La Rambla del Banco celebra sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Fátima

Barra montada para la celebración de la fiesta/Rafael Vílchez
Barra montada para la celebración de la fiesta / Rafael Vílchez

En esta pedanía de Cádiar llegaron a residir un centenar de personas pero ahora los moradores se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dos apéndices

Rafael Vílchez
RAFAEL VÍLCHEZ

La aldea alpujarreña de La Rambla del Banco, perteneciente al municipio alpujarreño de Cádiar, ha celebrado sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Fátima. Los encargados de las fiestas han sido: Teresa López (nieta del célebre Nicasio), Inma López y Manuel López. El arroz con carne y pescado lo cocinaron gratuitamente para todos los asistentes Paco Zamora y Eloy Olvera, de Adra. La misa corrió a cargo de Carlos el sacerdote de Cádiar. Hubo merienda. Paco López se encargó del baile. Al atardecer tuvo lugar la procesión. En La Rambla del Blanco residen constantemente tres personas. En otros tiempos llegó a tener un centenar de vecinos. El profesor y exdiputado Francisco Tarifa nació en este lugar.

La liturgia se celebró en el antiguo salón de las escuelas nacionales inauguradas en 1960. El espacio para que los niños pudieran aprender a leer, escribir y hacer cuentas lo donó, solo para ese fin, Antonio Moreno 'El carpintero' de Cádiar, fallecido hace 18 años. Por cierto una de sus hijas estando en la fiesta dijo que ella reclama ese espacio «porque fue una sección y se acordó que cuando dejara de existir la escuela de La Rambla del Banco pasara otra vez el espacio a nuestra familia», aseguró.

La Rambla del Banco ha perdido hace poco tiempo a uno de sus hijos: José López, de 76 años de edad. Su familia y sus vecinos y amigos lo están echando mucho de menos porque era una gran persona, un todo corazón. Él adoraba el campo, el pastoreo, las matanzas caseras, las palomas (tenía más de un centenar), etcétera. Su familia, sus hijos y sus nietos le adoraban. Hubo un tiempo en que López recorrió la Alpujarra para vender quesos artesanos elaborados en su casa con leche de su ganado. Su mujer trabajó muchísimo para sacar también la casa adelante.

La Rambla del Banco es casi una aldea fantasma. No por que sus moradas estén en estado ruinoso, sino por que apenas viven vecinos de forma habitual en este lugar situado a 1.190 metros de altitud. Eso sí, los fines de semana y durante el verano se anima un poco el ambiente en las calles y plazoletas cuando llegan algunas familias de esta zona que tuvieron que emigrar para poder progresar. Este lugar sigue casi intacto, como si el tiempo no hubiera pasado por él. Cuando llega uno a la Rambla del Banco puede contemplar casi siempre a los dos anos de Casimiro comiendo hierba.

Hace unos lustros la Comunidad Europea dotó a esta aldea de una planta de energía solar pero al poco tiempo dejó de funcionar al parecer por falta de mantenimiento y dejación. Pasear por las calles de este tranquilo lugar convierte en la mayoría de los casos en un andar solitario. Aquí no existe turismo de masas, atascos, ni calles abarrotadas de gente ni tiendas. La despoblación sigue siendo uno de los graves problemas que sufren numerosos lugares de la comarca de la Alpujarra. En algunos sitios existen más perros y gatos que habitantes.

En la Rambla del Banco llegaron a vivir un centenar de personas. A esta zona le llaman así por que en otros tiempos hubo un banco para herrar las bestias de la aldea y alrededores. Este lugar llegó a tener 15 pares de mulos para arar, trillar y transportar mercancías. Antiguamente los habitantes de esta aldea se dedicaban a la agricultura de sol a sol y al pastoreo. Una maestra se encargaba de dar clase a unos 70 niños y niñas de La Rambla del Banco y de los cortijos: 'Los Morones', 'Los Castaños', 'Pescaero', 'Los Olivillos', 'Los Almendrillos', 'Los Cirujanos', 'El Millonario', 'Los Sacristanes', 'La Cuesta Guitarra', 'La Nevá', 'Los Cañillas', 'Los Curas', 'La Pizarra', etcétera.

En la ermita de la Virgen de Fátima en otros tiempos se celebraron misas, bautizos, primeras comuniones y casamientos. Los enterramientos, se realizaban y se siguen realizando, antes llevados a hombros durante más de dos horas, y ahora en un vehículo funerario, en el cementerio de Cádiar. De La Rábita llegaban andando vendedoras de pescado. Ahora la mayoría de las viviendas están relegadas a segunda residencia de fin de semana o verano. Esta aldea nos traslada a otras épocas. Lo primero que sorprende es la deliciosa estampa que ofrece en la distancia encaramada sobre un cerro salpicado de almendros centenarios que domina el paisaje circundante. La Rambla del Banco tiene fama de tener excelentes viñedos y buen vino. Antiguamente contaba también con buenos troveros y músicos de cuerda. Eran otros tiempos.