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Susana

Estrabón situó los Campos Elíseos en unas agradables planicies entre Jerez y El Puerto y a ti los historiadores te situarán en alguna parte entre Medea la de Eutes y Bridget Jones la de la peli; entre Eurípides y Omaita

CHAPU APAOLAZAGRANADA

Esta columna es para ti, oh, Susana, Cersei de Triana, 'emperaora' de los reinos del Al Ándalus perdido, princesa de los Campos Elíseos. Me quiere sonar que los Campos Elíseos eran una casa de mancebía en la carretera de Sanlúcar y, si no, es que se le parece mucho. Cuando Roma quería colonizar el mundo ya estaba allí Gadir. Estrabón situó los Campos Elíseos en unas agradables planicies entre Jerez y El Puerto y a ti los historiadores te situarán en alguna parte entre Medea la de Eutes y Bridget Jones la de la peli; entre Eurípides y Omaita.

Oh Susana, que perdiste Granada y Alcalá de Guadaira. Oh, susanismo casi yacente en las hojas de los árboles que tapizan el suelo y que mi hija de seis años recoge como si fueran orquídeas. Oh tú, nieta de Helios dios del viento, hija de Herakles-Melkart, prima del boatiné, del PER, de los Fondos Feder y del sofá de escai. Oh tú y tu Susanato del paro, de los Eres, del Plan Bahía, de los viejitos de Juan y Medio y de las facturas de los 'puticluses'.

Oh tú, Beyoncé del felipismo tardío, single lady que me gustas porque me recuerdas a mi abuela, que era de Huelva y que pasaba unos inviernos eternos en la mesa camilla del exilio de aquella Donosti helada de los 80. Me traes de vuelta a aquella señora de lomo plateado que un día a la hora del telediario me confesó que votaba al PSOE porque Felipe González decía 'invienno'.

Oh, tú, capitana, -qué digo capitana, ¡galeona!- que purgas tus pecados y los de otros, Susana del Susanismo de la derrota eterna de Trafalgar, de esa Andalucía elíptica de Los Morancos, de los Eres y de Federico y aquí vuelve mi abuela Elena marcando el ritmo ternario de un fandango de la memoria con los nudillos sobre el brazo del sofá desde el que vio pasar los treinta últimos años de su vida como quien ve nevar: pómpompom, uno, dos, tres, pómpompom, un, dos tres; tres banderilleros en un redondel. Y tres contradicciones: una, que pierdes ganando, dos que tu líder es tu asesino y tres, que te echan por no ganar unas elecciones que perdieron los que te echan.

Huelga de hambre en Cataluña y ayer aquellos pidiendo tu cabeza en una bandeja rodeada de langostinos de Sanlúcar. Hoy creen que te rendirás sola como siempre termina por rendirse el verano y tú, oh Susana, tú morirás matando porque tú eres de esas mujeres que van a la guerra sin música.

En Ferraz, donde quieren marcar más ritmo que una batucada podenca, han dibujado una pietá electoral cruel y sangrienta como si fuera de Caravaggio. Ya anda olisqueando tus tobillos de alambre ese Pedro, que es la madre de Boabdil en calzonas del Estudiantes y no sé qué decirte, quizás solamente que desde la nostalgia perpetua de este Madrid en el que escribo, ciudad desbocada como un galope de verdiales, te veo triste en las portadas de la realidad y que te confieso que tu ceño fruncido es más bello que la batalla de Samotracia.

 

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