Un vecino de Órgiva pide que retiren un enorme cable de suministro eléctrico que atraviesa su casa

Antonio Ramón Ortiz, en el interior de la estancia de su vivienda atravesada por el cable./PEPE MARÍN
Antonio Ramón Ortiz, en el interior de la estancia de su vivienda atravesada por el cable. / PEPE MARÍN

Antonio Ramón Ortiz afirma que lleva esperando trece años a que quiten la maroma, pero, por unas cosas o por otras, la solución no acaba de llegar

Carlos Morán
CARLOS MORÁN

«Se lo dije cuando lo colocaron, dadle un empujoncillo al cable para que luego no haya problemas», recuerda Antonio Ramón Ortiz, vecino de Órgiva, la génesis de una historia que supera la categoría de sorprendente para adentrarse de lleno en el territorio del surrealismo. El caso es, al parecer, no se produjo el «empujoncillo» y el armazón de la casa que Antonio se estaba construyendo en su pueblo acabó atravesado por un «cable trenzado» de suministro eléctrico que, presumiblemente, sirve para alumbrar, entre otras dependencias, el centro de salud del municipio (el afectado, que es cristalero de profesión, no pudo corroborar este extremo).

El grueso alambre, que entra por un costado del edificio y sale por el contrario, lleva ahí la friolera de quince años. Al menos eso es lo que afirma Antonio en un tono tranquilo, pero con un toque de estupefacción.

Por su parte, fuentes de Endesa admitieron que el asunto es antiguo, pero recuerdan que el cable fue antes que vivienda. Es decir, que la eléctrica tendió la maroma sobre el terreno de Antonio cuando el inmueble no existía. Fue después cuando el vecino de la localidad alpujarreña decidió levantar allí su morada y, en esos casos, según la compañía, es el afectado quien debe solicitar que se modifique el trazado y asumir los gastos (antes del inicio de las obras, claro), pero no lo hizo.

Sea como fuere, Antonio quiere habitar la vivienda, pero la presencia del cable de marras no resulta precisamente hogareña. Su deseo es que Endesa lo retire para que pueda ver cumplido su sueño de estrenar casa.

De hecho, explica que en el ya lejano mes de octubre de 2005, la citada empresa le remitió una carta en la que le prometían que ya habían tomado nota de su queja y, en breve, extraerían el cable del interior del inmueble.

«Primero me dijeron que lo quitarían después del repellado de las paredes, pero no vinieron... Luego fue otro tema, pero tampoco», rememora Antonio.

Las OPAS

Para colmo, prosigue el vecino alpujarreño con el relato de su desventura, la macroeconomía iba a frenar en seco una reparación que no acababa de arrancar. En 2005, Gas Natural lanzó una Oferta Pública de Adquisición (OPA) sobre Endesa. Pues bien, esos movimientos en lo más alto del poder empresarial acabarían por sentirse en Órgiva. La operación se enredó y la empresa, según Antonio, debió de suspender todas sus actuaciones y planes de obra. Total, que el cable siguió donde estaba. «A lo que se ve, dejaron de gastar dinero por el tema de la OPA».

La verdad es que hubo más de una OPA y la batalla por el control de Endesa se dilató hasta hace dos días como quien dice.

Dice el hombre que, desde hace ya bastante tiempo, no ha tenido noticias de Endesa, aunque se barrunta que la eléctrica pretende que sea él quien se rasque el bolsillo, algo a lo que no está dispuesto.

Su intuición es cierta. Endesa reitera que Antonio sabía desde el principio que tenía que asumir los gastos, pero se empeñó en construir la casa a pesar de que el cable estaba allí.

De todas formas, los técnicos de eléctrica están examinando de nuevo la situación para ver si es posible encontrar una solución.

Mientras tanto, Antonio continúa cableado.

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