El presunto inductor del crimen de Güevéjar: «¿No tengo para comer y voy a comprar una pistola?»

El presunto autor material del crimen, Ignacio S. F., de gris, entra a la Audiencia. /Ramón L. Pérez
El presunto autor material del crimen, Ignacio S. F., de gris, entra a la Audiencia. / Ramón L. Pérez

Los dos acuados por este supuesto asesinato por encargo niegan su participación en los hechos

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGRANADA

Serafín A. F. e Ignacio S. F., presuntos inductor y autor material del crimen de un hombre en Güevéjar, se desvincularon ayer de forma taxativa de los hechos, por los que ambos se enfrentan a 26 años de prisión. La víctima, José L. H., que era novio de la excompañera sentimental del primero, Rabia T., recibió a primera hora de la mañana del 21 de agosto de 2017 cuatro disparos, dos de ellos a corta distancia. Fue al salir de su domicilio. Iba a trabajar. Uno le alcanzó el cráneo.

«¿No tengo para comer y voy a comprar una pistola?», expresó el supuesto inductor del asesinato ante el tribunal del jurado que, bajo la presidencia de la magistrada Maravillas Barrales, enjuicia desde ayer este caso en la Audiencia de Granada. El tribunal popular que emitirá el veredicto está integrado por seis hombres y tres mujeres.

Serafín A. F., cincuentón y de poca instrucción –él mismo reconoció que no tiene estudios y que vive de la venta de los frutos que recolecta en el campo–, se aferró todo el tiempo a una palabra para contestar: «Incierto». El procesado se desvinculó una y otra vez del asesinato ante las incisivas preguntas que le lanzaron tanto el fiscal del caso, Alfredo Wilhelmi, como las dos acusaciones particulares, que ejercen familiares del fallecido y que están representados por los letrados Carlos Aránguez y Maite Pozo. Estos solicitan la pena máxima por el asesinato (25 años de cárcel) y 30 años de alejamiento y prohibición de comunicación con sus clientes.

El fiscal pide 26 años de prisión para los acusados al sumar a un delito de asesinato con las agravantes «de alevosía y precio» otros ilícitos: tenencia ilícita de armas, hurto de vehículo y daños por incendio. No se sabe qué cantidad se pudo pagar por aquel crimen y será el jurado el que finalmente determine, en función de las pruebas que se practiquen en el juicio, si fue realmente una muerte por encargo. Así lo concluyeron los investigadores de la Guardia Civil y así lo cree la fiscalía, que apunta a los «celos patológicos» como móvil.

Del barrio

La declaración del presunto inductor del asesinato, Serafín A. F., cuya defensa solicita la libre absolución, comenzó sobre las 11.45 horas, una vez se constituyó el jurado y las partes expusieron sus posturas al tribunal popular. El hombre, que se encuentra actualmente en libertad provisional, dijo que conocía al otro procesado «de vista, del barrio». Negó que entre ambos existiera relación y subrayó que su único contacto fue que una vez le arregló el coche. Fue un día que lo vio intentando reparar el manguito del agua del vehículo y le ofreció su ayuda. Tras el arreglo dio «18 o 20 euros» a Ignacio. Ese sería el único dinero que, según garantizó, habría recibido de él el supuesto sicario, quien sí permanece en prisión provisional.

El presunto inductor del crimen negó que conociera a la víctima o que acosara a su excompañera sentimental. En este punto, el fiscal le recordó que la Guardia Civil contabilizó entre el 15 de julio y el 20 de agosto «93 llamadas» suyas al teléfono de Rabia. Serafín dijo que se llamaban mutuamente por el hijo que tienen en común, así que como también solía hablar con a la hija de Rabia.

Su excompañera, según dijo, le ha «destrozado» la vida, pues le ha denunciado «mil veces», entre otros motivos por violencia de género, sin que haya sido condenado nunca hasta ahora. «Maldita sea la hora en la que la conocí», manifestó, tras destacar que actualmente vive con su mujer, con la que dijo llevar 40 años. «Si hubiera sido un crimen pasional estaría con ella y no con mi mujer», advirtió, a la vez que negó haber amenazado a nadie nunca. Sólo reconoció que la mañana del día de autos estuvo en el pueblo temprano para preguntar a Rabia, con quien tiene un niño menor, si todo iba bien, ya que esta le había alertado de que cinco días antes le habían intentado incendiar la vivienda. A él, según dijo, le pilló en la playa, de la que había regresado el mismo día 20 por la noche. Del crimen se enteró al día siguiente.

Por su parte, el supuesto sicario, Ignacio S. F., que permaneció todo el tiempo engrilletado, negó asimismo participación en los hechos. «No sé por qué me han acusado de esas cosas; yo no he cometido ningún delito de esos ni nada», expresó, tras aceptar que ha podido robar coches, pero no cometer delitos de sangre.

El hombre, de 43 años, explicó que en aquellas fechas estaba «enganchado» a la heroína y cocaína, y que vivía en la calle, en la zona de la piscina de Almanjáyar, en la capital granadina, donde, según afirmó, estuvo la noche antes del crimen. Dijo creer que si el hijo de la víctima le reconoció como el hombre que disparó pudo ser porque tiene una exmujer y un hijo que viven en Guevéjar, donde aseguró que no va desde 2016. Negó que en las fechas del crimen tuviera cojera y mostró algunos tatuajes que lleva en su cuerpo. «¿Tiene uno en forma de pistola?», se le preguntó antes de que acabara su interrogatorio. «Sí», respondió.

El juicio está previsto hasta el día 15. Hay un testigo protegido del caso que es clave y que no ha sido localizado, pero la Audiencia denegó la suspensión porque «sería indefinida», ya que no se puede acordar la busca y captura de un testigo.