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«Reconozco que eché el perro a mi serpiente pero estaba muerto; no le latía el corazón»

La pareja que publicó la foto del reptil comiéndose un cachorro, durante el juicio celebrado en el Juzgado de lo Penal 3./IDEAL
La pareja que publicó la foto del reptil comiéndose un cachorro, durante el juicio celebrado en el Juzgado de lo Penal 3. / IDEAL

La fiscalía y la Asociación Animalista Montes Orientales mantienen sus peticiones de cárcel para la pareja acusada de alimentar a una pitón con animales vivos

YENALIA HUERTASGRANADA

R. C. y su novia, ambos vecinos de Loja, colgaron a finales del verano de 2016 un anuncio en Internet con una foto que les ha llevado directos al banquillo. En la instantánea salía una pintón engullendo un cachorro de perro. La vendían a 250 euros porque él tenía que ingresar en prisión en enero de 2017 y no iba a poder cuidarla. Aparte les hacía falta el dinero. Tanto que, ante el poco éxito del anuncio, la rebajaron a 150 euros. «Reconozco que eché el perro a mi serpiente, pero estaba muerto», declaró ayer en el juicio R. C., que se declaró amante de los animales en su derecho a pronunciar la última palabra y que insistió durante su interrogatorio en que el can no tenía vida. «No se movía, no tenía pulso y el corazón no le latía».

Que el perro estuviera muerto o vivo es clave para el desenlace del caso, pues R. C. y su novia están acusados de un delito de maltrato animal. El can era al parecer de una camada de la perra de él, que había parido cuatro cachorros y el último murió, por lo que aprovechó que «estaba aún caliente» para dárselo al reptil, al que, según garantizó, siempre alimentaba con «ratas y ratones congelados». Era, dijo, la primera vez que lo hacía.

Fue el propio R. C. el que hizo la fotografía, pues la serpiente era suya. En la imagen se observaba, como describieron los agentes del Seprona de la Guardia Civil que elaboraron el atestado, al perrito «con los ojos vidriosos», una vena «hinchada» y «color rosado», lo que les llevó a concluir, por su experiencia profesional, que aquel cachorro estaba vivo. No obstante, ayer admitieron la posibilidad de que estuviera recién muerto.

Se enfrentan a penas de hasta un año y 10 meses de prisión por supuesto maltrato animal

J. A., una colaboradora de la Asociación Animalista Montes Orientales que se topó con el anuncio navegando por Internet, también pensó que el animal estaba vivo. «Pregunté por curiosidad», afirmó ayer la testigo en la sala, antes de afirmar que la acusada -con la que contactó por WhatsApp- le especificó que los animales se los echaban «vivos». Le dijo, según afirmó, que la alimentaban «con cachorros de perro, de gato y a veces pájaros». Asombrada por la información y «flipando» aún con la imagen publicada, J. A. dio la voz de alarma y el caso acabó judicializado.

«Me encantan los animales y además tengo dos perros y los quiero más que a nadie», expresó por su parte la novia de R. C., que se desvinculó del cuidado y alimentación del animal. Ella se limitó a subir la foto a Internet, una acción que ya está pagando caro, según desveló, pues además de verse inmersa en la causa fue identificada en redes a raíz de salir a la luz pública el caso y perdió unas prácticas que iba a hacer en el marco de sus estudios de auxiliar de veterinaria.

La joven señaló que si reconoció a la persona interesada que contactó con ella -la testigo J. A.- que la pitón comía «animales vivos» fue porque se sintió presionada. En este punto, explicó que aquella compradora potencial le insistió en que quería que la serpiente cazase y no que comiese roedores congelados, y como les urgía venderla, le dijo aquello. «Mentí, me lo inventé todo», garantizó. «Esa persona me estaba dirigiendo para que yo dijera que sólo comía vivos, porque si decía otra cosa no me la compraba», añadió.

En sus conclusiones definitivas, la fiscal solicitó un año de cárcel para los acusados, mientras que el abogado de la acusación que ejerce la Asociación Animalista Montes Orientales, Aritz Toribio, mantuvo su petición de un año y diez meses de prisión para cada uno, por entender que ambos cometieron un delito de maltrato animal «continuado», ya que sospecha que no era la primera vez que dieron animales «vivos» a su exótica mascota. Reclamó asimismo que se les inhabilite para tener animales durante cuatro años y censuró la «falta de sensibilidad deleznable hacia los animales» mostrada por la pareja, al tiempo que recordó que la muerte por constricción es «lenta y agónica».

Por su parte, los abogados defensores de la pareja, Patricia Martín-Vivaldi Carralcazar y Pedro Ferrandis Suárez, pidieron la libre absolución al entender que no se había probado que el cachorro estuviera vivo. Además, la abogada de la acusada barajó un posible móvil económico tras la denuncia de la asociación, pues tras darle publicidad al caso, el colectivo, que funciona gracias a donaciones, ha ganado «seguidores». De igual modo, puso el acento en que las preguntas que formuló vía WhatsApp la testigo a su clienta fueron «sugerentes y capciosas» y encaminadas a formular la denuncia.

Tras los informes finales, el caso quedó visto para sentencia. Ahora el magistrado que lo ha enjuiciado, el titular del Juzgado de lo Penal 3, habrá de valorar las pruebas y determinar si los hechos merecen reproche penal o si aplica, como sugirió una de las defensas, el principio de 'in dubio pro reo' (en caso de duda a favor del reo).

 

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