Viernes, 17 de agosto de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNAABIERTA
La población y el cambio climático Presupuestos prorrogados
EL pensamiento progre y sus aliados de la felicidad nos llevan dando la matraca, ya hace bastante tiempo, con los peligros que se nos avecinan debido al desarrollo y el progreso, pero sólo hablan de intenciones o deseo de lo que debería ser. Por otro lado, todo lo basan en el desarrollo y en la mejora económica que tiene, como estamos viendo, muchos efectos perversos que nadie quiere corregir ni ver. Desde el Informe Meadows, que tuvo una notable influencia en las conciencias del naciente ecologismo, ya se nos avisaba de los peligros del crecimiento incontrolado y de los riesgos que tiene este modelo de desarrollo productivista y el crecimiento de la población. Dicho informe ponía de manifiesto los límites del crecimiento y el peligro de una población en aumento exponencial. La 'crisis del petróleo' de los años 70 inició el camino de los amantes del catastrofismo sobre el medio ambiente sin proponer ninguna alternativa y sólo hablan de progreso y más progreso con el que ofrecer bienestar. Se inicia la campaña sobre los excesos sobre la naturaleza -que son absolutamente ciertos-, pero no se habla de renuncias a comodidades ni de control del consumo o de disminuir determinadas producciones muy contaminantes; sólo hay denuncias sin proponer alternativas coherentes. El caso es que cuando el calor aprieta aumentan los aparatos de aire acondicionado; así todo. Son muchas las campañas que nos avisan de los peligros del sistema productivo y del modelo de felicidad basado en los bienes de producción y el consumo, que afecta a todo el planeta, aunque con enormes diferencias de bienestar. Así comenzaron las campañas sobre la lluvia ácida y la disminución de los bosques; luego, se olvida la lluvia ácida, y se pasa al agujero de ozono; más tarde, o antes, se insiste en el peligro nuclear y ahora se asusta a la gente -yo creo que para hacer creer que se preocupan de nosotros y que son ellos los que lo pueden solucionar- con el cambio climático como el último de los peligros a los que el hombre se tendrá que enfrentar. ¿De acuerdo! ¿Pero qué se hace? Casi nada que tenga verdadero sentido.

Ya hace algunos años que voy insistiendo sobre los riesgos que se nos avecinan si seguimos mirando para otro lado, mientras que la población mundial sigue aumentando sin que se haga nada. Malthus ya nos prevenía sobre lo que significaba el crecimiento de la población en un mundo limitado. El hombre se ha convertido en un verdadero virus destructivo para la Naturaleza y para el propio hombre. Olvidar a los clásicos nos deja en manos de los 'inventores', que no paran de hablar de progreso y de un futuro esplendoroso para la humanidad. No lo dudo; lo espero; pero para esto hay que planificar, actuar y decidir con valentía. El libro de Susan George, que titula El 'Informe Lugano', es un buen análisis de la situación actual y pone el acento en el gran problema que no es otro que la superpoblación. Nada, nada se podrá solucionar en el futuro si no se controla la población.

Para mi es de vergüenza y de una enorme irresponsabilidad la campaña que los 'buenos peligrosos' orquestaron contra el anterior gobierno de España y que titularon 'Nunca máis' o los otros, no menos vergonzosos, 'Non á la guerra', 'No al fuego', etc., etc., puesto que no pararán de manifestarse, ya que no se podrán evitar los nuevos 'chapapotes', nuevas guerras y nuevos y, cada vez más numerosos, fuegos que se producirán de forma irreversible mientras no se controle la población y se sea más exigente con el tipo de hombre que queremos en el futuro. Con este hombre alienado, carente de valores concretos, relativista y deseoso de encontrar la felicidad, ya, tal y como la prometen los políticos de la nueva ola, nada será fácil, desde el momento que primará su yo y su gen egoísta. Con estos nuevos gestores, que sólo aspiran a ser aplaudidos por el pueblo, todo será imposible, pues, en su enorme vanidad, no pueden sino intentar agradar y complacer a los que les dan el poder. Las soluciones que se deben aportar no están en sus manos, en la medida que estas deben ser de exigencias y de responsabilidad y, si los individuos no son responsables, tendrán que intervenir los hombres públicos de temple y verdaderos hombres de bien.

En estos días y en esta controversia, el genetista Santiago Grisolía nos recuerda otra vez a Malthus y nos acerca al verdadero problema, esto es, la población. Grisolía, advierte: «a más población, más consumo energético». Esto, que es lógica pura y pura evidencia, no es políticamente correcto y los 'buenos peligrosos' se dejarán embaucar con cualquier otra teoría que nada solucionará, pero que les lavará las conciencias como si se estuviera haciendo algo. Estos se dejarán impresionar por las propagandas, tipo Al Gore y sus Apocalipsis, mientras que nada se hace para controlar la población que no puede, de ninguna de las maneras, seguir este crecimiento, pues no sólo será el cambio climático, sino que nos veremos amenazados por los flujos migratorios y, tal como nos dice Susan George, «se gesta una lucha de todos contra todos»; y yo añado: por todo y contra todo. Por eso hay que dar la bienvenida a los que releen a los clásicos y nos advierten de los verdaderos peligros. Por todo esto, hay que atender lo nos dice el premio Príncipe de Asturias Santiago Grisolía que nos acerca al verdadero problema en el que nos han metido. Es hora de actuar y no de amargar la vida a los contribuyentes, sino de orientar los ingentes medios que los ciudadanos ponen en sus manos para resolver problemas y no para crear confusión, miedo y demagogia, de la que no saben salir por tal de no actuar en la dirección correcta, que siempre será menos amable y más comprometida. Todo lo contrario, no paran de decir que el futuro será magnifico y que todos viviremos en la abundancia y que solo hay que gestionar mejor la riqueza. Es hora de actuar y, desde la realidad -no desde lo que me gustaría que fuera- tomar medidas eficaces tendentes a un control de la población; también sería bueno disminuir el optimismo sobre el futuro basado en el progreso técnico al que nos ha metido el positivismo de raíz romántica y en el que se basan los autodenominados progresistas, como si con esto estuviera todo dicho. LO sucedido en Navarra ha servido para recordar a todas las formaciones nacionalistas, moderadas -como el PNV o CiU- o radicales -como ERC-, que el PSOE es ante todo un partido estatal, lo que quiere decir, resumidamente, que antepone los intereses generales de España a los de cualquiera de sus partes. Asimismo, los desastres de los servicios públicos en Cataluña han creado abismos entre socialistas y nacionalistas, que tendrán difícil compostura en estas vísperas preelectorales. Así las cosas, le va a resultar muy difícil a la mayoría relativa socialista conseguir apoyos suficientes para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para el 2008. Además, todos los nacionalistas, que han de demostrar a sus clientelas la utilidad de su opción, plantearán exigencias exorbitantes, que como es obvio el grupo que sostiene al Gobierno no podrá otorgar. Pero no es malo sino al contrario este aplazamiento: puesto que las elecciones generales serán como muy tarde en marzo y nadie sabe a ciencia cierta quién las ganará, lo más democrático es prorrogar los presupuestos actuales y que sean los triunfadores quienes elaboren las cuentas públicas para el resto del ejercicio. Además, de esta forma los electores ponderarán qué les conviene más, que el partido que gobierne en la próxima legislatura lo haga con mayoría absoluta o, por el contrario, que tenga que pactar con las minorías la dirección de avance.

 
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