«Robé porque hay que comer y de donde vengo las puertas están cerradas»

Internos atienden a los asistentes a la cata de productos mediterráneos. /ALFREDO AGUILAR
Internos atienden a los asistentes a la cata de productos mediterráneos. / ALFREDO AGUILAR

Diecisiete internos participan en un ciclo de formación de ayudante de cocina, que pretende facilitar la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social

P. GARCÍA-TREVIJANOGRANADA

«¿Crees en los prejuicios de la gente? Porque hayamos estado en la cárcel, ¿ya no merecemos una oportunidad para trabajar? Somos personas y hay que acabar con esos prejuicios. No ven que quizás nos hayan faltado oportunidades. Vengo de la zona Norte, lo único que he visto ha sido la calle y es lo que me ha llevado a prisión. Robé y estuve vendiendo droga. Hay que comer y de donde vengo las puertas te las cierran de par en par». Así se sincera Brígido, un hombre alto y corpulento de unos 35 años de edad.

Salir de la cárcel, rehacer tu vida de nuevo, buscar trabajo, obtener una oportunidad y que la sociedad supere los estereotipos que se vinculan a los exconvictos no es tarea fácil. Sin embargo, gracias a la formación como ayudantes de cocina, Enrique, Rafael, Juan, Sergio, Jorge, Jaouad, José Manuel, Antonio, Brígido, David, Dolores, Carmelo, Josefa, María del Pilar, Daniel, Ángel y Ricardo, podrán optar a un empleo en la hostelería y la restauración . Todos ellos cumplen la parte final de su condena en Albolote y, según apunta Brígido, si los diecisiete se presentasen a Master Chef, ganarían.

En los diez meses de formación, en el CIS Matilde Cantos Fernández, «han aprendido de todo». El equipo tuvo la oportunidad de demostrarlo durante la cata de aceites y panes que tuvo lugar ayer en la sede de Arca empleo Granada. Ahora, pendientes de cumplir sus condenas, comenzarán un periodo de prácticas y de servicios sociales dentro del sector. Cada uno con una meta distinta, algunos como Carmelo, 33 años, han descubierto nuevas pasiones.

«Tengo más motivación a la hora de encontrar empleo. Me gusta preparar paellas y quiero probar en la hostelería. Cuando salga, en 15 meses , espero tener futuro. Me da igual donde sea», sentencia. Sin embargo, Pilar, una malagueña de 36 años, explica las vicisitudes a las que han tenido que hacer frente : «Tanto mis compañeros como yo nos encontrábamos en una situación difícil y nos dieron la oportunidad de trabajar en este programa. Ha sido una experiencia laboral y personal muy bonita. Antes de entrar en prisión trabajaba en la hostelería, en un asador familiar, pero sin ninguna formación y esto me va a servir para estar preparada cuando me incorpore en tres años», agradece.

Los diecisiete integrantes comparten la misma preocupación: que la sociedad no sea capaz de brindarles una segunda oportunidad. Jaouad, vecino de Coín (Málaga), quiere volver a su hogar con su mujer y sus hijos. Ha disfrutado su experiencia entre fogones pero espera poder continuar con su profesión en la construcción. Entró en el centro penitenciario de Albolote hace dos años, tras ser condenado en 2008 por un delito relacionado con las drogas. En unos meses podrá recobrar su libertad y mientras tanto disfruta de los permisos penitenciarios junto a los suyos en Málaga. «Espero encontrar trabajo pronto, la formación nos ha aportado mucho personal y profesionalmente», reflexiona.

Máximo Martínez, subdirector del Centro de Inserción Social, manifestó visiblemente emocionado, en nombre del centro de instituciones penitenciarias, el deseo de que los reclusos aprovechen esta oportunidad. «Es un punto de inflexión en la vida que habéis llevado hasta ahora. Sois estupendos y he sido afortunado al poder comprobarlo».

El programa, desarrollado por La Caixa y el Ministerio del Interior, les facilitará un empleo una vez finalice su formación. Entre 2013 y 2018, la entidad bancaria ha impulsado seis módulos en operaciones básicas de cocina adaptadas a las necesidades empresariales de la provincia.

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