Lunes, 23 de abril de 2007
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Luis Landero vuelve con 'Hoy, Júpiter', una obra sobre las formas de encarar el odio
El novelista considera que el éxito «corrompe» y es como una «droga adictiva», por lo que apuesta por «una soledad creativa y gustosa»
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La nueva novela de Luis Landero, 'Hoy, Júpiter' (Tusquets), llega a las librerías cinco años después de 'El guitarrista' y pasados 17 desde que un desconocido profesor de instituto ganara el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa con su debut literario, 'Juegos de la edad tardía'.

Su rotundo triunfo no le impidió seguir convencido de que el éxito «corrompe» y funciona como una «droga adictiva». «No rechazo una pequeña caricia a la vanidad -admite-, pero el lugar del éxito es la tarea de cada día en una soledad creativa, laboriosa y gustosa». Para Landero, el escritor escribe «con sangre, más que con intelecto», su papel es cultivar «el asombro» y el mayor valor de una obra literaria es «que transmita vida y verdad».

«Si está mejor o peor escrita, es algo menor», opina este narrador de Alburquerque (Badajoz), de 59 años, que aún quiere «escribir muchos libros» -pronto pondrá a hablar a un jubilado-, y que define el fracaso como «no intentar lo soñado». «¿Quién llamaría a don Quijote fracasado? Que le quiten la gloria del intento», reta.

Paradojas

En su novela habla de las maneras de encarar el odio, representadas por Dámaso Méndez, empeñado en vengarse de un padre exigente y con algún rasgo de Hermann Kafka, y por la soledad de Tomás Montejo, que se recluye en los libros hasta que un día el amor lo trastoca.

La duda, lo oculto, avanzan creando sombra por las páginas de esta novela de paradojas y sin certezas. Landero constata que «nos movemos en pequeñas seguridades que se desmoronan, en ilusiones que caen y se vuelven a levantar». «¿Qué certezas podemos esperar de la vida, aparte de algún momento de plenitud? A la vida no debemos pedirle más de lo que puede dar, y eso es, en buena parte, la sabiduría de vivir», recalca.

Cree este escritor que la sociedad española, «desde su patio de butacas», rechaza la función que actualmente representa la clase política. «El ciudadano no quiere más cainitas», advierte, y añade que la vida discurre fuera de la dinámica de «víctimas y verdugos», como titula un capítulo de su novela.

Gérmenes biográficos

Landero explica que 'Hoy, Júpiter' brota de dos gérmenes biográficos: la siembra rural de su padre, quien le hizo sentir de niño que prefería a otros antes que a él, y el fruto urbano de su adolescencia, en Madrid, tras un desengaño amoroso que le arrancó un poema. «Lo demás es imaginación», aclara.

Y en cuanto al país de cuya realidad extrae su experiencia más original y concreta en su tarea literaria, critica que «se sabe poco, se opina mucho, y se tiene información en vez de experiencias, devoradas por lo mediático, aunque son la verdadera nutrición». Según Landero, del odio épico y enconado sólo hay dos maneras de salir: por la venganza o por la purificación. Uno de sus personajes, Dámaso, opta por la segunda vía, mientras que el otro, Tomás, pasa la prueba a través de su solitaria vocación por las letras.

 
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