Suspenden siete días a un guardia civil de Granada porque se le escapó un detenido sin esposas

Los hechos ocurrieron en este municipio alpujarreño./Rafael Vílchez
Los hechos ocurrieron en este municipio alpujarreño. / Rafael Vílchez

El arrestado se fugó en el cuartel de Ugíjar tras pedir que le quitaran los grilletes para ir al baño y fumarse un cigarrillo

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGranada

Ocurrió la madrugada del 30 de julio de 2016 en la Alpujarra granadina. Una pareja de agentes de Murtas que realizaba el servicio de patrulla de seguridad ciudadana se desplazó al puesto de la Guardia Civil de Ugíjar para hacerse cargo de un detenido. El individuo se encontraba en el cuartel como presunto autor de un delito de quebrantamiento de una orden de alejamiento y, aprovechando que le habían quitado las esposas para ir al baño y fumarse un cigarrillo, se fugó. Su huida le ha supuesto una sanción al agente encargado de su custodia por una «falta grave».

El castigo impuesto a este guardia civil, consistente en «siete días de pérdida de haberes con suspensión de funciones», ha sido confirmado por la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo (TS). El alto tribunal cree que cometió una falta grave consistente en «la negligencia grave en el cumplimiento de las órdenes recibidas» y ha rechazado el recurso que el agente había interpuesto.

El detenido huyó antes de la una de la madrugada del referido puesto de Ugíjar. Había sido trasladado allí para la instrucción de las correspondientes diligencias y la confección del oportuno atestado. El agente sancionado y su compañero recibieron el traspaso de la custodia del individuo en la sala de espera del acuartelamiento.

En un momento dado, el jefe de la pareja de agentes tuvo que ausentarse para acudir al cuartel de Bérchules, pues tenía que trasladar hasta ese otro municipio alpujarreño a unos miembros del cuerpo cuyo vehículo se había averiado. El detenido se quedó entonces «sin engrilletar» y únicamente a cargo del otro guardia civil. Eso fue sobre las 00.15 horas.

Según recoge la sentencia dictada este año por el Supremo y consultada por IDEAL, alrededor de la una de la madrugada, el guardia que se había quedado en el cuartel preguntó al brigada por el detenido que tenía bajo su custodia «porque no lo encontraba». Había perdido el contacto visual con él.

En ese momento, comprobaron a través del visionado de las cámaras de vigilancia perimetral de las instalaciones «que se había fugado del edificio atravesando varias dependencias, cruzando el patio y saltando la valla trasera».

Sin observación

Ni el agente ni nadie se percataron de que el individuo había puesto pies en polvorosa, «al haber quedado en la sala de espera sin observación directa». Lo siguiente que ocurrió fue que se procedió a activar el protocolo de protección de la víctima, ya que se trataba de un detenido por quebrantamiento de orden de alejamiento por presunta violencia de género».

La sanción ahora ratificada se le impuso al agente el 22 de marzo de 2017, por una falta contemplada en la ley de régimen disciplinario de la Guardia Civil.

El agente planteaba en su recurso una posible vulneración del derecho a una tutela judicial efectiva porque consideraba que la sentencia dictada en el marco de su expediente disciplinario no estaba motivada, pero el TS cree que su queja «resulta injustificada».

Alegaba también una supuesta indefensión porque no se habían aceptado algunas pruebas que había propuesto –entre ellas la declaración del propio detenido huido–, así como una posible vulneración del derecho a la presunción de inocencia.

El TS rechaza todos los motivos esgrimidos y recuerda que el tribunal que primero resolvió este caso concluyó que «la fuga del cuartel fue debida a la falta de atención en la prestación del servicio por quien lo desempeñaba». Aparte, sobre la declaración del detenido propuesta, indica que este «no estaría en condiciones de pronunciarse sobre las obligaciones que incumbían a los guardias civiles que se hallaban en el cuartel ni las órdenes recibidas».

El agente sancionado sostenía que no era él quien estaba encargado específicamente de la custodia de aquel individuo, sino que ese cometido lo compartía todo los presentes en el puesto en el momento de producirse la fuga. Además, subrayaba que fue su jefe de pareja quien tomó la decisión de quitarle los grilletes, lo que habría facilitado la huida, «junto con el hecho de no haberlo ingresado en los calabozos del puesto».

En sus conclusiones, el TS señala que la conducta del guardia civil expedientado «no puede por menos que valorarse como negligente en el desempeño de la obligación asignada de custodiar a la persona detenida». Junto a ello, además de censurar que no cumpliera con su deber de vigilar a aquel hombre de forma permanente al dejarlo sin grilletes en la sala de espera, le reprocha que no reparase «en el riesgo que su fuga pordía ocasionar para la denunciante».