Sólo uno de cada diez granadinos logra irse de casa de sus padres antes de los 30 años

Ricardo es un joven granadino que vive con sus padres pos las dificultades para emanciparse./ALFREDO AGUILAR
Ricardo es un joven granadino que vive con sus padres pos las dificultades para emanciparse. / ALFREDO AGUILAR

Los salarios bajos, los contratos temporales y la dificultad de encontrar un empleo son los principales escollos para emanciparse

ROSA SOTOGRANADA

La Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) no deja lugar a dudas: sólo uno de cada diez granadinos consigue irse de casa de sus padres antes de cumplir los 30 años; o, lo que es lo mismo, nueve de cada diez jóvenes no se han emancipado cuando están a punto de llegar a la treintena, según los últimos datos publicados correspondientes al año 2017. Sin embargo, esta última cifra desciende a la mitad si se focaliza únicamente en los granadinos entre los 16 y los 30 años y se omiten los niños menores de 16 años porque todavía no están en edad legal de trabajar, cursan los estudios obligatorios y por norma general aún viven en el núcleo familiar salvo por excepciones puntuales.

Esta encuesta de carácter anual y de la que todavía se desconocen los datos del año 2018 va más allá y permite crear un perfil de estos jóvenes. Según la relación de parámetros publicada por el INE, prácticamente dos terceras partes del total de los jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y los 30 años y viviendo bajo el techo de sus padres finalizaron únicamente los estudios secundarios. Así, un 34,75% contaba sólo con el título de la ESO y un 27,85% había obtenido el correspondiente a Bachillerato.

Por el contrario, sólo un 17,5% de los jóvenes que entre las edades comprendidas vivían todavía en el hogar familiar tenían un título de educación universitaria o superior; y el 12,4% había finalizado estudios de Formación Profesional, de los que el 6,7% eran de grado medio y el 5,7% de grado superior. De esta forma, según el análisis de la última Encuesta Continua de Hogares realizado por IDEAL, se extrae que quienes tienen una formación más elevada también tienen más posibilidades de emanciparse, mientras que el grueso de quienes permanecen más tiempo en el hogar familiar tienen un nivel de estudios más bajo, que se corresponde también con los más jóvenes de la horquilla entre los 16 y los 30 años.

De hecho, los datos del INE indican que el 61,7% de los encuestados todavía está estudiando, frente al 18,6% que está desempleado y, por tanto, tienen mayores dificultades para emanciparse al no disponer de una fuente de ingresos propia. No obstante, el 6% de la muestra de la Encuesta Continua de Hogares de 2017 trabaja a tiempo parcial y el 10,9% lo hace a jornada completa y aún así viven en el hogar de la unidad familiar.

«Precariedad»

Los salarios bajos, los contratos temporales, la dificultad general para encontrar empleo y el elevado precio de los alquileres son los principales motivos de la dificultad que señalan diferentes jóvenes que han compartido con este diario los problemas que padecen cuando se plantean la opción de emanciparse y dejar la casa de sus padres.

Es el caso de Pablo, un granadino de 27 años que estudió un grado medio en Emergencias Sanitarias para ser conductor de ambulancias. Al finalizar estos estudios estuvo trabajando como tal durante seis meses, pero en cuanto acabó este contrato temporal se quedó en el paro. «Si el contrato de conductor de ambulancias hubiera sido más largo, me hubiera ido de casa, pero al ser temporal, preferí ahorrar el dinero y buscar otra cosa», explica Pablo.

Cuenta que estuvo meses buscando empleo, pero ante la «desesperación» por no encontrar nada, empezó el año pasado a estudiar un grado de auxiliar de enfermería. «Pensé que ampliando mi formación tendría más salidas laborales. Terminaré el curso en diciembre y espero empezar el próximo año con trabajo», reconoce animado y vaticina que, en caso de encontrar trabajo que le permita emanciparse, deberá compartir piso con amigos por culpa de un sueldo escaso y un alquiler elevado.

Ricardo se encuentra en una situación parecida. Tiene 26 años y está acabando un grado en Trabajo Social. «Es difícil que pueda emanciparme porque no he encontrado forma de compaginar mis estudios con un empleo, los horarios son imposibles», dice con algo de resignación, y añade: «Me gustaría independizarme cuanto antes, pero depende de si tengo o no trabajo, de cuántas horas y el sueldo correspondiente... Y si me planteo opositar tampoco lo veo viable». Lo que más fastidia a Ricardo son los «contratos temporales de pocas horas y salarios bajos por la precariedad del sector». Por eso, a pesar de querer irse a vivir con su pareja, esperarán un tiempo para mejorar su situación laboral y económica.

Pablo Carretero es un joven ilustrador y diseñador gráfico de 24 años que tal y como acabó sus estudios consiguió un trabajo «de lo suyo» para una campaña publicitaria que duró seis meses. Después de ese breve periodo de tiempo se quedó sin empleo y tras numerosos intentos de encontrar cualquier otro decidió también que la mejor forma para conseguirlo era ampliar su formación. Por ello, empezó la carrera de Bellas Artes con la intención de mejorar su currículum en el ámbito laboral que le interesa.

Este granadino todavía tiene por delante años de estudio en los que ve «complicado» compaginarlos con un trabajo a media jornada, aunque no descarta hacer algún proyecto puntual para «sobrevivir entre tantos malabarismos de horarios». A diferencia de los otros jóvenes, su situación es un tanto diferente, ya que realmente no vive en casa de sus padres porque se tuvo que mudar por estudios pero, sin embargo, los gastos de alquiler y demás facturas recaen en ellos, por lo que realmente no se considera emancipado al depender económicamente de sus padres aunque no viva bajo el mismo techo familiar.

Esta es la misma situación que vive Alia, que al acabar Derecho estuvo trabajando dos años en una oficina como auxiliar administrativa y cuando terminó su contrato empezó a estudiar el actual máster en abogacía, pero en Sevilla. A pesar de no vivir con sus padres, reconoce que todos los gastos recaen en ellos. Alquiler, facturas y manutención, aunque afirma que trata de pagar lo que puede con lo que ahorró durante los dos años de trabajo.

Esta joven de 25 años asegura que por sus horarios es imposible compaginar las clases del máster con un trabajo, a pesar de que ha estado buscando incluso puestos de pocas horas, pero sin buenos resultados. «Hasta los 27 me veo dependiendo de mis padres y ya veremos cómo va luego», dice con algo de resignación. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde.