Cádiar fomenta sus caminos y lugares más importantes con la ayuda de Francisco García Valdearenas

Cádiar fomenta sus caminos y lugares más importantes con la ayuda de Francisco García Valdearenas

La próxima ruta, para conocer los encantos de este importante municipio de la Alpujarra, tendrá lugar el próximo sábado, comenzando a las nueve de la mañana en el cruce de Cádiar

RAFAEL VÍLCHEZ Cádiar

El Ayuntamiento del municipio alpujarreño de Cádiar, presidido por José Javier Martín Cañizares, fomenta los lugares más importantes de dentro y fuera del casco urbano con la ayuda desinteresada y altruista del profesor, investigador, escritor y senderista Francisco García Valdearenas. Desde que se realizan esta clase de rutas la histíórica localidad de Cádiar es más visitada por turistas, visitantes y amantes de la naturaleza. El próximo sábado, día 11 de agosto, se realizará un interesante sendero que comenzará en el cruce de Cádiar a las nueve de la mañana y durará varias horas.

Según Francisco García Valdearenas <«una de las rutas comienza en el 'Barrio del Castillejo', núcleo primitivo y originario de Cádiar. En crónicas del siglo XII el geógrafo Idrisi menciona un his-al-Qadir (castillo) en la descripción de la ruta de Almería a Granada. En época musulmana se llamaba barrio de Alcudia. En este lugar existe un gran moral de época morisca. Por este barrio discurría el antiguo Camino Real de Cádiar a Narila y Bérchules. En los años cuarenta del siglo XX, en la parte alta del barrio se construyó el primitivo depósito de las aguas potables. El Castillejo está separado del núcleo principal por el 'Barranco de Pedro Conde'», manifestó.

«La 'Placeta del Prado', es otro lugar que damos a conocer. En época musulmana, 'Barrio de Hopra'. Hasta mediados del siglo XX contaba con molino harinero, almazara, fábrica de aguardiente y bar y una típica y secular fuente. La 'Calle Rueda' es de época musulmana, y se llamó 'Barrio de Haratalzoco'. Era el camino secular y vertebrador del trazado longitudinal del pueblo. Elementos: un moral, testigo del pasado musulmán, el caz para los molinos y el 'Molino de Enmedio', que se nombra en el Catastro de la Ensenada», refirió García Valdearenas.

La 'Calle Baja' -según Francisco García Valdearenas- «es de trazado longitudinal, discurre paralela a la 'Calle Real' y ambas entran en contacto a través de callejones con cuestas y tinaos. La 'Calle Baja', de carácter musulmán, es estrecha e irregular. Antiguamente, esta calle comunicaba los distintos barrios moriscos del 'Barrio Bajo': Humo (Haratalahax), Presidio (Haratalachox) y Calvario (Haratalzamara) con los del 'Barrio Alto': Rueda o Barrio de la Iglesia (Haratalzoco), Prado (Hopra) y Castillejo (Alcudia). Según el arabista Manuel Gómez Moreno, antes de la revolución morisca, en Cádiar había seis barrios».

Otros de los lugares que posee Cádiar y que pueden ser vistos con la ayuda de García Valdearenas es la ermita consagrada a San Blas Bendito, «situada en el 'Barrio Bajo'. En ella se venera al patrón del pueblo. La ermita fue construida a mediados del siglo XVIII, y es de estilo neoclásico Tiene planta de cruz latina y está cubierta con bóveda de medio cañón. La capilla mayor es rectangular y en ella se encuentra la hornacina de San Blas. La portada primitiva es de arco de medio punto con pilastras toscanas y pirámides sobre entablamento».

«En 'El Portel', palabra de origen latino, por su situación estratégica y encrucijada de caminos, probablemente, hubo un poblado romano-visigótico. Cádiar tiene toponimia árabe. Tanto Albayar como El Portel fueron alquerías en la época musulmana; ésta última contaba con mezquita mayor. En el año 1527 se le nombra ya como barrio de Cádiar. Según el Libro de Apeos, en el siglo XVI había mesón, bodega y algunas casas. En el siglo XVIII, según el Censo de Ensenada, había un pequeño molino de aceite, propiedad de don Antonio de la Plata, presbítero y vecino de Cádiar. Dicha almazara recibía el agua de la acequia del Portel. Pedro Antonio de Alarcón, en su libro La Alpujarra, refiriéndose a la Rambla del Portel, nos habla de una encrucijada de cuatro veredas. En el Siglo XIX, según expedientes mineros, se citan cuatro yacimientos en el pago del Portel: Isabela, de plomo; Encantada, de plata; mina el Orgullo, de plata y San Blas, cerro del Portel, de plomo», relata este investigador de Cádiar.

«En el pago del Molinillo el cubo aún se encuentra recubierto de barro y algún azulejo. La balsa y restos de la antigua alfarería se encontraban en el pago del Rincón, cerca de la acequia de las Granjas. Estuvo en funcionamiento hasta principios del siglo XX La calle Real, generalmente de trazado longitudinal, se puede considerar una calle de repoblación cristiana, a igual que la Plaza de la Iglesia. Cuenta con un trazado más ancho que la calle Baja, de carácter musulmán. Ésta formaba parte del antiguo Camino Real, camino secular y vertebrador. Cuenta con algunas casas de porte hidalgo. Destaca la Posada o el Mesón que es un inmueble de planta rectangular, cuenta con dos alturas y cámara construida en mampostería con cubierta a dos aguas de teja árabe. Este edificio rompe con la tradicional casa alpujarreña. En el siglo XVIII, el Catastro de la Ensenada señala que en el pueblo había un mesón regentado por el francés Pedro Vrisiel, quizá se refiera a éste», refiere García Valdearenas.

«La Iglesia Parroquial de Santa Ana fue construida a mediados del siglo XVI, entre 1562-1566, bajo cánones renacentistas pero con marcadas tendencias de estilos anteriores, principalmente, al arte visigótico. Tiene planta de cruz latina con una sola nave y cubierta por bóveda con arcos fajones; el crucero cuenta con bóveda de arista. Fue la única iglesia abovedada en el siglo XVI y hasta el siglo XVIII en la Alpujarra. Dispone de ventanas de un solo hueco. La portada principal es de medio punto con dovelas de arco. Por otro lado, la casa señorial, que acoge el Ayuntamiento de Cádiar, de principios del siglo XVIII es de estilo barroco y autor desconocido. Consta de tres plantas; la segunda planta está coronada por frontones curvos barrocos y balconadas de hierro. La puerta principal de entrada es de madera de doble hoja y portillo, claveteada de herrajes. En el año 1985 fue declarada monumento histórico-artístico».

El anejo de Narila -según Francisco García Valdearenas- es de origen hispano romano, de su término formó parte una pequeña hacienda propiedad de Abenabó, lugarteniente de Aben Humeya. También fue patria del monfie Cristóbal Partal, jefe morisco y propietario en el pueblo. «La Alquería Harat-Andón, según el arabista Isidro de las Cagigas, en época morisca y en el camino Real de Cádiar a Narila, existía y pertenecía tanto a Cádiar como a Narila. Ésta contaba con un rábita (ermita). El 'Haza del Moro', propiedad del cadí don Fernando el Zaguer (Aben Xaguar), quizá, pertenecía a esta alquería. Otro lugar es el poblado o asentamiento en el 'Cerro Gallego'. La profesora Carmen Trillo señala que en la margen izquierda del Río Guadalfeo, se encontraba un antiguo poblado alto-medieval, en torno al siglo VIII. Este asentamiento urbano podría ser anterior al mismo pueblo de Narila y cuyos pobladores se bajaron después a la rica llanura del Guadalfeo. También informaré que en el año 1837, el síndico del Ayuntamiento de Cádiar pide permiso para la construcción de un estanque con objeto de regar la Vega. El presupuesto se estima en seiscientos ducados. La denominada 'Balsa de Narila' sigue funcionando. Además, cerca de la 'Fuente del Agua Agria' existe una estructura abovedada, de medio cañón, desde donde sale el agua del molino que se reintegra a la acequia o al río», terminó diciendo el historiador Francisco García Valdearenas.

 

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