¿Hay que matar a las especies invasoras?

Un pescador, Agustín Martín Gómez, muestra una gran carpa pescada en el pantano de Béznar y devuelta al agua./
Un pescador, Agustín Martín Gómez, muestra una gran carpa pescada en el pantano de Béznar y devuelta al agua.

Pescadores granadinos se alzan contra una sentencia que les obliga a dejar morir a truchas y carpas

JUAN ENRIQUE GÓMEZ

Grandes bancos de carpas, carpines, truchas, lucios y black-bass nadan a escasos centímetros de la superficie de los pantanos de los Bermejales, Cubillas, Béznar, Colomera y Negratín, en los que en ocasiones es posible observar enormes ejemplares de carpas, algunas de ellas casi tan grandes como un hombre y con pesos de más de 20 kilos. Son parte de las especies que habitan en un ecosistema creado de forma artificial y que con el paso del tiempo se ha naturalizado. Sobre estas poblaciones de fauna piscícola continental, en su mayoría de procedencia exótica, ha recaído una nueva condena a muerte, una sentencia del Tribunal Supremo que acepta alegaciones de grupos ecologistas y de protección de la naturaleza, que solicitaban la inclusión de algunas de ellas en el Catálogo de Especies Invasoras, carpa y trucha arco iris, del que habían sido retiradas debido a que son utilizadas como elementos de promoción turística y de desarrollo económico de determinadas comarcas, con lo que se permitía su presencia y el fomento de actividades como la pesca deportiva, en todos los casos, 'sin muerte'.

«¿Tenemos que matar los peces que cojamos en nuestras salidas de pesca? ¿Debemos dejarles morir, o aplastarles la cabeza en lugar de devolverles al agua como hacemos desde hace años?» Son las preguntas que se hace un pescador granadino que se plantea no volver a salir a pescar para no convertirse en el brazo ejecutor de animales, algunos de ellos con muchos años de vida, que hasta ahora pescaban y devolvían a su medio. La sentencia es clara: «Los ejemplares de las especies animales y vegetales incluidas en el catálogo que sean extraídos de la naturaleza por cualquier procedimiento no podrán ser devueltos al medio natural», lo que significa que si se pesca no se puede echar al agua e, irremediablemente, el pez morirá. La única solución factible es no ir a pescar.

Los pescadores afirman que las especies que más se pescan en la provincia de Granada son las carpas que habían sido retiradas de la lista de invasoras en el catálogo de 2013 y ahora vuelven a formar parte de ella, pero también la trucha arco iris, ya que desplaza a la trucha común, la autóctona de los ríos granadinos. Se mantenía como invasora, pero el catálogo incluía una excepción por su uso comercial, esa exclusión es la que ahora ha sido eliminada. La decisión judicial, para la Federación Andaluza de Pesca, no tiene en cuenta que la mayoría de las truchas que habitan los ríos trucheros de toda la comunidad son de la especie que hay que erradicar.

Si no se puede pescar, y si se hace hay que matar al pez, e incluso no se pueden repoblar los cauces, zonas como Riofrío verán hundirse su economía de forma irremediable. Desde las piscifactorías estudian si la decisión del Supremo afectaría a su producción, ya que la norma indica en su artículo 7 «la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, de sus restos o propágulos, incluyendo el comercio exterior». Los vecinos de Riofrío han realizado recogidas de firmas para intentar evitar esta situación.

En la provincia de Granada la Junta de Andalucía mantiene acotados algunos tramos de ríos y zonas de embalses en los que ha creado lo que se denomina cotos de pesca 'sin muerte'. Durante años se ha intentado concienciar a los pescadores para que los peces capturados sean devueltos al cauce, y la realidad es que en la mayoría de esos cotos las especies a capturar han sido siempre trucha arco iris en los ríos y carpas en los pantanos.

La red hidrográfica es el escenario donde, desde hace décadas, se libra una lenta batalla por la colonización del territorio. Peces, crustáceos, moluscos, e incluso hongos, de procedencia exótica, introducidos por el hombre, desplazan e incluso eliminan a las especies autóctonas. Los planes de control y erradicación de las que son consideradas invasoras (las que llegan a desplazar a las autóctonas y se adueñan del hábitat) no han conseguido eliminar a algunas de estas especies, pero la responsabilidad sobre la gestión del medio natural no se puede dejar en manos de pescadores o cazadores. Tienen que ser especialistas y científicos quienes lleven a cabo el seguimiento, estudio, control, e incluso erradicación de la fauna y flora invasora en base a su efecto sobre los ecosistemas para conseguir la supervivencia de las especies autóctonas.