La familia granadina que puso color a nuestros recuerdos
Joaquín, María Angustias, Ángel y José María son el corazón de la empresa que, desde el polígono Juncaril, fabrica y distribuye pintura por todo el mundo. Una empresa que arrancó hace 85 años en una pequeña tienda en el centro de la ciudad
La familia camina con paso firme por la calle Loja, en el Polígono Juncaril, junto a un largo muro de ladrillos pintados de amarillo y rojo. «Nuestros colores», se sonríen. Los cuatro –un padre, una madre, dos hermanos– vienen de compartir café, tostadas y recuerdos. Antes de llegar a la puerta de la fábrica, sus figuras recortan una y otra vez, como fotogramas de una película, la única palabra que se repite en el muro. La palabra que llegó sin una traducción, la misma con la que llevan dando color al mundo, de Oceanía a América, desde hace 85 años. La palabra que hoy es memoria y que tanto significa para ellos y para Granada: Kolmer.
«Kolmer es el nombre de un pequeño pueblo alemán», explica Joaquín Ruiz Vico, agarrado del brazo de su mujer, María Angustias Contreras. Ambos, 77 años, han sido durante casi medio siglo los líderes de la única fábrica de pintura de España capaz de realizar el ciclo completo, es decir, desde la misma pintura hasta la última etiqueta del cubo. «Kolmer también es un apellido alemán, porque más de una vez nos han escrito para saber si éramos familia», continúa Joaquín, sonriente. Él y María Angustias entran en las oficinas centrales, el corazón de una superficie de 26.000 metros cuadrados que conforma una de las empresas más grandes del país. «Lo de Kolmer viene de lejos. Verás...».
Joaquín empezó a ser don Joaquín, como le llama todo el mundo en la fábrica, cuando cumplió los 14 años. Su padre, Jesús Ruiz, siempre estuvo en contacto con el mundo de la pintura. De joven emigró a Barcelona, pero después de la Guerra Civil regresó a Granada para montar una tienda en el centro de la ciudad, La Decorativa, ubicada en la calle Cocheras de Santa Paula. La empresa se expandió con una fábrica de pinturas al agua y otra de barnices, lo que obligó a trasladarse a un local más grande en la Carretera de la Sierra.
En el verano de 1962, el pequeño Joaquín dejó los estudios para trabajar con su padre. «Mi primer empleo fue pintar el Banco Bilbao de Isabel la Católica. Todavía tengo el sobre de mi primera paga: 37 pesetas». Su padre, don Jesús, falleció cinco años después, cuando Joaquín sumaba 19 velas. «Tuve que aprender a ser mayor de golpe, no me quedó otra». Uno de los químicos de aquella primera fábrica viajó a Alemania y vio en una estación de tren un destino que, por lo que sea, le llamó la atención: Kolmer. «Yo me quedé enamorado de ese nombre y, en cuanto pude, registré la marca... Lo cierto es que nunca hemos ido a ese pueblo ni sabemos si existe en realidad. Kolmer ya significa otra cosa para nosotros».
Aunque se jubiló en 2018, Joaquín sigue teniendo su mesa en Industrias Kolmer, justo al lado de la de su mujer, María Angustias. Porque este siempre fue, desde el principio, un barco con dos capitanes.
Sobre ello trata la entrevista de 'Sagas Granadinas', el ciclo de entrevistas desarrollado por IDEAL y patrocinado por Cajamar.
La capitana
María Angustias Contreras Molina es una de las grandes empresarias de Granada. Un tótem imborrable, un referente absoluto del feminismo más real en una época en la que la mujer, decían, no pintaba nada en un despacho. Vino de Montejícar con su madre a montar un hostal de 12 habitaciones en Puerta Real. Estudió Enfermería, pero lo dejó cuando vio morir a un bebé en el hospital. Y una noche, en un guateque, su hermano Paco le presentó a un tal Joaquín, un chaval que se dedicaba a la pintura. La boda dura ya 53 años.
Fue la primera mujer en Granada en abrir una cuenta de empresa y, años más tarde, sería la presidenta de la Federación de Mujeres Empresarias de Granada. María Angustias y Joaquín, juntos, hicieron crecer Kolmer como a un hijo más. En 1982 se mudaron a Juncaril, donde fueron ampliando progresivamente, hasta que a principios de los 2000 se construyó la nueva planta que hoy permanece como punta de lanza en el sector.
«Nuestros hijos han seguido con la empresa y esa transición para nosotros ha sido muy bonita»
«Estamos muy orgullosos de lo que hemos conseguido –reflexiona Joaquín, sosteniendo la mano de María Angustias–. Hemos trabajado mucho, pero hemos construido algo que nos hace muy felices». Kolmer, con medio centenar de trabajadores, es mucho más que una fábrica de pintura. La empresa ha mostrado un compromiso por Granada indiscutible, colaborando desinteresadamente con Cruz Roja, Granadown, la Orquesta Ciudad de Granada, el Festival Internacional de Música y Danza... o impulsando a deportistas y talentos emergentes y apoyando a jóvenes emprendedores con la financiación de startups a través del Fondo Kolmer. «Es obligación de cualquier empresa apoyar el entorno donde está. Qué menos».
Mientras Joaquín y María Angustias pasean por su historia, por sus recuerdos, sus hijos, Ángel y José María, escuchan emocionados como si fuera la primera vez. «Lo de ser una empresa familiar es muy bonito –señala Joaquín, mirando a su alrededor–. Somos dos generaciones distintas, con dos puntos de vista muy diferentes. Hoy día, a Dios gracias, se mira mucho más la conciliación familiar. Nosotros nunca abandonamos a nuestros hijos, pero hoy se vive la familia mucho más. Eso es bueno». «Hemos tenido suerte», termina Joaquín, sin separar sus dedos de los de María Angustias, que mira al pasado, al presente y al futuro, todo al mismo tiempo. «Nuestros hijos han seguido con la empresa y esa transición para nosotros ha sido muy bonita».
La familia, hace unos años
La familia, ahora
Los hermanos
Ángel Ruiz Contreras, el hermano mayor, es el director general de Kolmer. «Creo que hemos sido empresarios desde que nacimos», afirma. «Lo hemos vivido desde el principio, es parte de nuestra historia. Seguir en Kolmer era una continuidad, parte de nuestro día a día». Luego observa a sus padres, sentados en la mesa de siempre, y no puede evitar sonreír. «Los grandes empresarios son ellos, nosotros todavía tenemos que demostrar cosas».
José María Ruiz Contreras, el hermano pequeño, es gerente y consejero delegado de Kolmer. «La empresa es un gran legado, pero es mucho más grande la educación que nos han dado, la formación, la seriedad, el respeto por la gente, por los trabajadores, por lo clientes, por los proveedores... Mis padres nos dejan una forma de vida, una manera de hacerte respetar y de respetar a todo el mundo por igual. Nunca olvidaremos de dónde venimos. Y eso ayuda a pensar adónde queremos llegar».
«Mis padres nos dejan una forma de vida, una manera de hacerte respetar y de respetar a todo el mundo por igual»
Industrias Kolmer lleva 50 años fabricando y distribuyendo pinturas desde Granada a los cuatro vientos: Europa, Asia, Oceanía y América. Sus botes, como los ladrillos rojos y amarillos de la fachada, han ayudado a construir a todo color los recuerdos más queridos, un álbum de fotos que no se puede borrar ni olvidar, por más que vengan tempestades. María Angustias, los dedos entrelazados, escucha a sus hijos y los ojos se le llenan de unas lágrimas hondas, orgullosas e inevitables. Después observa a su familia en ese lugar que no es un nombre alemán ni un pueblo perdido. El lugar que no olvida. Kolmer.
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