Un 'obispo' de 105 años

Fernando Piñar, a sus 105 años, mantiene una vida activa. En la imagen, durante el homenaje. /
Fernando Piñar, a sus 105 años, mantiene una vida activa. En la imagen, durante el homenaje.

Cájar rinde un cariñoso homenaje a Fernando Piñar, su vecino más longevo

ROMÁN URRUTIAcájar

Anda con paso firme y decidido, igual que habla. Muy educado, cede el paso en cada puerta y ofrece su casa: «Tengo una parte de arriba entera disponible por si quiere usted venir a Cájar con su familia». Cuenta historias de guerra y de posguerra, de sus andanzas por la vida -«yo no he dejado de trabajar desde que tenía doce años»- y vive sólo bajo la tutela vigilada de sus familiares más cercanos. Su diócesis abarca un buen número de calles de su barrio, Bellavista, y sus 'feligreses' son los cientos de amigos que tiene, muchos de los cuales son su charla diaria. Es Fernando Piñar, el 'Obispo', apodo heredado de su padre. Tiene 105, sí, la friolera de un siglo y un lustro que le han hecho ver y vivir de todo. Con unos ojos profundamente azules que ha dejado en herencia a sus cuatro hijos, se le adivina un pasado duro y un carácter decidido porque aún lo tiene. Nació en Monachil, pero se fue a vivir muy pronto a Cájar, por donde se mueve hoy casi sin necesidad de bastón, aunque lo lleva.

Se levanta sobre las nueve «o a veces un poco más tarde», lo acicalan y se va a correr su mundo. Ve poca televisión y lee algo el periódico. «No tengo nada que me duela», no toma medicinas, cuida sus propias plantas, «que están así porque las plantas te entienden», y come de casi todo, «aunque me gustan los guisos de patatas y las papas fritas». Fue sanitario durante la guerra civil «en un tren hospital» y dice que ha estado con personajes muy importantes.

Se pone un poco serio para decir que «siempre me han respetado y yo he respetado a todos», para afirmar, sin dudas, que ha llegado a los 105 años «porque he llevado una vida muy sana, no he fumado ni he bebido ni he salido por ahí, lo único que he hecho ha sido trabajar. Usted pregunte por estos pueblos por Fernando, el 'Obispo', y verá, todos me conocen». Vendía todo lo vendible: marranos, patatas, «hasta en Nochebuena las iba ofreciendo por las casas», y unas gallinas blancas que voceaba como: «gallinas blancas, Avecrem, una para cada familia». Eso hasta que se asentó como «corredor», es decir, vendedor intermediario de lo que fuese y tuvo mucho tiempo su 'cuartel general' en el puente de La Zubia. El pasado viernes sus paisanos de Cájar le rindieron un cálido, sentido y merecido homenaje. Como decíamos, se llama Fernando Piñar Marín, le apodan el 'Obispo' y tiene 105 años más que bien llevados. Ahí es nada.

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