«No podemos criminalizar a los inmigrantes. Me parece horroroso; para mí son mis hermanos»

Paco Bautista, durante su estancia en Níger, un país amenazado por los terroristas de Boko Haram./IDEAL
Paco Bautista, durante su estancia en Níger, un país amenazado por los terroristas de Boko Haram. / IDEAL

Entrevista a Francisco Bautista Rodríguez, misionero | «Me pusieron un fusil en la nuca y me dije: 'Si este es el final, pues ha merecido la pena estar en África»

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

Dice Francisco Bautista Rodríguez (Vélez de Benaudalla, 1967) que un misionero se jubila con el último suspiro, nunca antes. A él estuvieron a punto de jubilarlo 'anticipadamente' en Níger, uno de los países africanos que sufre la violencia de Boko Haram, una temible secta fundamentalista islámica tristemente célebre por secuestrar, esclavizar y asesinar a niñas de forma masiva. Paco, que es como le llama todo el mundo, no tiene la certeza de que los hombres que le colocaron el cañón de un fusil en la nuca fuesen miembros de Boko Haram. En una situación así no se hacen preguntas. Tampoco sabe por qué los forajidos le perdonaron la vida tras robarle todo lo que llevaba encima. Él ya se había preparado para morir, pero no había llegado su hora. Paco recuerda que durante el tiempo que estuvo retenido por los bandidos no estaba particularmente nervioso. Ese sosiego le acompaño hasta que regresó a la misión. Después, el río de adrenalina que corría por su organismo se desbordó. «Y me cagué», admite sin tapujos.

A pesar de los 'gajes del oficio', cuando pase la Navidad volverá a África, un continente que ama y que le transmite paz. Así piensa seguir hasta su último suspiro.

-¿Por qué se hizo misionero?

-Esa es la pregunta que me hago todas las mañanas cuando me levanto, ja, ja, ja. Lo que siempre me atrajo es estar con los más pobres y África suele ser el continente más olvidado. Estando en el seminario, pasó un misionero que nos dijo que lo que defendía la Sociedad de Misiones Africanas, a la que pertenezco, era el anuncio de Jesucristo en las zonas más abandonadas y más pobres de África. Aquellas palabras fueron para mí una auténtica convulsión y me dije: 'Esto es lo mío, estar al lado de los que más sufren'. Y no me arrepiento para nada.

-¿Cuántos años ha estado en África?

-Treinta años. Cuando llegué a África por primera vez tenía 21 años.

-¿Cómo era aquella tierra cuando la descubrió hace ya tres décadas?

-Lo que me sedujo desde un primer momento fue la enorme vitalidad de la gente, sus ganas de vivir, su sonrisa, la acogida, sus tradiciones orales, la lengua... La primera que aprendí fue el baribá en Benín. También me impactaron el hambre y las enfermedades, la gente se muere sobre todo por la malaria. Pero resalto que lo que más me seduce de África es su vitalidad a pesar de todas las dificultades, las ganas de vivir y de salir adelante de la gente.

-¿Hay algo de aventurero en usted?

-No, soy muy poco dado a la aventura.

-Nadie lo diría...

-Pues es verdad, soy más de estar tranquilo, de reflexionar, de escribir, de rezar. Me atrae mucho la vida contemplativa y en África buscaba espacios para retirarme. Pero, al mismo tiempo, me atrae el encuentro con la gente..., pero no tengo espíritu aventurero. No me gusta conducir, por ejemplo.

-Pues se ha metido en avisperos muy peligrosos, en el territorio en el que actúan los terroristas de Boko Haram, cuya sola mención ya causa espanto.

-Yo he estado con personas, con hermanos con los que se camina. Vivimos una situación internacional muy compleja y no tengo respuestas. Lo que sí tengo muy claro es dónde quiero vivir mi vida y cómo la quiere vivir: con los más pobres y en África. Dicho esto, es cierto que estuve un año en Níger y el reto sería volver, pero la situación es muy complicada.

-Boko Haram persigue a los cristianos.

-A los cristianos y a los musulmanes, a todos. Boko Haram no entiende de religión. Yo no los califico... Son gente que siembra el terror y que asesinan a todas las personas que no piensan como ellos, sean cristianos o sean musulmanes. Es que todo es muy complejo. Los grupos terroristas que estaban en Irán, Iraq y Afganistán, como consecuencia de estar más controlados por las fuerzas internacionales, se han ido instalando en la franja del Sahel (que recorre todo el centro de África) y Níger es uno de los países más afectados. La situación está muy revuelta. Hay mucha violencia. Un compañero nuestro italiano fue secuestrado el 17 de septiembre.

-¿Saben algo de él?

-No, no sabemos nada. Probablemente haya alguna negociación, pero por discreción no se hace público, claro.

-¿Tuvo usted algún problema durante su estancia en Níger?

-Una vez, cuando iba hacia una comunidad en que iba a hacer una celebración, me asaltaron unos militares o terroristas, no sé qué eran... Me retuvieron y me pusieron el fusil en la nuca. Y así estuve un buen rato cuerpo a tierra. Me robaron todo lo que me tenían que robar. En esos momentos te pasa la vida por la cabeza como si fuera una película. Yo me dije: 'Si este es el final, pues ha valido la pena estar en África'. Después, me dejaron ir y, cuando llegué a la misión, me cagué. El miedo me vino a posteriori. Me tuvieron tirado en la tierra quince minutos... No sé, a mí me pareció una eternidad. Después, cuando me soltaron, celebré la oración con la comunidad y, cuando volví a casa, el cuerpo se me vino abajo, ja, ja, ja. Luego también he tenido enfermedades, pero esa fue la única situación de violencia que he sufrido. Me podían haber secuestrado o asesinado, porque era lo que ocurría... El 18 de octubre, llegaron los militares a la misión y les dijeron a dos compañeros míos que tenían que salir de allí sí o sí porque estaban amenazados de muerte. Ahora están refugiados en Niamey, la capital de Níger, esperando acontecimientos, a ver si la situación se calma y podemos volver a la misión o hay que trasladarla a otro sitio.

-¿Ha visto morir a muchos personas?

-Sí, sí, he visto morir a gente de hambre. En una ocasión, acompañé a un sacerdote a visitar los hospitales de Niamey, de la capital. El pabellón de los desnutridos era impresionante. Allí acompañé cuando expiraba a un chavalito musulmán de nueve años. Antes de que falleciera, le pedí que me bendijera en nombre de su Dios y él me respondió que quien le tenía que bendecir era yo. Entonces yo le bendije a él y después él tomó mi mano y me hizo la señal de la cruz... Y era musulmán. Me retiré y falleció. Le compré a los familiares un paño blanco para que pudieran enterrarlo con dignidad. Hoy seguimos sin ser conscientes de que la gente se está muriendo de hambre en el Sahel. Eso, junto al terrorismo y la guerra, son dos caras de una moneda terrible...

-Y, para colmo, Europa no sabe qué hacer con los inmigrantes que huyen del hambre y de la guerra. Incluso empiezan a generalizarse los postulados de quienes apuestan por los muros y el rechazo...

-Me parece lamentable lo que se está haciendo con los inmigrantes. No podemos criminalizar a los inmigrantes. Me parece horroroso; para mí son mis hermanos. Nadie sale de su casa por gusto. Si tu casa está ardiendo, tienes que salir. Este tema también lo hemos trabajado allí. Estando en Níger, decíamos a los que emprendían la marcha que cuando llegasen a Europa no se iban a encontrar una acogida digna. Les proponíamos quedarse y les ofrecíamos un trabajo en cooperativas de limpieza o talleres de costura... Hay que tener en cuenta que mueren más del 90% de los que se adentran en el Sahara para ir a Europa. Y luego están los que naufragan en el Mediterráneo... Por eso les decíamos que no valía la pena. Es lamentable que cuando llegan aquí, con todo el sufrimiento que llevan a sus espaldas, les pongamos todas las trabas que se les están poniendo. Tenemos que tratarlos como personas y no como una amenaza. Yo lo tengo muy claro.

-¿Con qué frecuencia vuelve a su pueblo, a Vélez de Benaudalla?

-Pues me bajo el próximo 21 de diciembre, porque el 23, alrededor del acto de la entrega de las cartas a los Reyes Magos, vamos a poner en un mercadillo para que la gente que quiera colaborar deje su donativo. Habrá artesanía africana, libros, cuentos... Será el 23 de diciembre de doce de la mañana a una de la tarde en el Nacimiento, que es un sitio precioso de Vélez.

-¿Cuándo se jubilar un misionero?

-Cuando da el último suspiro, ja, ja, ja.

-¿Hay relevo?

-La crisis vocacional es una realidad. Nosotros no tenemos gente... Creo que tenemos un Iglesia extremadamente machista, que la mujer no pueda acceder al ministerio sacerdotal es algo que acojo pero no entiendo.