El legado de Javier Egea

JAVIER BENÍTEZ,PRESIDENTE Y ALFONSO SALAZAR SECRETARIO (ASOCIACIÓN DEL DIENTE DE ORO)

CASI ocho años después de su muerte, el legado material de Javier Egea sigue dando bandazos. Su heredera ha decidido que su biblioteca resida en El Puerto de Santa María, en la Fundación que lleva el nombre de uno de sus maestros: Rafael Alberti.

En nuestra Asociación la noticia -de la cuál ya teníamos ciertas sospechas desde hace tiempo y en vista de todo lo que ha pasado con el legado de Javier- no nos sorprende, aunque caiga como una puñalada.

Fueron varias las ocasiones en que esta Asociación, sobre todo tras la aparición de libros pertenecientes a la Biblioteca de Egea en diversos puntos de venta al por mayor (pudimos conseguir algunos de ellos en una página web granadina), pretendió alcanzar un acuerdo entre los depositarios del legado y las instituciones de la ciudad. La Diputación de Granada fue quien mostró mayor interés, y con tal motivo mantuvimos diversas reuniones en el otoño del año 2005. Aquella misma Navidad, una comisión de nuestra Junta Directiva viajó a Barcelona para reunirse con el 'albacea literario' de la herencia, José Luis Alcántara, a quien se le transmitió en firme la propuesta -que nos consta ya le fue avanzada por email- de la ubicación de la biblioteca en el Centro de Estudios Lorquianos de Fuentevaqueros. Así mismo se le transmitió el apoyo e interés de la institución granadina para afrontar la publicación de la obra completa de Javier Egea y la parte de su obra inédita que se considerase de interés.

La respuesta fue que hasta que se resolviese el contencioso derivado de la pérdida-sustracción-venta (que no sabemos qué ocurrió definitivamente) de los libros de la biblioteca que aparecieron en el chamarilero, la heredera no daría ningún paso en sentido alguno: ni acerca de nuevas publicaciones (seguimos esperando la publicación por Lumen de una antología realizada por el propio Egea en el año 90, anunciada en el año 2000, aproximadamente, por la heredera), ni tomaría decisión sobre la ubicación del legado.

Respetamos tal decisión en su momento pero... la primera fue en la frente: poco menos de un mes después de aquella reunión se anunciaba la edición de los inéditos Sonetos del Diente de Oro por parte de José Antonio Fortes, un trabajo que resulta incalificable desde el punto de vista filológico y el punto de vista ético. La segunda ha sido más reciente: no tenemos noticia de que se haya resuelto el contencioso del chamarilero cuando el legado viaja a la Bahía de Cádiz. Resultará como mínimo paradójico que para investigar la obra de un autor granadino (y que fue vecino del Zaidín) haya que viajar al Puerto de Santa María. Y resulta paradójico que descanse su legado en la casa que dirige quien, en los últimos años de su vida, hizo lo imposible para que Rafael tuviese contacto con los poetas granadinos (la cuerda granadina, que diría Alberti), donde se mantenía en el ostracismo de la amistad, también lamentablemente, a Javier Egea. Y es también paradoja que en la Biblioteca Virtual de la Fundación Rafael Alberti no aparezca ni una sola entrada de Javier Egea, ni siquiera de su último libro Raro de luna, con dibujos originales del poeta gaditano tanto en portada como en el interior.

Parece que subyace en el trasfondo del asunto alguna suerte de venganza hacia la ciudad de Granada. Esa ciudad, cuyas instituciones no se desentendieron de la atención al legado de uno de sus vecinos. El traslado del legado hacia la otra esquina de Andalucía es una voluntad privada. De voluntades privadas están los dislates llenos.

Eso sí, lo que no habrá manera de trasladar a ningún lugar, ni perder en un mercadillo de segunda mano, es su legado intangible. Esa amistad que Quisquete supo sembrar por la ciudad de Granada, donde dejó tantos defensores y admiradores de su obra. Esa obra que resuena por toda la ciudad muy a menudo. Eso, ni se traslada ni se vende.