El tren de Tezanos
Sin números exactos del Portal de Transparencia, nos despachan con un porcentaje. Pero IDEAL tiene los datos y los publica este lunes. No son ni buenos ni malos; simplemente, los datos. No es una crítica a la gestión del Gobierno; simplemente, la necesidad de reivindicarse como ciudadanos ante el muro de la administración
Fue el ministro Óscar Puente quien puso cifras exactas a la puntualidad de los trenes en sendas comparecencias en las cámaras parlamentarias en las postrimerías ... del verano. Según dijo, el 68,2% de los 71.062 viajes realizados hasta entonces llegaron en hora y solo 5.992 servicios tuvieron un retraso de entre 15 y 30 minutos. Preguntados a través del Portal de la Transparencia en reiteradas ocasiones por la cifra concreta de Granada, Renfe y el ministerio justifican, poco menos, que extraer el dato sería como colapsar el Gobierno. Resulta llamativo que si ya se conoce el origen y destino de los 5.992 trenes con demora –ni uno más ni uno menos– se tenga en cambio un desconocimiento supino de cuántos de ellos pasaron por la estación de Andaluces. Salvo que el 68,2% sea una estadística extraída de una encuesta de Tezanos.
En las últimas semanas hemos celebrado –y publicado en portada– que ya se encuentre en marcha toda la variante de Loja, lo que reducirá el trayecto a Madrid en 15 minutos. O que se suprima a partir de diciembre una de las dos paradas de Antequera; una maniobra –hasta hace poco 'imposible'– que recortará el tren madrugador otros diez minutos.
Sorprende –y hasta enternece– que algunos que se han percatado de este avance por IDEAL celebren ahora como un logro algo a lo que se opusieron cuando este periódico recogió las 11.317 firmas. En aquellos momentos lo consideraban una reclamación capitalina y hasta promovieron una contracampaña. Ni siquiera se opusieron públicamente cuando el PSOE de Málaga presentó iniciativas en las instituciones para que se mantuviera la doble parada de Antequera; sin tener en cuenta que hay catorce trenes de alta velocidad con origen o destino en Málaga que pasan de largo de este municipio. La vertebración del territorio a costa de los granadinos. Bienvenidos al tren.
Lo que IDEAL hace es una reivindicación de transparencia. La necesidad de alzar la voz ante la maraña burocrática para defender nuestro papel como informadores e intermediarios entre el poder y los ciudadanos. Ni siquiera presuponemos que los datos que se ocultan sean negativos ni los ponemos bajo sospecha. De hecho, los tenemos; los hemos conseguido por nuestros propios medios y los publicaremos este lunes. ¿Para dejar en evidencia a la administración o al Gobierno? Simplemente, para reivindicar que nos tomen en serio. Y porque tenemos que tomarnos en serio a nosotros mismos. Y a vosotros; nuestros lectores.
EL ABAJO FIRMANTE
En contra de lo que se suele decir, el trabajo de un reportero no consiste en hacer preguntas, sino en encontrar respuestas. Pero se lo repito a mis redactores –mi catón no tiene más de cuatro frases hechas–: el silencio también es noticia. Nunca iría a buscar oro con un reportero que se rinda al primer desaire.
Los desplantes de Renfe –donde niega la información de los trenes granadinos– los firma el director general adjunto a la Presidencia, Estrategia y Relaciones Institucionales, el granadino –de Santa Fe– Sergio Bueno Illescas. Supongo que yo también habré suscrito alguna vez alguna cosa que no comparto. Como diría Pedro Sánchez, «no me consta».
Anoto en la libreta algunas frases del discurso de Gerardo Cuerva esta semana a los empresarios. «¿Qué ha pasado hasta ahora con nuestros representantes en el Congreso y en el Senado? Creo que cuando gobiernan unos les basta lo mínimo, mientras, los otros protestan. Y cuando cambian las tornas, cambian las posiciones… pero seguimos igual: a unos les basta lo mínimo y los otros protestan». Pero esa reflexión nos la tendríamos que aplicar todos.
En realidad, todos los dirigentes públicos reivindican los mismos grandes proyectos –o no– según el lado de la tapia que le toque en ese momento. En esta provincia ha progresado –sobre todo en política– el que se quedó quieto. He visto políticos de época no tan pretérita, que se sacaron hasta carreras en sus tiempos de asueto como cargo público, indignarse por que la sociedad civil –mucho peor, los periodistas– reinvidicara lo que ellos no consiguieron; los agravios que se tragaron por el silencio de nómina.
Hablaba Gerardo a los empresarios de la necesidad de contar con un plan estratégico para el Ifmif-dones; pero hace cuatro meses que destapamos esta carencia en IDEAL, aportamos hasta medio centenar de propuestas, y nadie ha hecho nada.
Eso nos pasa. Que somos muy dados al exabrupto, la indignación y los ultimatums. Pero resulta muy barato tomarnos el pelo.
CRIBADO DE CIFRAS
Hasta la pandemia, de un político desconfiábamos de su palabra pero teníamos la certeza de los números. Todo cambió. Las administraciones ni siquiera eran capaces de contar a nuestros muertos. Las cifras dejaron de ser fiables para convertirse en un acto de fe. Y es más fácil creer en cualquier deidad que en los números impares.
La Junta asegura que las afectadas por los cribados del cáncer de mamá son 2.317 mujeres. Y, de momento, no hay base documental para sostener lo contrario. Pero, al margen de los datos, están las sensaciones. Combatir las dos dimensiones de la crisis es lo más complicado.
No son las estadísticas sino las emociones y las percepciones las que han sacado a mujeres –y hombres– a la calle. Hasta la multitudinaria –lo de 'multitud' no deja de ser un concepto subjetivo– frente a San Telmo el pasado domingo. El portavoz del PP en el Parlamento, Toni Martín, lo calificó de fracaso, al mismo tiempo que el consejero Antonio Sanz tendía la mano al diálogo. Donde faltó diálogo y comunicación fue entre Martín y Sanz. Debe controlar la Junta estos mensajes. También la oposición cuidar la politización excesiva de una reclamación que ha tenido un germen social.
UN 'REEL' ES 'LEER' AL REVÉS
Acudo el jueves a las jornadas 'Leo o escroleo' que organiza el Consejo Escolar de Andalucía en Granada. Cuatrocientos chavales que, seguramente, tengan mejor cosa que hacer que leer –no seamos muermos, las hay–, pasan la mañana pendientes –es un decir– de unos puretas que les intentan convencer de lo apasionante que resulta la lectura. Es curioso, pero cuando nos hacemos viejos todos leíamos de niños.
Rompe con los discursos Pablo Morillo, director general de la Fundación José Manuel Lara. «No tengo claro que leer nos haga mejor personas. Hay mucha gente que lee y es idiota», anoto la frase en la libreta. Y le doy vueltas para intentar rebatirla. Pero es aplastante. Además, pocas cosas resultan más peligrosas que un idiota leído.
Seguramente, el problema sea que también hay mucho descerebrado que escribe libros, porque es más fácil publicar cualquier parida que hacer relojes de madera. En este país hay quien ha escrito más libros de los que ha leído.
'Más leer y menos reel', se titula la mesa en la que participo. 'Reel' –esos vídeos cortos de las redes sociales– es 'leer' al revés. Acabar con la capacidad crítica de una sociedad. Pero, ¿cómo competir contra la tentación de la imagen? ¿La fugacidad de las impresiones? Pensar es muy cansado.
Apunto la reflexión de Espido Freire: «La lectura te salva de lo difícil que es ser uno mismo cuando te ponen contra las cuerdas».
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