sus padres pagaron para dejar el perro en la perrera.

Fuera de la sala aguardaban varias integrantes de Ladridos Vagabundos. Entre ellas, Paola Ritacco, una colaboradora de la asociación que tuvo en acogida a Juancho antes de entregarlo en adopción. «Era un perro muy tranquilo; la gente tiene un concepto equivocado de estas razas», aseguró Ritacco a IDEAL. «Mire, este era Juancho», dijo a la periodista otra de las representantes de la asociación mientras sacaba de una bolsa una foto del animal enmarcada. El caso quedó visto para sentencia a falta de que sea remitida al juzgado una diligencia realizada en la perrera por el Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza) de la Guardia Civil. Ahora, su señoría decidirá.