El Ayuntamiento de Ugíjar nombrará hijo predilecto, a título postumo, al urólogo Juan Manuel Palomar Rodríguez

El Ayuntamiento de Ugíjar nombrará hijo predilecto, a título postumo, al urólogo Juan Manuel Palomar Rodríguez

Esta excelente persona de la Alpujarra recibió en vida muchos homenajes y también fue reconocida como Miembro del Colegio Americano de Cirujanos

Rafael Vílchez
RAFAEL VÍLCHEZ

El Ayuntamiento de Ugíjar, presidido por Federico López Maldonado, nombrará hijo predilecto, a título póstomo, a Juan Manuel Palomar Rodríguez «en reconocimiento a sus méritos profesionales y personales y por su servicio a este municipio de dar a conocer y apreciar internacionalmente Ugíjar y la Alpujarra». El acto tendrá lugar el próximo día 12 a las siete de la tarde en la Casa Consistorial.

Juan Manuel Palomar Rodríguez, fellecido el pasado día 1 de junio, nació el 18 de agosto de 1948 en el municipio alpujarreño de Ugíjar, y cursó sus estudios de Bachiller en el Colegio La Salle de Almería. En 1974 se graduó en Medicina en la Universidad de Navarra y se trasladó a los EE. UU., donde se especializó en Urología en el Good Samaritan Hospital y la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, Luisiana).

En su periodo de formación fue un estudiante brillante. Era un médico vocacional. La cirugía era su gran pasión. Tras su especialización ejerció en South Dayton Urological hasta tomarse un año sabático para trabajar en su segunda pasión como enólogo en su bodega Dominio Buenavista de Ugíjar. Hace cinco años, regresó a la cirugía urológica y se unió a Tri-County Urology en Dayton.

Juan Manuel Palomar fué certificado en la especialidad de Urología por la Junta Americana de Urología. Las certificaciones de la American Board of Medical Specialties «brindan la confianza de que este médico cumple con los estándares de cualificación, conocimiento y experiencia reconocidos a nivel nacional». Fue reconocido como Miembro del Colegio Americano de Cirujanos, (Fellow American College of Surgeon, FACS). En 2015, obtuvo en Dayton el reconocimiento como Doctor Compasivo (Compassionate Doctor Recognition), que se concede a los médicos que tratan a sus pacientes con la mayor amabilidad, sensibilidad y comprensión. Este honor se otorga en función de las puntuaciones generales de los médicos y de las puntuaciones de los pacientes sobre el comportamiento junto al enfermo.

En Almería, donde trabajó como urólogo y cirujano en la Clínica Mediterráneo, tuvo el máximo reconocimiento de sus pacientes y compañeros de profesión. En abril de este año, el Colegio de Médicos de Almería lo honrraron con el nombramiento de Colegiado Honorario y le concedieron la Medalla de Oro del Colegio. Y cuando sus mismos compañeros le reconocieron es que fue realmente bueno. Y así era, como lo certificaban además sus pacientes (puntuación máxima de 5 sobre 5).

Pero lo que más distinguió al cirujano Palomar fue su gran generosidad e integridad, su cercanía, ser un apasionado de su familia y amigo de todos y dejar en los que le conocieron una influencia positiva. Para dar una visión más cercana de Juan Manuel, brevemente lo recordaremos en su familia, como amigo y como alpujarreño.

Juan Manuel fue un hijo modélico para sus padres, a los que quería con locura y sobre todo con su madre, a la que disfrutó más tiempo. Desde muy joven, cuando faltó su padre, estuvo esforzándose para que a su madre no le faltara nada. Por ser un estudiante brillante, tuvo ofertas para irse a EEUU antes de terminar su carrera de Medicina en Navarra. A pesar de que vivió la mayor parte de su vida en América, siempre estaba pendiente de su madre, a quien estuvo atendiendo hasta el último momento.

Su hija Nolita era todo para él. Tuvo a su niña a una edad en la que otros son abuelos. Ya cuando nació, preparó un bautizo como si fuera una boda, porque decía: «como no sé si la veré casada, voy a echar el resto en el bautizo». Su esposa, Nola, lo añora angustiada: «lo busco en cada rincón de mi mente y espero nunca dejar de buscarlo», y refleja en su Facebook recuerdos, fotos, … para tomar ánimos y compartir con los amigos aquellos momentos felices en su compañía.

Sus hermanas le adoraban. Podían contar con él para todo. Se llevaba a sus sobrinos desde que eran niños a su casa en Dayton, porque los quería mucho y disfrutaba con ellos. Según toda su familia era único. Nada pedía para él, era tan desprendido que todo lo daba.

Juan Manuel hacía amigos con que solo le conocieran. Era campechano, cercano, compartía con ellos todo lo que tenía. Nada más conocer a uno ya le estaba invitando a su cortijo, a su bodega, que era su capricho y de lo que estaba orgulloso. Enseguida te decía: «tienes que probar mis vinos. Les han dado una medalla de oro en la feria tal y en la feria cual». Y cuando ya estaba uno en la bodega, ya no no se podía escapar. «He preparado unas migas, o un liberal, o un choto en ajillo», o lo que fuera, porque además era un buen cocinero. Y ya metidos en faena, tenía que probar todos los vinos que hacía. Era un ritual. Te llevaba a la bodega y empezaba a describir todos los vinos, te describía sus sabores, «que si este tiene aromas de cerezas, que si tiene aromas de frutas, mezclado con sabor de otra cosa». Lo explicaba con tanto detalle y con tanto cariño lo que había hecho, que efectivamente probaban el vino sus amigos y le sacaban los sabores que él decía. Con todo eso disfrutaba como un niño. Y naturalmente los amigos disfrutaban con él. Era muy fácil ser amigo de Juan Manuel, dicen todos los que le han conocido. Y eso lo hacía con todos sus amigos, los de España y los de EEUU, que se los traía cuando podía y se quedaban en su cortijo de Ugíjar a disfrutar de su hospitalidad.

Y luego estaba su pueblo y su Alpujarra, que las daba a conocer con alegría y elegancia allá donde estuviera. Él vivía en Dayton, con su Nola y su Nolita y allí tenía su vida, ¡pero Ugíjar era Ugíjar!. Él quería a su pueblo natal más que a nada. No pasaban más de dos meses que no estuviera en Ugíjar. Y siempre decía: «si me muero, me traéis aquí». Y eso se ha hecho, Nola y Nolita han traído aquí sus cenizas, cumpliendo su deseo.

Por último, lo que se debe destacar, in memoriam, es que Juan Manuel era una buena persona, generoso, atento, sensible, cariñoso, buen hijo y mejor padre, esposo enamorado, amigo de sus amigos, profesional excelente y un apasionado de su pueblo y de su comarca de la Alpujarra.