Manuel del Águila fue despedido con 'Campanilleros' y 'Si vas pa la mar'

Su sobrino y el oficiante de la concelebración coincidieron en destacar la riqueza de su palabra .La ceremonia religiosa terminó con el Himno de la Virgen del Mar, cuya letra compuso el fallecido

I-F. AALMERÍA

«Allí, junto a las aguas, te recordaré siempre, amigo Manuel». Con un cante hondo y rajao, tremendamente emotivo y hasta con un cierto toque de rabia, terminó el Niño de las Cuevas 'Campanilleros de la orilla' y el adiós que suponía el cambio de los últimos versos de una de las composiciones más populares del propio Manuel del Águila dejó en un silencio total la Iglesia de San Sebastián. Ginés García Beltrán, que presidió el oficio de la misa de funeral, rompió la situación con el anuncio de la interpretación de 'Si va pa la mar' mientras el féretro era sacado del templo.

Con una exquisita puntualidad, otro rasgo del poeta y músico que ayer traspasó a su entorno familiar, comenzó el oficio religioso, rodeado de un auténtico sentimiento de pérdida. A la iglesia de San Sebastián, situada a dos pasos de la casa de Manuel del Águila, se acercaron cientos de personas, sobre las que pesaba esa «dificultad para decir adiós» de la que habló el sobrino del fallecido, Francisco Capel del Águila, al inicio de la ceremonia.

Poesía

Lamentó no disponer de la riqueza lingüística de su tío, del que dijo que había vivido hasta ayer con una salud casi insolente, y alabó la facilidad que tuvo para expresarse por la poesía y por la música con el tema de la amistad entre sus preferidos. En esta oración fúnebre, Francisco Capel señaló que el autor de la letra del Himno de la Virgen del Mar ya conocería la otra dimensión del tiempo cuando el nunca se plegó al mismo. Habló también del papel que desempeñó el mar, al ser el espacio en el que Manuel del Águila aseguraba sentirse más a gusto, indicó que ya sabría qué es quedarse sin voz las palabras al haber muerto éstas y terminó con un poema en el que jugó con todos los temas que constituyen la inspiración de su tío sin dejar de jugar precisamente con la del término palabra.

Y palabra y música fueron asimismo los temas que engarzó el presidente oficiante, que estuvo acompañado de otros tres concelebrantes, entre ellos Bartolomé Marín, uno de sus más íntimos amigos. Ginés García Beltrán, desde su visión católica, habló de la importancia y de la primicia de la vida sobrenatural sobre la permanencia en la memoria de las personas que nos dejan.

Patrona

El sacerdote aseguró que Manuel del Águila fue una persona de un rico significado para la ciudad, la provincia y su cultura al mismo tiempo que destacó el papel que tuvo la palabra dentro de los distintos ámbitos artísticos que tocó. «Manuel tal vez ya ha encontrado la gran palabra, la palabra con mayúsculas, de la que todas las demás son consecuencia, la palabra que lo dice todo, la belleza de la palabra y signo de la libertad», añadió desde una visión de glosa evangélica.

El oficiante sostuvo que «la Virgen del Mar, «a la que cantó con la letra del Himno a la Patrona habrá acogido en su regazo». Fue ese himno el que cerró la ceremonia litúrgica interpretado por la Coral Virgen del Mar. Una referencia había sido ya el Ave María, de Schubert, por el grupo del Niño de las Cuevas en la comunión, aunque fue la despedida con 'Si vas pa la mar' el momento de mayor emoción y el que arrancó las lágrimas de sus familiares, amigos y compañeros. No impidió, sin embargo, que su sobrino Francisco Capel se acercara, al terminar, al Niño de las Cuevas para agradecer su intervención.

Asistencia

Junto a sus familiares más allegados, repartidos en distintos bancos de las primeras filas, venidos de los distintos puntos en los que residen, unos de Madrid y otros de Alhama, presidió el funeral una representación política, integrada por el delegado provincial de Gobernación, Juan Callejón, el alcalde de Almería en funciones, Juan Megino, y la eurodiputada por el PSOE, Mabel Salinas.

Disperdigados por el templo e incluso en la calle asistieron varios delegados provinciales, concejales de distintos municipios, pintores -difícil será olvidar el dolor personificado en Carmen Pinteño-, literatos, músicos y representantes de todos los ámbitos artísticos. Puede decirse, con todos los perdones ante la consideración de posible falta de respeto que será para algunos, que la renovada Plaza de San Sebastián no podía haberse inaugurado con una concentración humana en la que todos estuvieran unidos por una admiración tan unánime a la persona que provocó la congregación.

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