El juez de paz de Cádiar: «He tenido que evitar peleas a garrotazos»

Francisco Ocaña, juez de paz de Cádiar./RAFAEL VÍLCHEZ
Francisco Ocaña, juez de paz de Cádiar. / RAFAEL VÍLCHEZ

Francisco Ocaña, nacido en 1931, ha sido designado para ocupar el cargo de juez de paz durante 4 años más, lo que lo sitúa como uno de los más longevos de España

RAFAEL VÍLCHEZ

Francisco Ocaña Ortega, nacido en 1931 en el municipio alpujarreño de Cádiar, se ha convertido en uno de los jueces de paz más longevos y veteranos de España. En 1980 Ocaña comenzó a intervenir como conciliador para que las personas que lo precisaran pudieran resolver sus conflictos de modo directo. Ahora, este juez ha vuelto a ser elegido por el Ayuntamiento de Cádiar para que siga representando a la Administración de Justicia durante otros cuatro años.

Quienes le conocen destacan que Ocaña es una persona intachable, sin doblez, amable, respetuosa y muy comprometida con su trabajo y con su pueblo. Durante un cuarto de siglo Francisco fue también concejal, siendo alcalde de Cádiar Cándido López. Además, Ocaña ha sido presidente del casino durante muchos años y ha defendido con su hermano José una tienda de tejidos durante medio siglo.

El trabajo que lleva desempeñando durante 38 años le ha puesto más de una vez en un apuro. «Una vez en un juicio tuve que separar a dos hombres enfurecidos que se querían pelear a garrotazo limpio por un tema de aguas de regadío pero al final, tras intervenir un servidor con buenas palabras y maneras y quedar todo arreglado y en paz, terminamos tomando unos vinos en un bar como si no hubiera pasado nada. Otras veces he tenido que asistir a levantamientos de cadáveres que es lo que menos me gusta, pero hay que hacerlo para cumplir con la ley. Además, he casado a parejas de este y otros países y he brindado con ellas y con sus familias en mi despacho para desearle mucha felicidad y salud», manifestó Francisco Ocaña.

Mudanza milagrosa

También tiene otras anécdotas que contar. «Hace tres años, a causa del mal estado, la oficina del antiguo juzgado de paz de Cádiar empeoró enormemente y le pedí al alcalde, Javier Martín, que nos preparara otro despacho en los bajos del actual Ayuntamiento antes de que ocurriera un accidente. Y menos mal que me atendió enseguida y nos cedió otra oficina, porque a los tres días de la mudanza se derrumbó por completo». Francisco Ocaña confiesa que «ejercer como juez de paz de Cádiar y los anejos de Narila y Yátor me mantiene en forma, en activo y joven a pesar de tener ya 87 años. Yo atiendo a la gente sin prisa dentro y fuera de mi oficina. Yo soy una persona muy comprometida con mi trabajo. Siempre estoy dispuesto a realizar actos de conciliación, celebrar juicios, bodas, tramitaciones, expedir certificados de fe de vida, defunciones, etcétera. También diré que nuestro juzgado recibe a personas, principalmente de Argentina, que vienen a Cádiar a conocer la tierra de sus ancestros y a ver si le podemos aportar algunos datos y saber si siguen existiendo algunos de sus familiares. Yo procuro ayudarles pero lo tengo difícil porque en la Guerra Civil se perdieron muchos documentos», explica.

Este veterano juez de paz aprendió a leer y escribir con su padre Francisco que era maestro de escuela de Cádiar y daba clase a 116 alumnos. A la edad de 12 años Ocaña comenzó a ayudar a su progenitor en la escuela. Cuando cumplió 15 años ingresó de dependiente en la tienda de tejidos de José Reinoso. Cobraba 300 pesetas al mes. Luego montó una tiendecilla de tejidos en el portal de su casa. El servicio militar lo realizó en Almería. En 1950 montó otro comercio más grande. En 1965 contrajo matrimonio con María Gracia Hurtado, sobrina del obispo de Granada y Tarazona, Manuel Hurtado, fundador de la Congregación de Siervas del Evangelio. Ocaña tiene dos hijas y cuatro nietos. Su familia le adora y el pueblo de Cádiar le respeta y quiere.

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