15 meses de cárcel por matar de un tiro y cortar el cuello a un perro en Monachil

Este era Chico, un alegre y juguetón border collie. /FOTO CEDIDA A IDEAL POR LA ACUSACIÓN PARTICULAR
Este era Chico, un alegre y juguetón border collie. / FOTO CEDIDA A IDEAL POR LA ACUSACIÓN PARTICULAR

El juez condena al acusado a indemnizar por daño moral al dueño del animal, que percibirá 3.500 euros por el dolor que le causó saber que su can sufrió «un ataque tan violento e injustificado»

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGRANADA

Si perder a una mascota es algo doloroso, más lo es si cabe saber que ha sido víctima de un acto violento. Y eso es lo que la justicia ha considerado probado en el caso de Chico, un alegre y juguetón border collie cuyo cadáver fue localizado por su dueño, en febrero del año pasado, dentro de un saco en Monachil. Le habían disparado y cortado el cuello. El amo de Chico, R. M., cobrará 3.500 euros por el daño moral causado, así como 270 más por el valor del animal, mientras que el acusado de tan deplorable acción, A. F., ha sido condenado a 15 meses de prisión.

IDEAL ha tenido acceso a la sentencia de este caso, que ha sido dictada por el Juzgado de lo Penal número 2 de Granada y que puede ser recurrida. En ella, el magistrado Antón Henares considera al acusado autor de un delito de maltrato animal, por el que además de un año y tres meses de cárcel le impone la pena de tres años de inhabilitación especial «para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales». Tampoco podrá A. F. tener animales en todo ese tiempo, durante el que se le priva además del derecho a tener y portar armas.

«El perro en cuestión era de compañía, lo que aumenta el lazo o vínculo afectivo con su propietario», advierte el juez, que admite que contra Chico se ejecutó «un acto violento de tal naturaleza que le causa la muerte». Esta circunstancia, según agrega, «incrementa el dolor sufrido por su propietario, al ver cómo su perro ha sufrido un ataque tan violento e injustificado». El cadáver de Chico quedó olvidado en el interior de una bolsa en un terraplén, en un cruce frente al arroyo de Huenes, una escena «que a buen seguro -agrega el juzgador- generó en R. M. un impacto emocional relevante que merece ser resarcido por esta vía».

La indemnización que el amo de Chico percibirá si el fallo adquiere firmeza había sido solicitada por su abogada, la letrada María Josefa León, quien le ha representado como acusación particular en la causa. Ella pedía 18 meses de prisión, mientras que la fiscalía reclamaba 12, pero el juez fija la pena en 15 al tener en cuenta «la forma de ejecutar el hecho». El acusado no tenía antecedentes penales y, como la condena es inferior a dos años, podrá solicitar la suspensión de su ejecución.

Al procesado, A. F., se le intervinieron tres escopetas que seguirán requisadas; no podrá ni tenerlas ni usarlas durante la condena, dada la «peligrosidad» que demostró «en el manejo de las armas y su uso». El juez Henares destaca el hecho de este hombre, que se acogió a su derecho a no declarar en el juicio, no haya mostrado un ápice de arrepentimiento, «sino más bien todo lo contrario, tratando de influir en algunos testigos para que no declararan en su contra».

«Vil»

La forma en la que se desprendió de los restos del animal fue asimismo «vil», en palabras del juzgador, pues lo lanzó «a un paraje deshabitado, dentro de una bolsa y con un corte en el cuello». Por eso, y por su avanzado estado de descomposición, no le fue encontrado el chip por parte del veterinario que emitió un certificado tras su hallazgo. El saco con Chico dentro fue localizado seis días después de su desaparición. El can había salido a correr con su amo y se despistó . Para el juez, se le ocasionó la muerte «sin motivo justificado», pues Chico no era precisamente un animal catalogado como peligroso. Era el típico perro de compañía, «no siendo lógico pensar -reflexiona- que fuera a atacar al acusado». Debió acercarse a aquella finca, quizás, atraído por el olor de otros perros. Una invasión «inofensiva» que le costó la vida.

Aunque la defensa dudaba de que el perro hallado muerto fuera Chico, el juez recuerda que su amo lo reconoció y que incluso un guardia civil declaró que «si el perro hubiera sido suyo lo hubiera identificado». Además, en el maletero del acusado se hallaron restos de sangre y hasta cuatro testigos lo vieron desde fincas cercanas en el paraje de la Era del tío Manolo tras oír el tiro. Sus testimonios han sido claves también para concluir que el corte en el cuello «lo propinó el acusado justo tras el disparo para silenciar definitivamente al animal y evitar ser descubierto», pues tras el disparo observaron cómo se acercó al can y este dejó de chillar.

 

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