Los sanfermines desde dentro ¿Cómo vive un granadino esta fiesta?

Carlos y sus amigos en San Fermín. / IDEAL

Carlos Salmerón narra en el corazón de Navarra cómo ha disfrutado de esta celebración

JOSE MENDOZAGranada

«Ha sido una experiencia totalmente nueva y sorprendente. Yo tenía una idea completamente diferente. Ha sido una maravillosa combinación entre comida y bebida en la calle, adornado con el folclore típico del norte de España. Es verdad que, como todas las fiestas, tiene su cosas que te gustan más y otras cosas que te gustan menos, pero sin duda es una experiencia que recomendaría Es una experiencia que hay que vivir en primera persona».

Así define Carlos Salmerón su experiencia en las fiestas de San Fermín, unas fiestas que cada año atraen a Pamplona a gente de todos los rincones del mundo, también desde Granada. Allí, en el corazón de Navarra, este joven estudiante granadino y sus amigos se colocaron el pañuelo rojo al cuello para disfrutar estas tradicionales celebraciones, que en su día enamoraron a Ernest Hemingway, y que, más allá de los toros, el calimocho y la fiesta, «ha supuesto un encuentro cultural muy fuerte».

Tras recorrer los 800 kilómetros que separan las dos ciudades, este joven de 22 años reconoce que una de las principales cosas que llamaron su atención fueron las personas: «Nos dimos cuenta de las diferencias con la sociedad vasca, en la forma de ser de las personas, con el Corpus, por ejemplo, donde la gente es más abierta, tiene más 'vidilla'. Allí eran más cerrados», aseguraba.

«El encierro fue súper rápido, más de lo que parece por la tele»

Los encierros durante los sanfermines son uno de los acontecimientos más conocidos internacional mente, por ello, no es de extrañar que sea uno de los eventos que más personas atrae, ya sea para correr, o como Carlos, para poder conseguir un buen sitio para poder disfrutar de la carrera: «Es muy difícil pillar un buen sitio para verlo. La gente se sube a las vallas o intenta asomarse en los huecos que hay».

Pese a que no se han animado a correr, el granadino ha podido sentir la adrenalina de los que corren delante de los toros, desde una de las vallas situadas en el tramo final del encierro porque «dentro de la plaza estaba lleno y era muy caro», y desde donde ha visto unos toros que «van muy rápido, más de lo que parece por la tele». Otra de las cosas que más le han impresionado son «las aglomeraciones de gente. Te das cuenta que el gran peligro no es el toro sino los otros corredores».

Pese al peligro al que se exponen los corredores, el granadino se ha visto asombrado por el «impresionante dispositivo de seguridad» preparado para cualquier situación: «Nosotros pensamos al principio que la protección era escasa, pero luego te das cuenta que son dos vallas, y entre medias hay policías, equipos médicos, y equipos de limpieza preparados para responder ante cualquier situación. Hay un control muy riguroso en todo Pamplona, cada poco te encuentras con policías locales o antidisturbios con el equipo entero, sobretodo en zonas con mucha gente o durante la noche», ha asegurado.

«Es un ambiente muy distinto a otras fiestas»

«Al principio estábamos un poco perdidos», asegura Carlos, «luego te vas situando, hay muchos ambientes culturales, me sorprendió gratamente la cantidad de eventos distintos que hay». Para él, el ambiente, no es mejor o peor que otras fiestas, «es diferente», pues la gente, lejos de seguir un plan común, «van un poco a su bola, de bar en bar»,con distintos conciertos, donde la música que se ofertaba era «para todos los gustos, desde rock vasco a cosas más universales».

Entre las anécdotas que ilustran esta diversidad, el joven de Granada se sorprendió al encontrar una zona más 'abertzale': «Literalmente nos dijeron que esa zona era 'Pro-Indepencia'. Y la verdad es que se podía escuchar cosas como 'Gora Euskal Herria' y proclamas similares. Luego ya volvimos a la zona donde la gente era un poquito más normal».

Pese a las adversidades del clima, la fiesta se mantuvo, con «conciertos de música típica de la zona, folclore típico del norte de España». Sin embargo, la nota negativa la puso el alcohol y la limpieza: «He estado en el Corpus, fui a las Fallas en Valencia, he estado en la Feria de Sevilla. Nunca, en ninguno de estos eventos, había visto una cantidad de bebida y de basura tan masificado. Es impresionante», relataba el granadino, que también reconoce que existen iniciativas para intentar paliar la situación: «Compras un vaso por un euro y luego lo vas utilizando de bar en bar».

«Se come bien y sin irte mucho de presupuesto»

Otro de los grandes atractivos de estas fiestas de la capital navarra son los 'pintxos', en donde el prestigio de la gastronomía pamplonica sale a relucir, y donde Carlos sólo ha tiene una palabra para describir la experiencia: «Increíble». Entre los sitios que no han querido dejar de visitar, se encuentra el 'Bar El Gaucho', donde pudieron disfrutar de sus mejores platos: «Fuimos a los principales, allí vas combinando tu bebida, ya sea 'calimotoxo', cerveza o un refresco, con los 'pintxos', que suelen ser fríos. Se come muy bien, recuerdo un bocadillo de solomillo con queso y setas que estaba muy bueno».

Al ser de Granada, Carlos no puede evitar comparar con las tapas, especialmente cuando se habla de dinero: «Es algo más caro, pero tampoco es algo que se vaya mucho de presupuesto. De todas formas, es verdad que con las fiestas, los hosteleros suben un poco los precios, tengo amigos de Pamplona, y ellos también lo notan».