La repostería alpujarreña triunfa también en verano

Madre e hija, propietarias de la empresa familiar 'Repostería Ibáñez Aguado' de Ugíjar./
Madre e hija, propietarias de la empresa familiar 'Repostería Ibáñez Aguado' de Ugíjar.

Un ramillete de turroneros y confiteros de la comarca mantiene viva la tradición heredada de sus antepasados

RAFAEL VÍLCHEZ

La Alpujarra ofrece durante todo el año turrón artesanal, dulces y exquisitas frutas confitadas. Soplillos, turrón de almendra, roscos de manteca, vino o anís, tortas de chicharrones, pestiños, borrachuelos, buñuelos, roscos fritos, peñascos, papoviejos, pastel de frambuesa, pan de higo, bollos de aceite, dulce de calabaza, boniatos en almíbar, mermelada de mora, entre otros productos, suponen una estupenda muestra de la gastronomía de la Alpujarra, que mantiene su sabor casero.

La Alpujarra se hizo famosa hace siglos gracias a su exquisita y variada repostería, heredada en su gran mayoría de los moriscos y repobladores castellanos y gallegos. La repostería alpujarreña conserva ingredientes tradicionales y autóctonos como la almendra, la miel o el higo. En Ugíjar, cuna del turrón alpujarreño, un ramillete de famosos artesanos como la familia Valverde, Pedro Ibáñez, y Juan Ibáñez, elaboran turrón y productos confitados con las mismas recetas heredadas de sus ancestros. También, desde hace años, la familia de Miguel ‘El Dulcero’ fabrica excelentes productos en Válor. En Albuñol también confeccionan excelentes productos.

Asimismo, en la mayoría de las tahonas y obradores de los pueblos de la Alpujarra, además del pan, los bollos y las roscas, se elaboran una exquisita gama de productos con sus toques personales. La Alpujarra cuenta también con turroneros en Válor y Cádiar. Además, en Murtas fabrican soplillos, licores, productos elaborados con higos, caramelos de miel, limón, eucalipto, frambuesa…

En Pampaneira y Pitres también se elabora chocolate casero. A modo de ejemplo, los genuinos productos de Repostería Servando (Cádiar) y los que se fabrican en las tahonas de Órgiva, Pampaneira, Capileira, Pórtugos, Turón, Trevélez, Cádiar, Alpujarra de la Sierra, Válor, Laroles, Rubite, Albuñol, Lanjarón, Pitres, Ugíjar… son muy solicitados. Merece la pena visitar cada panadería de la Alpujarra porque además del pan venden otras cosas elaboradas con mucho primor y cariño. Notáez, anejo de Almegíjar, tuvo en otros tiempos muy buenos dulceros y turroneros que vendían lo que hacían en las ferias y fiestas de los pueblos y aldeas.

Uno de los turroneros y dulceros de Ugíjar es Pedro Ibáñez. Este repostero ha indicado que “cuando se acerca la Navidad tengo que ampliar la producción. Ahora estoy ampliando mi fábrica artesanal para poder atender durante todo el año a mis clientes. Yo confecciono turrón, soplillos elaborados con almendra, azúcar y clara de huevo, calabaza, peras, boniatos y otras frutas confitadas, roscos de vino, bizcochos… Mis productos son muy solicitados y los vendo en mi tienda y en las fiestas de muchos pueblos de Granada y Almería”, relató.

Se tiene conocimiento de que un familiar de los actuales turroneros de Ugíjar, Pedro Ibáñez Romera, en los años 30 del siglo XIX ya confeccionaba con la ayuda de otros familiares el célebre turrón de Ugíjar. Después, tras morir este artesano en 1861, casi todos sus descendientes se dedicaron a este menester, distribuyéndolo por la comarca en caballerías que soportaban las arcas de turrón, en donde iban además los pesos, el papel para envolver, y las cuchillas y martillos para trocear los enormes bloques de turrón de almendra.

Miguel Ibáñez es otro turronero de la Alpujarra que ha dejado hace unos años la tarea a sus descendientes. Miguel ‘El dulcero’, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de turroneros, nació entre turrones, en Ugíjar. Hace unos años se estableció a la entrada de Válor, cerca del acceso del anejo de Nechite. Los dos hijos de Miguel venden muchísimos turrones y dulces en su casa y en las fiestas, mercados y ferias.

Según la familia Ibáñez “los roscos y trozos de calabaza los introducimos en recipientes con agua y cal. Luego los ponemos a hervir y después a escurrir. Después, le echamos azúcar, y a los pocos días volvemos a realizar la misma faena. Durante un mes repetimos este proceso cada cinco días, para que el producto salga superior, con unos toques magistrales heredados de nuestros antepasados. Los dulces de calabaza, los que tan bien cantaba Carlos Cano en una de sus canciones, los introducimos en unos recipientes de barro para conservarlos muy bien, como dicen que lo hacían los árabes en esta zona”, manifestó.

La familia Ibáñez dice que los ingredientes del turrón son la miel, el huevo y la almendra. El turrón lo hacemos de la siguiente forma: batimos claras de huevo y azúcar con un cucharón de palo, añadimos miel y, cuando está todo bien mezclado, lo ponemos al baño Maria sin dejar de moverlo durante unas tres horas, a fuego lento. Cuando el producto está espeso le añadimos almendras peladas y tostadas. Después, el turrón lo echamos en un molde grande cubierto con oblea. Nosotros fabricamos bloques de turrón que llegan a pesar 25 kilos. El turrón solemos cortarlo ya duro con una cuchilla o piqueta especial. A nuestros clientes les encantan que lo troceemos delante de ellos y que le demos un trocito de turrón para matar el gusanillo”, aseguran estos artesanos confiteros.

 

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