Las huellas del cambio climático en la Vega

Melocotonero seco por una plaga de piojos en una huerta de la Vega de Granada situada en el camino del Cañaveral./JORGE PASTOR
Melocotonero seco por una plaga de piojos en una huerta de la Vega de Granada situada en el camino del Cañaveral. / JORGE PASTOR

El descenso de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas ya están transformando los veinte millones de metros cuadrados de este ecosistema agrario, más expuesto a plagas, falta de riego y cambios en los ciclos productivos

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

Les presento a Miguel Vílchez. Tiene 75 años. Siendo un crío, con apenas diez años, ya acompañaba a su padre, también bautizado Miguel, cuando araba la finca familiar junto al Camino del Cañaveral, donde termina el gris de la ciudad y empieza el verde de la Vega. Ahora, sesenta años después, Miguel sigue levantándose temprano todas las mañanas para coger el azadón y cultivar la huerta. Con esmero. Con dedicación. Con preocupación. Pocas personas, muy pocas, conocen mejor que él cómo era la Vega de Granada antes y cómo es la Vega de Granada ahora. «Llovía tanto que teníamos que esperar a que clareara, aunque fuera durante unas horas, para sembrar las patatas», recuerda Miguel. «Ahora nos sobran los días», refiere con un punto de ironía, pero también de tristeza, consciente de los peligros que conllevan los cambios en el clima, la incipiente escasez de precipitaciones y el incremento de la temperatura no sólo para la actividad agraria, de la que viven más de 50.000 familias en Granada, sino para el equilibrio de espacios amenazados por la sinrazón del hombre como la otrora frondosa, amplia y húmeda Vega de Granada.

Más allá de las evidencias científicas, corroboradas por mil y un estudios, no hay más que darse una vuelta por la Vega, como lleva haciendo Miguel todos los días desde hace seis décadas, para comprobar que el cambio climático no es ninguna entelequia. Que sus huellas son perfectamente perceptibles en el camino de Purchil, en el de Camaura... Eso es exactamente lo que ha hecho este periódico. Mirar con atención y recorrer la Vega en compañía de expertos que, desde hace ya unos cuantos años, vienen advirtiendo de las secuelas que el 'efecto invernadero' ya está teniendo sobre los veinte millones de metros cuadrados de ese vergel llamado Vega.

Federico Velázquez pertenece a la Mesa por el Clima de Granada y además es presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental. «Los suelos están cada vez más empobrecidos por los excesos de nitratos», afirma Federico, quien explica que estamos instalados en un círculo vicioso del que se precisa salir cuantos antes: «Se echan fertilizantes para que el terreno sea más fértil y realmente se está consiguiendo lo contrario». Federico Velázquez advierte de un incierto futuro para las plantaciones de secano y de las devastadoras consecuencias de tormentas y pedriscos, como los que ha habido esta semana en Baza, que destrozan las cosechas.

Federico Velázquez comenta que, comparativamente, los niveles de ozono de Granada son más elevados que los de grandes urbes como Madrid y Barcelona por la concurrencia de tres factores: la intensidad del tráfico (140.000 vehículos de acá para allá en la Circunvalación), la radiación solar y el calor. Un problema que se hace más patente en el cinturón metropolitano por falta de reactividad y del que ya han advertido asociaciones como Ecologistas en Acción. Son las 'famosas' -y preocupantes- neblinas marrones.

José Damián Ortega se dedica a la agricultura ecológica. Tiene una finca en Las Gabias y otra en Vegas del Genil. Según José Damián, una de las grandes ventajas agroclimáticas que siempre ha tenido la Vega de Granada es que los fríos «inviernos liberan de un montón de plagas». ¿Qué pasa? Pues que lamentablemente los inviernos ya no son tan fríos. Que ya no se registran con tanta frecuencia esos cuarenta o cincuenta días de escarcha, un tratamiento natural mucho más eficaz que cualquiera de los compuestos químicos que tanto impacto tienen sobre el medio ambiente. «Los agricultores -asegura- somos los sufridores finales». Cada vez son más frecuentes en Granada ataques de araña roja, que hace dos años causó verdaderos estragos en los maizales de la Vega; de 'tuta', que se ceba con hortalizas como el tomate, el pimiento o la berenjena; de trips, un insecto que se introduce por la hoja y que deteriora el fruto; y hongos letales como el oidio o el mildiu, que proliferan cuando se producen grandes contrastes térmicos o hídricos. «Las condiciones de cultivo se están modificando; las actuales son más propensas a las enfermedades teniendo en cuenta el origen híbrido de los plantones», comenta José Damián, quien también hace una lectura positiva del cambio climático para Granada. Los ciclos de determinados hortícolas se han adelantado casi un mes mientras que las crucíferas -rúcula, brócoli, coles, coliflor...- se han atrasado medio mes, lo que permite que determinadas producciones de la Vega coincidan con los tiempos de mayor demanda en los mercados, una cuestión no menor para que los labradores 'vean el color'. Una condición 'sin equa non' para que la Vega de Granada siga manteniendo su potencial, que sus productos sean rentables y tengan salida dentro y fuera de España.

Compromiso agrícola

Manuel Cala es el presidente de la Asociación Granadina para la Defensa y el Fomento de la Agricultura y Ganadería Ecológica. Está plenamente comprometido con la sostenibilidad de la Vega de Granada. «Aunque no sea fácil hacer predicciones sobre este tema, cada vez más personas, colectivos e instituciones coinciden en que el sector agrario es el responsable del veinte por ciento de las emisiones», dice Manuel Cala, quien añade que «debido a las interacciones del agro con el medio natural, el cambio climático implicará grandes retos para la propia agricultura» desde una doble perspectiva: como agente que lo propicia y como uno de los grandes damnificados. Respecto a la primera de estas vertientes, Cala asevera que la actividad primaria debe jugar un papel clave sobre la mejora de la biodiversidad, la reducción de la erosión, el incremento de la precipitación efectiva y la disminución en la pérdida de minerales.

Juan Raya, de Ecologistas de Acción y coordinador de la Plataforma Salvemos la Vega, pone el foco en el déficit de lluvias. No hace falta más que alzar la vista para darse cuenta de lo que habla Juan. También resulta muy útil comparar con fotos antiguas. Juan enseña una de mediados de la pasada centuria, una panorámica de la Vega, de Granada y de Sierra Nevada en todo su esplendor. «En esta imagen -detalla Juan- apreciamos que hay nieve por debajo de Dornajo, a unos 1.100 metros de altitud». Por mor del cambio climático, esta bella estampa, tan característica de Granada, ha pasado de ser normal a convertirse en excepcional. Lo mismo sucede con los neveros en verano. Han pasado de normales a excepcionales.

Pero no hace falta fijarse tan arriba. También se han perdido parajes emblemáticos enclavados en plena Vega como las denominadas 'madres' del cortijo del Rao, que conducían los caudales de los hontanares que se localizaban en la zona y de los que manaban hasta 800 litros por segundo. Los surcos, de hasta cuatro metros de profundidad, servían para evacuar el agua que alimentaba las acequias de esta zona de choperas, en el término municipal de Santa Fe, o terminaban en el cauce del Cubillas. También era antaño un lugar de esparcimiento donde la gente se bañaba y disfrutaba en familia de jornadas campestres de convivencia y juegos. Hoy están prácticamente secos y en algunos tramos se han encauzado al coincidir con el trazado de la Segunda Circunvalación, otra de las grandes dentelladas a la Vega y una infraestructura muy criticada desde su concepción por Salvemos la Vega.

Juan Raya comenta que una de las mayores evidencias de que las aguas ya escasean en algunos puntos de la Vega es «el entubado y el cementado de las acequias para que no se escape ni una gota». «Hasta no hace mucho eran de tierra y tenían su vegetación y sus árboles de ribera, sus zarzas... que filtraban agua y cargaban los acuíferos, cumpliendo de esta forma su labor medioambiental nunca reconocida ni valorada».

Críticos con el Plan Especial

Desde plataformas como Salvemos la Vega se han mostrado bastante críticos con el Plan Especial de Protección de la Vega de Granada que se promueve desde la Junta. Manuel Montoya, coordinador de VegaEduca, considera que el Plan «es un pequeño avance, pero no llega al meollo de la cuestión porque, jerárquicamente, estamos ante una normativa de rango inferior a los Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) o el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada (Potaug). «Se limita a tomar medidas adicionales para un área que ya está protegida, pero no se cuestionan aspectos tan vitales como la movilidad, la industrialización o el freno al cemento», señala Montoya.

En este sentido, resulta especialmente interesante el decálogo del Pacto Intervegas, cuyo principal corolario es que, en el horizonte de 2031, se promueva una legislación que garantice la soberanía alimentaria y que proteja superficies de alto valor agrario como la Vega de Granada. Ahora mismo se está trabajando en esta dirección en el Congreso de los Diputados, propiciando el consenso entre todos los partidos -se necesita un 'paraguas' estatal y otro europeo-, y también en la Junta, en el desarrollo de la ley de Agricultura y Ganadería de Andalucía. Desde Granada se plantea que la zona de especial protección de la Vega de Granada se convierta en el gran laboratorio de los diferentes decretos que se vayan aprobando.

En cualquier caso, el futuro de la Vega pasa por propiciar un mejor conocimiento del entorno por parte de la ciudadanía en general y singularmente de las nuevas generaciones. Y en este empeño están entidades como VegaEduca y la asociación Descubrir la Vega, presidida por Manuela Martínez. «Somos el instrumento legal de Salvemos la Vega para hacer realidad el Pacto por la Vega, el único gran acuerdo político alcanzado en Granada», indica Martínez. «A partir de ahí, seguimos el compromiso de que la Vega esté muy presente en los programas electorales de las distintas formaciones», añade la ex lideresa de UGT. Otro de los grandes cometidos de la Asociación Descubrir la Vega es promover un proceso de dinamización de la Vega basado en la recuperación de los usos tradicionales, pero imbricados en una realidad actual, «conjugando pasado y presente para que la agricultura en la Vega tenga futuro».

Fotos

Vídeos