Jueves, 10 de mayo de 2007
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OPINIÓN

PUERTA REAL
Diez de mayo, día sin tele
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EL año pasado precisamente por este día, 10 de mayo, se me rompió la tele y llamé al técnico. Los síntomas eran que después de estar cinco minutos encendida, perdía el color y comenzaba a hacer ruidos extraños. El técnico se presentó en mi casa con una bata blanca impoluta en cuyo bolsillo superior estaba bordado su nombre. El hombre palpó el aparato a la altura de donde tenía el corazón y dictaminó:

-Mal asunto. Está agonizando.

Le pregunté por las causas y me dijo que últimamente todas las teles estaban muriendo de la misma cosa: de sobredosis de fútbol, anuncios y programas basura.

-No hay tripas que aguanten eso -sentenció el técnico, que declaró ser especialista en tubos catódicos.

Luego me dijo que, si lo deseaba, podría tener una segunda opinión técnica llamando a un colega suyo experto en aparato digestivo (por lo de las tripas), aunque lo más seguro es que me iba a decir lo mismo. El remedio, según él, estaba en hacerle un transplante de pantalla y un lavado de lámparas. Le pregunté cuánto me costaría la operación y me contestó que unos 500 euros.

-Por ese precio me compro una nueva -le dije entonces.

-Claro. Es lo que yo le iba a sugerir -me contestó.

Aquel tipo, que resultó ser un filósofo de lo cotidiano, tenía una teoría sobre lo que estaba pasando. Según él, los aparatos de antes, en blanco y negro, estaban hechos sólo para las series como Bonaza, los programas de Herta Flankel y los partidos una vez a la semana, como mucho. Y la gente los encendía sólo por las tardes, cuando terminaban sus faenas. Los anuncios muy de tarde en tarde interrumpían las emisiones, no como ahora, que las emisiones interrumpen a la publicidad. Y me puso un ejemplo de esto último:

-La otra noche me puse a ver 'La Milla Verde' y cuando terminó la película la barba me había crecido precisamente eso, una milla.

En cuanto a los programas del chismorreo, dijo que eran como la comida basura: producen mucho colesterol, aumentan los triglicéridos y son fatales para sistema tecnicolor y Kodachrome del aparato. El fútbol, también había tenido mucho que ver en el deterioro de la línea secuencial del electrodoméstico en cuestión. También en este asunto el técnico tenía su opinión.

-¿Se acuerda usted cuando los intelectuales nos decían que Franco atontaba a las masas con el fútbol? Aseguraban que los partidos que televisaban los domingos y el día antes del uno de mayo eran un arma del fascismo para que el proletariado no pensara en otra cosa. Quisiera saber lo que dicen ahora cuando hay fútbol un día sí y el otro también. ¿Y hasta cuatro partidos el mismo día!

Total, que ahora las teles, según su diagnóstico, mueren de agotamiento y de estar siempre emitiendo la misma porquería.

-¿Entonces qué hago? -le pregunté.

-Por lo pronto, hoy, diez de mayo, es el Día sin Televisión, no la encienda usted, a ver qué pasa. Y si sigue mal, dentro de unos días se compra otra.

De eso, como digo, hace ya un año. Por supuesto no me he comprado otra. En todo este tiempo que he estado sin tele he escrito una novela de mil páginas, he hecho un curso de yoga, me he ido a Tombuctú y me he casado dos veces. Es sorprendente lo que cunde la vida sin tele.

 
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