Marta Domínguez, un icono que se tambalea

Las sospechas sobre la palentina destruyen la reputación del atletismo español

ANTXON BLANCOSan Sebastián
Marta Domínguez, un icono que se tambalea

Pelo rubio platino. Sonrisa contagiosa. Amplia dentadura. Cinta rosa en la cabeza. Una leona en los últimos metros. Perfecta en estrategia. Mentalidad de campeona. Así es el icono del atletismo femenino español que ahora se tambalea.

Marta Domínguez se ha ganado el derecho a ser considerada como la mejor atleta española de la historia. Una vitola que comenzó a forjar desde que en 1993 se proclamara campeona de Europa júnior en el estadio de Anoeta, la misma competición y pista donde se dio a conocer Reyes Estévez, pupilo actualmente de Manuel Pascua Piqueras, entrenador que igualmente parece estar implicado en la Operación Galgo. Marta Domínguez, 35 años, lo mismo ganaba a los chicos de su pandilla en una carrera en su Palencia natal, que metía goles en partidillos de fútbol contra chavales mayores, que se arrugaban ante la fuerza y poderío de aquella niña no muy alta (1,62 m). Aquel genio competitivo le ha llevado a ser una de las atletas del mediofondo y obstáculos más admiradas internacionalmente en los últimos años.

Sus inicios en los 1.500 metros le han permitido mantener una punta de velocidad determinante en sus éxitos. Pero como Marta ha sido siempre muy lista, enseguida supo que en esa prueba no llegarían sus logros por culpa, precisamente, de su limitada velocidad frente a sus rivales.

Su refugio dorado llegaría en los 3.000 y 5.000 metros. Pruebas con un elevado grado de estrategia y en la alta competición, con necesidad de lanzar un sprint definitivo a falta de 200-300 metros. Y ahí Marta ha sido una de las mejores del mundo como lo demuestra su sobresaliente palmarés: medallista desde los Europeos de 1998 (bronce); segunda en los mundiales de 2001 y 2003; campeona de Europa en 2002 y 2006.

Posteriormente llegó su paso a los obstáculos donde sumó, por el momento, el mayor éxito con el título mundialista en Berlín 2009, además del subcampeonato europeo en Barcelona el pasado verano.

¿Y los Juegos Olímpicos? Esa es su espina. Una gripe le dejó KO en Sidney 2000; una lesión le apartó de los Juegos de 2004 y un maldito obstáculo, a falta de 250 metros, en el estadio de Pekín en 2008 le privó de una medalla segura.

Precisamente Marta sigue en el atletismo sólo con el objetivo de subir a un podio olímpico. Ella reserva energía para Londres 2012. De hecho había renunciado a competir en el Mundial de Corea el próximo verano al quedarse embarazada, ahora mismo de cuatro meses.

La Operación Galgo puede borrar de golpe su sueño olímpico. Eso sí, la mancha quedará en su hasta ahora impoluta trayectoria. Quién sabe si necesitará echar mano de esa cinta rosa que viaja con ella desde que su tía la peluquera se la regaló para que se recogiera el pelo y con la que ha vivido momentos tan especiales. El fetiche quiere volver a volar encima de la cabeza de la mejor atleta española de todos los tiempos. Y Marta más que nadie.