Ideal

El lujo de ser becario en La Bobadilla

Tomás (dcha.), con el jefe de cocina, Antonio Organero.
Tomás (dcha.), con el jefe de cocina, Antonio Organero. / CHAPA
  • Tomás Sánchez es un joven estudiante de Cocina del IES Virgen de la Caridad de Loja que vive entusiasmado sus tres meses de prácticas en el prestigioso hotel

Lo de ser becario ya es de por sí una suerte para muchos estudiantes, que tienen oportunidad de empezar su experiencia antes de introducirse en el complicado mercado laboral. Pero si, además, las prácticas formativas se hacen en un hotel tan prestigioso como La Bobadilla, lo de ser becario se convierte en un auténtico lujo y nunca mejor dicho. Tomás Sánchez, un estudiante de Cocina del IES Virgen de la Caridad de Loja, está viviendo por eso tres meses excepcionales, aprendiendo en un complejo hotelero impresionante y con profesionales que saben cómo convencer a clientes importantes y acaudalados, acostumbrados a la mayor calidad.

«Hasta ahora lo estoy viviendo muy bien. Me he sentido acogido, estoy aprendiendo mucho y me están dejando hacer de todo», cuenta este joven de 18 años. De hecho, según el jefe de cocina del hotel, Antonio Organero, tiene que meterse de lleno en cada parte del proceso para aprender. «Hasta ahora he estado en el cuarto frío, la zona donde se hacen ensaladas y guarniciones, todo aquello que no conlleva comida caliente. Al comienzo veía cómo montaban los platos pero cada vez estoy interviniendo más en preparar cosas», explica entusiasmado.

Bajo la tutela de Organero y con el asesoramiento de todo el personal de cocina, Tomás pasará por los tres restaurantes de La Bobadilla, donde cada cierto tiempo se forman jóvenes de prácticas de Escuelas de Hostelería de toda España e incluso de países como México. «Son las escuelas las que hacen la selección y nuestro departamento de Recursos Humanos les entrevista antes de entrar», señala Frédéric Plasse, director de restauración del hotel.

Y es que las prácticas en La Bobadilla no son solo ocasión para conocer aspectos culinarios y productos gourmet totalmente desconocidos para la mayoría de los comensales sino también el origen de una posible opción laboral de futuro. «De hecho, de la escuela de Loja tenemos a dos chicas trabajando actualmente. El hotel se nutre de mucho personal de la zona», comenta Organero. No obstante, para ser becario en un lugar así un buen expediente académico es fundamental. «Soy de los mejor parados, pero realmente todos mis compañeros están haciendo prácticas en lugares buenos. Somos una buena promoción», comenta orgulloso Tomás.

Ante el fogón

El siguiente paso de Tomás tras pasar por el cuarto frío será ponerse ante el fogón, nos dice su jefe, «siempre ayudando a los cocineros titulares», matiza. Ellos se encargarán de enseñarle cómo va cada partida, que es como se divide el proceso de elaboración de cada plato, trabajando en cadena. «No hay nadie que prepare un plato de principio a fin», apunta el jefe de cocina. Y eso, la organización, es lo que más ha llamado la atención a Tomás en su primer mes de prácticas. «Nunca he trabajado en un restaurante y eso me ha resultado curioso», reconoce el futuro cocinero, que se está curtiendo en un espacio muy especial. «Es todo un lujo formarse en un hotel como este, porque dispone de tres restaurantes completamente diferentes y con una oferta de unos 30 platos cada uno», cuenta Organero, que ya asegura que el becario lojeño será un buen cocinero y trabajará en esto.

«Muchos chavales vienen a pasar el tiempo, no porque tengan vocación. La cocina te tiene que enamorar y gustarte lo que haces. Y eso se nota en los platos, tal y como me está demostrando Tomás», dice con seguridad este profesional, con más de 40 años de experiencia.

Y el joven Tomás lo tiene claro. Esta es una faceta extraordinaria, pero quiere seguir formándose y mejorando sus conocimientos. «Soy muy joven, aunque la formación en realidad es eterna en esto», argumenta. «Tiene que ver cosas más arriba, restaurantes de una estrella, trabajar en un banquete de bodas. Al fin y al cabo todos somos cocineros y en todos sitios se aprenden cosas», le aconseja Organero.

‘Cocinillas’

Este alumno de Cocina, que se decidió por esta profesión antes de terminar la ESO, se reconoce un apasionado de la cocina tradicional. «Siempre he sido un poco cocinillas», admite este lojeño, que sabe que en La Bobadilla tiene que ofrecer lo mejor de sí, porque eso es lo que esperan sus prestigiosos clientes. «Todos sabemos el halo de misterio que siempre hay en torno al hotel, por aquello de que vienen muchos personajes famosos. Pero el anonimato está aquí garantizados», asegura el director de restauración.

«De hecho desde que Tomás está haciendo prácticas ya ha pasado gente muy conocida», comenta con total discreción Organero, que sabe que La Bobadilla debe su marca tanto a la calidad e innovación de sus servicios como a la extremada confidencialidad que ofrece a sus clientes.

«Cuando pasamos de la puerta principal nos tenemos que limitar a hacer nuestro trabajo, venga quien venga. Y ha pasado y pasará gente muy importante de todos los ámbitos», dicen desde el hotel, una inmensa finca donde cualquier famoso puede perderse… O donde un buen estudiante puede aprender a cocinar.

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