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Seres humanos, no hay más

«Los que se preocupan por la limitación de los recursos son los mismos que no dijeron ni pío cuando el dinero se iba en la Fórmula Uno, aeropuertos fantasma o vivienda para los fondos buitre»

ALEJANDRO PEDREGOSA
ALEJANDRO PEDREGOSA

La situación está complicada. Cientos de migrantes llegan día sí y día también a los puertos andaluces, entre ellos, muy activo, el de Motril. También son cientos las personas que en alta mar y tierra firme se afanan para evitar lo inevitable, que en algún momento una patera vuelque y mueran los pasajeros; porque sí, son pasajeros. Han invertido todo lo que tienen en comprar un pasaje de destino incierto y rotundo: vida o muerte. No sabemos el nombre de los cientos de voluntarios que salvan a los recién llegados. Conocemos sin embargo perfectamente a quienes utilizan Twitter o las cámaras de televisión para pedir deportaciones masivas porque «los recursos son limitados». Y la verdad, un poquito me da la risa. Aquellos que tanto se preocupan por la limitación de los recursos son los mismos que no dijeron ni pío cuando el dinero de todos se iba en la Fórmula Uno, en aeropuertos fantasma o en vivienda social para los fondos buitre. Ahí no chistaban, vaya por Dios.

Hay dos argumentos contra la inmigración que me encantan. El primero es el de «vienen a quitarnos lo nuestro». En realidad gran parte de «lo nuestro» nos la quitaron hace ya tiempo con la privatización y/o externalización de tantísimos y tantísimos servicios; nos quedan apenas el tallo sin flores de la sanidad pública y una educación venida a menos ante el empuje de la concertada. Así que por ese lado no tenemos que preocuparnos demasiado: «lo nuestro» es ya muy poco. Otro cantar sería que a usted le gustara vender zapatillas falsificadas y CDs de Melendi encima de una manta; entonces sí, entonces estos desdichados han venido a quitarle lo suyo, no se lo niego. El segundo argumento es el pseudointelectual, según el cual la emigración, con sus velos y sus coranes, pone en riesgo los valores liberales y de progreso que Europa se ha ganado con los siglos. Me acuerdo en este punto de Eduardo Haro Tecglen, que contra este pensamiento defendía la fortaleza de la educación pública: dadle a los que llegan escuela y cultura, que ya se irán ellos quitando el velo y los coranes poco a poco, venía a decir. Esta, creo, es la opción más europea de todas, la que hace de la libertad y la democracia herramientas proactivas y de expansión. Europa ha sido ejemplo de libertad y derechos, pero también de fascismos y horror (no se olvide). De nuevo estamos mirándonos ante el espejo: los gobiernos de Italia, Hungría, Austria y parte de Alemania se ven reflejados en una Europa; España, Francia y parte de Alemania en otra. A menudo olvidamos que los grandes valores no son una vacuna de efecto inmediato. Recuerden los conceptos tan precarios de libertad, democracia, respeto o tolerancia que tuvieron nuestras generaciones pasadas. ¿Eran bárbaros? No, sencillamente seres humanos aferrados a la vida tal y como se les daba. Seres humanos aferrados a la vida. No hay más. O se está con ellos o contra ellos.

 

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