Salvador Perpiñá «En verano adopto las costumbres del vampiro»

Nació en Granada hace una cantidad poco recomendable de años. Allí vive hoy empujado por la fácil dulzura del hábito. Lo ha aprendido todo muy tarde. Se gana la vida como guionista, ha escrito un par de libros y piensa seguir dando guerra mientras el cuerpo aguante

Salvador Perpiñá «En verano adopto las costumbres del vampiro»
RAMÓN L. PÉREZ
JAVIER F. BARRERA

En 'Contradiós', su segundo libro de relatos, Salvador Perpiñá ahonda en motivos ya explorados anteriormente mientras amplía nuevos registros. En sus páginas el lector conocerá íntimamente a unos seres problemáticos, dañados, frágiles. Como cualquiera de nosotros. Allí sabrá de sus esperanzas y sus destinos incumplidos, se verá impactado por sus actos insensatos o mezquinos, por su incapacidad para encajar en el mundo.

Mientras tanto, responde a las preguntas como le da la gana.

-¿Cuál es tu sombra favorita y por qué?

-Cualquier rincón del Carmen de los Mártires. Esas frondosidades decimonónicas, con grutas y ninfas, forman parte de mis primeros recuerdos. Bajo su sombra siento como si nada malo pudiera pasar.

-¿Cómo ha ido tu trabajo en este curso?

-Siempre pienso que hago poco, pero he sacado un libro y he escrito un par de guiones, que no es mala cosa. Acabaré siendo un buen alumno.

-¿Qué proyectos tienes?

-Como proyectos que todavía son, da un poco de pudor anunciarlos. Confío en ellos y están en las mejores manos. Crucemos los dedos.

-¿Qué planes tienes para este verano?

-Raras veces hago planes largos en verano. En mi profesión no es infrecuente trabajar en estas fechas, así que soy un especialista en agostos urbanos, algo que forja un carácter.

-¿Chiringuito en la playa o tienda de campaña en el monte?

-Caballero, en verano adopto las costumbres del vampiro.

-¿Tu forma favorita de perder el tiempo?

-La música y reír con los amigos diciendo absurdeces, pero no me parece un tiempo malgastado.

Recuerden que los personajes de Salvador Perpiñá en 'Contradiós' son conmovedores o indignos, son por igual objeto de una mirada que no juzga, que desvela, a veces cruel pero en cualquier caso llena de humor o de piedad.

'Contradiós' nos habla sin amargura, casi con júbilo, de los aprendizajes de la decepción, de las grandes epifanías del ridículo, de la belleza de perder. De lo que mana de un guionista que saltó la rayuela para escribir relatos.

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