Viernes, 3 de agosto de 2007
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GRANADA
«Si se llevan al cura no pisamos más una iglesia y nos hacemos ateos»
Trescientos vecinos de Albuñol se congregaron frente al Arzobispado para reclamar que no se lleven a su párroco. Los fieles albuñolenses quieren entrevistarse con monseñor Amigo y viajar hasta Roma si es necesario
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Los vecinos de Albuñol no han perdido la fe -todavía-, aunque ayer amenazaran a voz en grito con no volver a pisar una iglesia en las puertas del Arzobispado de Granada. Lo que han perdido cientos de personas de este pueblo es parte de su paciencia porque los máximos dirigentes de la Iglesia en Granada están haciendo caso omiso a su insistente petición. Desde que supieron que la Diócesis de Granada pretendía trasladar a otro municipio al que ha sido su párroco durante los últimos dos años, cientos de vecinos salen todos los días a la calle para manifestarse con la esperanza de que el arzobispo granadino escuche sus plegarias.

Primero le brindaron una despedida multitudinaria en su pueblo al joven sacerdote Gabriel Castilla, en la que no faltaron lágrimas. Después han seguido haciendo concentraciones silenciosas todos los días, sin desfallecer uno solo, en la localidad costera de Albuñol. Y ayer, cuando por fin lograron autorización, acudieron directamente a la sede del Arzobispado, en Granada capital, donde pidieron una vez más que su párroco se quede en el pueblo.

Lo que haga falta

«Y si hace falta, iremos a Sevilla a hablar con monseñor Amigo o hasta Roma. No vamos a parar», decía ayer a las puertas de la sede de la Iglesia Pedro Moreles, uno de los trescientos vecinos de Albuñol que se desplazó en autobús hasta la capital para cantar las alabanzas del que hasta ahora ha sido su párroco.

«Que vuelva Gabriel», «Albuñol quiere a Gabriel» o «Pedimos que deje terminar la buena labor social del párroco Gabriel» eran algunos de los lemas de se leían en las decenas de pancartas que habían reunido los vecinos en la céntrica plaza de las Pasiegas. Y es que el joven sacerdote, de 27 años, ha sido toda una revolución para el pueblo costero.

«Consiguió que la gente fuera a misa. Antes iban solo cuatro personas mayores y él consiguió unir allí a gente de todas las edades y siempre estaban llenas», comentaban Gracia Villegas y Ana Gracia, dos de las vecinas de Albuñol. «Organizaba actividades para los niños y los jóvenes, ha abierto las puertas de la Iglesia para todos y siempre ha estado pensando en lo mejor para el pueblo», comentaban las mujeres, que no entendían por qué motivo se ha planteado un traslado «tan pronto».

Lo cierto es que la congregación de ayer era un ejemplo de la labor que los vecinos llevan semanas alabando. Entre las trescientas personas que ayer madrugaron para trasladarse hasta la capital había jóvenes, mayores, familias enteras y un grupo de senegaleses que también apoyaron al resto en esta petición aunque son musulmanes. «Vivíamos en tiendas de campaña, en el campo de fútbol y Gabriel nos dio una casa», explicaba Omar, que hizo de portavoz del grupo de senegaleses por tener un mejor español. El joven relataba que en la misma casa del sacerdote -«es muy grande»- viven veintidós senegaleses y un chico rumano, la mayoría de ellos sin papeles. «Es muy buena gente, muy buena persona, nos ayuda mucho», decía Baba, otro de los inmigrantes mientras su compatriota Bara grababa con una pequeña cámara toda la protesta.

Generosidad

Un sólo hombre, con su generosidad, había logrado paliar una situación extrema que el alcalde del municipio había denunciado hace sólo seis meses ante la Junta y la Subdelegación del Gobierno sin que le hubieran ofrecido soluciones . Mientras las distintas instituciones enviaban a sus técnicos y especialistas, el párroco optó por la vía más efectiva y les abrió las puertas de su casa, por lo que el grupo de senegaleses se mostraba ayer agradecido y dispuesto a apoyar al resto de vecinos del pueblo.

La concentración comenzó sobre las once de la mañana y a mediodía dejaban pasar a un grupo de representantes de los vecinos para dejar algunos documentos, aunque no los atendió ningún representante de la Diócesis. «No se han dignado a decirnos nada en todo este tiempo», se quejaba Custodia Manzano, portavoz de la comisión que lucha por la permanencia del sacerdote Gabriel Castilla en Albuñol.

«No me atrevo ni siquiera a entregarles las firmas que hemos recogido, porque puede que rompan las hojas y sigan sin hacernos caso», decía Manzano. Pese al esfuerzo de todos estos días, los albuñolenses no han conseguido que el arzobispo los recibiera para darles una explicación.

mvcobo@ideal.es

 
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