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Segundones al poder

«Si usted quiere ganar la porra entre sus amigos, mi consejo es que apueste al candidato de menos peso»

ALEJANDRO PEDREGOSA

Dicen los politólogos que en una encuesta es más importantes la tendencia que muestra cada partido que el porcentaje de votos en sí. No sabemos muy bien qué es eso de la tendencia pero se nos antoja ola invisible o fuerza centrífuga que empuja a los candidatos en la buena dirección. Yo tengo mis propias encuestas (de ciudadano observador) y estoy en condiciones de afirmar que, desde hace unos meses, la tendencia política en España viene marcada por el imparable ascenso de los segundones. Son ellos, con su perfil discreto y su cara de «yo pasaba por aquí» los que a la postre están desbancando del cartel a los primeros espadas que, incrédulos y desnortados, no comprenden su súbita defenestración. Hagamos repaso. Cuántas risas y comentarios sarcásticos mereció la llegada del segundón Pedro Sánchez (Pedro el breve, decían) en la arena política. Segundón fue en las primarias de su partido y segundón a nivel nacional hasta que un día, mira tú por dónde, acabó mandando en el PSOE y en el Gobierno. Y qué decir de su opositor Pablo Casado, que más que segundón partía como tercerón, opacado por las rutilantes estrellas de Cospedal y Santamaría que, contra todo pronóstico, han terminado cada una en su casa (y Dios en la de ambas). ¿Y qué me dicen de Quim? Nuestro querido Quim Torra. De abonar el relleno de una lista electoral a presidir la patria (¡Oh, la Patria!). Aunque sin duda el último gran campanazo (casi coincidiendo con las uvas) lo ha dado el popular Juan Manuel Moreno. ¿No es acaso el político malagueño el ejemplo perfecto del imparable triunfo de los segundones? Un domingo salió de su casa para votar y poner punto y final a su carrera política. Cuando regresó, ya de noche, era presidente de la Junta de Andalucía. Impresionante y, desde luego, todo un síntoma de la nueva tendencia. Tal vez alguien debería explicarle a Susana Díaz esta novedosa anomalía de los devenires electorales. Tal vez alguien debería convencerla para que ceda el testigo a un ignoto segundón -mejor segundona- que vuelva a ilusionar al público socialista que se quedó en casa. Cuatro años de oposición son un barbecho que el PSOE andaluz puede permitirse con la mayor tranquilidad. Su implantación en el territorio es amplísima y el nuevo gobierno tendrá en Vox a una constante pesadilla cuyos previsibles exabruptos y salidas de tono redundarán en claro beneficio de la oposición. ¿Se hará a un lado Susana Díaz para mejorar el futuro de su partido? No lo creo, tendrá que ser un segundón -mejor segundona- quien remueva las aguas desde dentro. Y cuanto antes empiece mejor para los de la rosa. Más allá de eso, el año viene cargado de citas electorales; si usted quiere ganar la porra entre sus amigos, mi consejo es que apueste al candidato de menos peso, ese cuyo rostro en los carteles le provoque media sonrisilla cercana a la conmiseración. Los segundones -no lo dude- han venido para quedarse.

 

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