Domingo, 20 de mayo de 2007
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Padres separados quieren cuidar a sus hijos y no ser simples pagadores de pensiones
Reclaman la custodia compartida, como la que acaba de dictar un juzgado de Granada Los campings se pueblan de divorciados que no pueden hacer frente a una nueva casa
Padres separados quieren cuidar a sus hijos y no ser simples pagadores de pensiones
PROTESTA. Padres separados colocan en Valencia cruces para simbolizar a los huérfanos de los juzgado. /EFE
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Alberto Illescas Calvo es un hombre feliz porque hace unos días ha conseguido que un juez le reconozca la custodia compartida de sus hijos. Además de un tipo dichoso, Alberto es una 'rara avis', ya que es uno de los poquísimos varones divorciados que ha logrado este reconocimiento judicial. Su caso ha levantado los ánimos de otros padres separados -hombres en su mayoría, aunque también algunas mujeres- que vienen peleando desde tiempo atrás por lo mismo: por acceder al cuidado y la educación de sus hijos y no limitarse a ser meros pagadores de pensiones al ex cónyuge.

Este movimiento apenas sale a la luz pública, pero no deja de crecer. SOS Papá, Plataforma por la Custodia Compartida o Plataforma por la Igualdad son algunos casos de organizaciones que se han vertebrado en torno a esta reivindicación, pero además hay miles de divorciados que sin pertenecer a ninguna entidad reclaman su cuota correspondiente en el cuidado y la atención a sus hijos. Uno de sus argumentos es este: el modelo actual de hombre y de mujer está muy alejado del de hace cincuenta años, de modo que ellas ya no son las clásicas amas de casa ni ellos son los tópicos trabajadores que descuidan a la familia.

Cada día se producen en España más de 400 divorcios -alrededor de 150.000 al año- en los que están implicados unos 200.000 niños, lo que da una muestra de la envergadura y alcance de un problema social que cada vez se tapa menos.

La principal queja de estos padres divorciados es la de la concesión sistemática, «como si fuera una apisonadora o una fotocopiadora», de la custodia de hijos a un solo cónyuge, casi siempre a la madre.

«El padre se limita a ser un simple pagador de pensiones económicas y un visitador de sus hijos. El régimen de visitas ya sólo se aplica a los presos que están en cárceles y a los enfermos que están hospitalizados», dice Carlos Tovar, miembro de la Plataforma por la Custodia Compartida.

Lo habitual es que dicho régimen permita al padre visitar a sus hijos cuatro días al mes y, excepcionalmente, una tarde entre semana. «Los adultos se divorcian entre ellos, pero además al padre se le obliga a divorciarse de sus hijos», sostiene Tovar.

En otros países europeos y americanos -Francia, Italia, Estados Unidos o Canadá- lo habitual es la custodia compartida, pero no ocurre lo mismo en España.

«Muchos hombres prefieren renunciar a la custodia compartida antes de someter a sus hijos al calvario de interrogatorios de jueces, fiscales o psicólogos», sostiene Juan José López Chirveches. Este lamenta que en más del 90% de los casos la custodia sea adjudicada solo a la madre, y además subraya el hecho de que las madres no están obligadas a justificar que el dinero que reciben por pensión alimenticia de los hijos se gasta precisamente en eso.

Un brecha

Manuel Moral, miembro de la Plataforma por la Custodia Compartida, cree que la sentencia dictada en el caso de Alberto Illescas puede abrir un nuevo camino al menos en los juzgados de Granada. Al respecto, opina que el propio juez puede seguir este mismo criterio en sucesivas sentencias.

«Hay otro aspecto interesante: esta sentencia puede influir mucho en los abogados, que ahora desaconsejan a sus clientes que reclamen la custodia compartida por entender que es tarea imposible. Seguramente los abogados a partir de ahora se plantearán cambiar de criterio», sostiene.

Manuel Moral aporta otro dato para avalar su optimismo ante un posible cambio de rumbo en las sentencias después del 'caso Illescas': «Los equipos psicosociales de los juzgados de Familia están actuando con una mentalidad nueva».

Al respecto, se refiere a informes contradictorios o paradójicos que estos equipos han emitido en tiempos pasados. «A veces se ha entendido que el hecho de que la madre no trabaje es bueno para concederle la custodia ya que tiene tiempo libre para atender a los hijos. Sin embargo, si el padre no trabaja es considerado negativo porque no tiene los suficientes ingresos para atender a los hijos», ilustra.

En caravanas

Para explicar la situación económica en la que muchos padres quedan tras su proceso de divorcio, Manuel Moral indica que en los últimos años se está produciendo un fenómeno tan curioso como triste: los campings se están llenando de divorciados que optan por residir en caravanas o en 'bungalows' ante la imposibilidad de pagar una casa tras salir de su propio hogar como consecuencia de la separación.

Con todo, opina, los más perjudicados con la ausencia de la custodia compartida no son los padres, sino los hijos. «Los hijos se quedan huérfanos de hecho al perder una de sus referencias paternas. Ademas, no podemos educar a nuestros hijos, ya que sólo somos visitantes. Y para un padre, verse desposeído de su hijo es verse desposeído de su proyecto vital», resume.

rafalopez@ideal.es

 
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