Las fiestas del abuelo de Busquístar

Antonio Fernández Vargas, nacido en 1924, recuerda cómo eran las fiestas en honor a San Felipe y Santiago cuando él tenía 7 años y se dedicaba al pastoreo en un cortijo de la sierra

Antonio, que cumplirá pronto 94 años, aparece sale en un tinao (tejado) de una casa de un vecino de Busquístar./RAFAEL VÍLCHEZ
Antonio, que cumplirá pronto 94 años, aparece sale en un tinao (tejado) de una casa de un vecino de Busquístar. / RAFAEL VÍLCHEZ
RAFAEL VÍLCHEZBusquístar

Busquístar celebrará este viernes (día 10) sus fiestas patronales en honor a San Felipe y Santiago y la Virgen de los Dolores. Habrá, entre otras cosas, misa, degustación de arroz, fiesta caribeña con música, mojitos, sangría… conciertos, procesión a partir de las nueve de la noche y verbena hasta el amanecer.

El 'abuelo' de Busquístar, Antonio Fernández Vargas, que pronto cumplirá 94 años y que se encuentra como un chaval porque se mantiene muy bien y nunca ha estado enfermo, recuerda que cuando él tenía pocos años y se dedicaba al pastoreo «la gente de Busquístar era más pobre y los mayordomos de las fiestas tenían que salir con dos mulos a pedir por los cortijos para las fiestas. Unos le entregaban medio celemín de habichuelas, otros una cuartilla de trigo, otros una docena de huevos, etcétera. En el pueblo se pedía también y todo lo recaudado se hacía dinero para sufragar los gastos de las fiestas», recuerda.

Antonio Fernández Vargas recuerda también «cuando acudía a mi pueblo la banda de música de Cádiar. Los mayordomos de Busquístar iban con tres bestias a Cádiar para traerse los instrumentos. Los músicos y los muleros venían a 'música de talón', andando por caminos de herradura muy transitados en aquellos tiempos. Cada 'tocaor' se hospedaba en una casa del pueblo. Los curas que venían a acompañar al párroco titular de la iglesia de Busquístar se hospedaban en las moradas de las familias más pudientes y acomodadas. Acudía a la fiesta también con un borrico el dulcero 'El Sabio' que era de Juviles. Eran tiempos donde no había carretera en esta zona», indicó.

Antonio Fernández estrenaba todos los años para las fiestas «una chaquetilla y unas alpargatillas. Busquístar cuando yo era chico contaba hasta con un casino no muy lujoso, en plan pobre, que se encontraba donde ahora está el bar de Rafa junto a la iglesia. Recuerdo que un día de fiesta entré en este lugar y contemplé a una bailarina bailando encima de una mesa porque no había escenario ni otros medios. Yo tenía 8 años de aquello. También recuerdo cuando mi pueblo tuvo su propia banda de música que desapareció con la Guerra Civil. Además había muchos músicos de cuerda que eran una maravilla. Cuando se celebraban las fiestas se mataba un conejo o un gallo criados en los corrales y cuadras para cocinar un arroz. Los pastorcillos, yo fui pastor con siete años en un cortijo, guardábamos un trozo de campo para el día de San Felipe y Santiago sacar el ganado pronto para que comiera temprano para luego por la tarde dejar los animales encerrados y poder acudir a las fiestas. Eran otros tiempos», terminó diciendo el 'abuelo' de Busquístar.

Antonio Fernández, un hombre entrañable, admirable y todo corazón, pasó su juventud entre la guerra, la posguerra, el duro trabajo y el servicio militar. Después de 32 meses en la mili regresó a su pueblo andando. La situación seguía siendo crítica, solo pensaba en trabajar. A los 26 años se casó con Dolores, la que aun sigue siendo su compañera. Tuvieron tres hijos: Lola, Antonia y Francisco. Antonia enfermó y murió a los 27 años. En 1960 Antonio dejó su familia en Busquístar y emigró a Francia para poder prosperar. En este país, como medio de entretenimiento empezó a escribir poesía y diálogos para un grupo de españoles que hacían teatro. Después de casi 15 años de emigración regresó a España y a los pocos años se jubiló. Cuando cumplió 82 años escribió su primer libro titulado 'El Pasado Presente'. A los 88 años escribió otro libro 'Mis Vivencias'. Y ahora acaba de sacar a la luz otra obra: 'Fábulas, Diálogos y Cuentos'. Antonio, como se encuentra en forma sigue conduciendo su automóvil por la Alpujarra y otras zonas. Un tiempo lo pasa en Cataluña con parte de su familia y otro en la tierra que lo vio nacer, crecer y padecer.