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Subtítulos

MANUEL PEDREIRA ROMERO

El personal soliviantado porque una película mexicana rodada en castellano 'de allí' ha llegado a los cines españoles subtitulada en castellano 'de aquí'. Los distribuidores pensaban que los espectadores de aquí no íbamos a quedarnos con la copla y han perpetrado unos subtítulos delirantes que nos aclaran que 'enojarse' significa 'enfadarse', más o menos como si fuésemos idiotas, que algunos lo somos. Sostiene el director, con buen criterio, que esa decisión «es parroquial, ignorante y ofensiva para los propios españoles», y añade que, como castellanohablante, algo de lo que más disfruta «es del color y la textura de otros acentos. Es como si Almodóvar necesitara ser subtitulado». Cuarón, que es como se apellida el cineasta, ha dicho 'lavangelio', una expresión muy usada en ciertos rincones de Andalucía pero que no necesita traducción y que si usted la desconoce ya puede incorporarla, si gusta, a su acervo 'conversacional', y esto se me está poniendo perdido de comillas. .

Hay películas mexicanas que cuesta entenderlas, digámoslo ya. Y me viene a la mente otra del mismo Cuarón, 'Y tú mamá también', una película tan triste como emocionante. Me costó una hora acostumbrarme al chingón, al órale y al güey, pero ni harto de tequila se me habría ocurrido pensar que necesitaba subtítulos. Algo parecido me ha ocurrido con el cine argentino y su boom de Darín hacia acá. En una primera pasada no me enteraba de muchas cosas pero no me importaba. Es más, esas expresiones, esos giros, constituían un desafío feliz para un apasionado de nuestro idioma como el que suscribe. Y siempre lo entendí todo. O casi todo. O lo suficiente. Desde la Real Academia Española también se han mostrado tajantes en calificar el subtitulado como un despropósito e incluso han alertado de que «puede abrir una grieta en la intercomunicación entre los hispanohablantes». La controversia ha alcanzado tal temperatura que la distribuidora decidió ayer mismo retirar la versión subtitulada y dejarnos a los espectadores idiotas ante el desafío de descifrar si cuando un personaje exclama ¡Vengan! en realidad quiere decir ¡Venid! o vaya usted a saber qué.

Resuelto felizmente el entuerto, no conviene despreciar, sin embargo, lo valioso que sería contar con un servicio de subtitulado específico para las frases, asertos y promesas de nuestros politicastros. Supondría una eficacísima ayuda para orientarnos en la jungla de sus declaraciones y nos ahorraría muchos soponcios. Así, cuando Pedro Sánchez anunció que estaría en la Moncloa el tiempo justo para convocar elecciones, el subtítulo correspondiente sería «Me aferraré al cargo con uñas y dientes y no me sacarán del Falcon ni con agua hirviendo». O cuando Pablo Iglesias afirmó que, si algún día llegaba a presidente, «prefiriría seguir viviendo en mi barrio, en Vallecas», el subtítulo aclarativo sería... «En Vallecas que vivan mis votantes, que yo me largaré a una mansión en cuanto pueda». Y así hasta el infinito y más allá.

 

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